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Ventajas y retos de la escuela rural

Ante un mundo cada vez más globalizado, los centros educativos ubicados en pequeñas poblaciones palían la falta de recursos con opciones de aprendizaje personalizado 

Agnès Llorens

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Alumnos trabajando con tierra en l’Escola El Bosc.  FOTO: Alba Mariné

Alumnos trabajando con tierra en l’Escola El Bosc. FOTO: Alba Mariné

No són mas de diez alumnos, pero constituyen un pequeño universo en el que todos los conceptos se pueden estudiar, debatir y analizar. La decena de niños y niñas que cada día aprenden en l’Escola El Bosc de Mont-ral son un ejemplo del clima educativo que sustenta a las  18 escuelas rurales de Teres de l’Ebre y las 40 del Camp de Tarragona que, a falta de alumnos de todas las edades, organizan sus sesiones de aprendizaje en grupos formados por alumnos de distintas edades. 

«Los distintos cursos juntan en la misma clase y, como son pocos, podemos enseñarles de manera personalizada, atendiendo a sus intereses sin descuidar ningún aprendizaje», apunta Eva Gilabert, directora del centro, que destaca que, además, «es muy interesante ver como los alumnos aprenden unos de otros y crecen juntos».

La directora del centro defiende que, al contrario de lo que pueda parecer, los escolares que se forman en este tipo de escuelas adquieren más conocimientos que los que estudian en centros adquieren, por lo general, un nivel de conocimientos que supera a los estudiantes de escuelas no rurales, lo que achaca al hecho de que el profesorado «puede invertir más tiempo en conocer cada alumno y, por tanto, a trabajar más intensamente aquellos aspectos en los que más flojea para profundizar en ellos». 

Los alumnos de l’Escola El Bosc de Mont-ral se forman todos en un único grupo de distintas edades. FOTO: Alba Mariné

La personalización es, por tanto, una de las grandes bazas de las pequeñas escuelas, un hecho que hace que algunos padres opten por este modelo en lugar de otros tipos de centro, una opción que es vital para este tipo de escuelas, que dependen de cada alumno para poder seguir existiendo. Para que puedan impartirse clases, una escula rural debe poder contar con un mínimo de cinco alumnos  y un mínimo de dos profesores, que son los encargados de impartir todas las lecciones de los distintos niveles, junto con los profesores de especialidad que se comparten con otros centros cercanos de similares características. 

Aún con todas estas ventajas en el bolsillo, la supervivencia de la escuela rural se ve amenazada por enemigos poderosos como la falta de diversidad, la inestabilidad y, sobretodo, la falta de recursos. «Todas las escuelas pequeñas de pueblo somos conscientes que nuestros niñas y niñas pueden verse amenazados por la falta de recursos y, por este motivo, luchamos contra este sistema organizándonos», admite la directora de El Bosc, que destaca que, en su caso, optan por dar a conocer sus sistema educativo diferenciado y exportando sus técnicas para dar a conocer el centro, que tiene en las nuevas tecnologías a un gran aliado. «Siempre nos harán falta cosas, pero debemos tener claro que todos los alumnos tienen derecho a tener las mismas oportunidades». 

Un sistema educativo más libre

En ocasiones, el escaso número de alumnos de las escuelas rurales permite implantar sistemas de estudio que se alejan de lo convencional. Este es el caso de El Bosc. Los alumnos de esta escuela ubicada en Mont-ral (Alt Camp), que aprenden gracias a un sistema vivencial que parte del Método Montessori, un sistema que organiza las clases en ciclos de tres semanas que giran entorno a un mismo tema que se estudia aplicando todas las asignaturas.

Así, los niños y niñas estudian ciencias, lenguas, matemáticas y arte, y todas las asignatiras, conectadas en un punto de interés que va canviando. Dentro de este ciclo, los escolares pueden elegir qué asignaturas estudiar cada día, teniendo en cuenta que, al finalizar, deberán haber dado todas las materias. Este sistema les permite poder organizarse y experimentar con la vertiente más práctica de los conocimientos que adquieren. 

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