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Y las sanguijuelas todavía curan en el Joan XXIII

El hospital tarraconense fue pionero en España hace 17 años en recuperar el uso terapéutico de estos animales. Aquí se usan para tratar la congestión sanguínea después de ciertas operaciones
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El doctor Mario Mateos muestra algunas de las sanguijuelas que se encuentran en el laboratorio de microbiología del hospital. Foto: Lluís Milián

El doctor Mario Mateos muestra algunas de las sanguijuelas que se encuentran en el laboratorio de microbiología del hospital. Foto: Lluís Milián

Justo por estos días se cumplen 17 años de la primera vez que el Hospital Universitari Joan XXIIIde Tarragona usó las sanguijuelas para tratar a un paciente. El hospital se convertía así en el pionero a nivel español en recuperar el uso terapéutico de estos animales. La terapia tuvo que sortear no pocas dificultades administrativas para una técnica que sonaba anticuada, casi bárbara, para la medicina moderna. Una lucha que encabezó el doctor Gabriel Forteza, entonces jefe del servicio de Cirugía Maxilofacial.

Así lo recuerda Mario Mateos, cirujano maxilofacial del hospital, mientras muestra media docena de sanguijuelas de la especie Hirudo medicinalis (hay más de 700 tipos) contenidas en un bote. Las ha traído sólo un momento para la fotografía y las regresa inmediatamente al laboratorio de microbiología, donde se encargan de cuidarlas y ‘custodiarlas’. Nadan en agua con sal, donde sobreviven durante unos dos meses y no reciben otro alimento que la sangre de los pacientes en el caso de que les toque «trabajar».

En el caso del Joan XXIIIlas sanguijuelas sólo se usan en el servicio de cirugía maxilofacial y únicamente para tratar un tipo específico de complicación en los pacientes que han sido sometidos a cirugía.

Explica Mateos que cuando se realiza una operación para eliminar un tumor en la zona de la boca o la cara puede quedar un «defecto» que se cubre con piel y músculo de otra parte del cuerpo del mismo paciente, como el muslo o la muñeca. Este injerto, al que se llama «colgajo microquirúrgico», cuenta con su arteria y su vena que se «empalma» a las arterias del cuello. Puede suceder que la circulación hacia el colgajo no sea correcta: que no llegue suficiente sangre o que, por el contrario, no salga en suficiente cantidad. Cuando la obstrucción se da en la arteria o en la vena el problema se puede solucionar con cirugía. No obstante, si la congestión se da a nivel de la microcirculación no hay, hasta ahora, ninguna técnica disponible para «drenar» la zona.

 

No causa dolor

Es en este tipo de complicación, que se produce entre un 2% y un 5% de las operaciones, donde entra en juego la hirudoterapia o terapia con sanguijuelas. Lo que se hace, después de haber sedado al paciente (muchos se encuentra en la UCI), es hacer unas punciones en la zona congestionada y aplicar las sanguijuelas. Al cabo de unos 20 minutos, cuando ya se han llenado, se desprenden solas y son desechadas. Relata Mateos que más allá de la sangre que pueden extraer, lo más útil es que su saliva contiene una sustancia, la hirudina, «que es el anticoagulante natural más potente que existe».

Los pacientes y sus familiares son informados y firman un consentimiento. Comentan que no sienten dolor, más bien un cosquilleo. Además, la zona donde se va a trabajar se aísla, así que el paciente no ve el tratamiento.

Los animales vienen de una granja especializada de Inglaterra y en caso de que no se dispusiera de ellos en el hospital, pueden suministrarlos en 24 horas.

Recuerda Mateos que, aunque la congestión venosa no es una complicación frecuente, sí puede hacer que se «pierda» la operación y el paciente tenga que ser intervenido de nuevo. Han tenido que aplicar la técnica dos veces en los últimos meses.

Aunque el hospital de Tarragona sólo usa las sanguijuelas en cirugía maxilofacial, hay otros países, como Rusia, Alemania o Estados unidos, donde se emplean en el tratamiento de hematomas, varices, artrosis y en cirugía plástica.

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