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    Dos años de prisión para el secretario de un colegio de Tarragona por abusos sexuales a una compañera

    La Audiencia Provincial impone también al acusado, esposo de la directora de la escuela, una orden de alejamiento y pagar una indemnización de 3.500 euros a la víctima

    09 octubre 2023 20:22 | Actualizado a 10 octubre 2023 07:00
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    Tocamientos de tipo sexual sin consentimiento de la víctima o levantarle el vestido. Son algunas de las conductas que tuvo que aguantar en 2018 una profesora de una escuela pública de Tarragona. El agresor sexual fue el secretario del propio centro, quien durante todo el curso escolar la estuvo acosando, hasta el punto de que la maestra causó baja laboral por incapacidad temporal por estos hechos. Y durante el juicio declararon como testigos otras profesoras, quienes aseguraron que a ellas les había pasado lo mismo.

    La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Tarragona ha avalado la pena de dos años de prisión y la orden de alejamiento –durante tres años no puede comunicarse ni acercarse a menos de 50 metros de la denunciante– que le fue impuesta por el Juzgado de lo Penal número 4 de Tarragona. Además, en concepto de responsabilidad civil, el procesado tendrá que indemnizar a la víctima con 3.500 euros por los perjuicios causados. El Departament d’Ensenyament ha sido absuelto como responsable civil subsidiario.

    En el curso 2018-2019

    Los hechos se remontan al curso escolar 2018-2019 en un colegio de la ciudad de Tarragona. El acusado ejercía las funciones de secretario y formaba parte del equipo directivo. Además, era coordinador de informática. El 1 de septiembre de 2018 se incorporó a dicha escuela la denunciante como personal interino, para ejercer de profesora.

    A lo largo del curso escolar, relata la sentencia, en varias ocasiones el acusado realizó a la mujer tocamientos de naturaleza sexual sin su consentimiento, «en el ámbito de la relación laboral entre ambos. Y lo hizo prevaliéndose de la superior y segura posición que le otorgaba su cargo como miembro del equipo directivo y esposo de la directora del centro escolar».

    La sentencia relata que el 7 de septiembre, el acusado acudió al aula donde estaba la denunciante para configurarle el ordenador. En tal situación, estando solos, el procesado estaba agachado a su lado junto a la mesa del ordenador, mientras ella estaba sentada. Él le puso la mano en la rodilla y le tocó el muslo, levantándole el vestido. La víctima quedó bloqueada, sin poder reaccionar.

    Pocos días después, en el mismo mes, cuando la denunciante estaba en un aula junto con dos profesoras, entró el acusado. Y al pasar por su lado, le dio una palmada en el glúteo. Aproximadamente por Santa Tecla, el acusado acudió al aula de la mujer por los problemas que tenían con un proyector. Mientras lo revisaba, aprovechó para poner su mano en el pecho de la víctima, manteniéndolo unos instantes mientras daba explicaciones sobre el proyector. Ella también quedó paralizada, sin poder reaccionar.

    En febrero de 2019, el acusado volvió al aula con la excusa de recoger un material. Estando ella sentada en su mesa, nuevamente se le acercó y se agachó a su lado. Le puso la mano en la cara interna superior del muslo.

    Le apartó la mano

    Finalmente, el 7 de marzo, la mujer estaba en un aula acompañada por un alumno que hacía una actividad. Llegó el acusado para pedirle un material y claves del ordenador. Nuevamente, volvió a colocarle la mano en el mismo sitio que la vez anterior. En esta ocasión ella le apartó la mano.

    Ella declaró durante el juicio que el día siguiente llegó a la escuela llorando porque no podía seguir trabajando en esas condiciones y que tenía miedo.

    A consecuencia de estos hechos, la mujer sufrió un trastorno adaptativo, que requirió ayuda especializada y tratamiento psicofarmacológico. Desde el 11 de marzo estuvo de baja laboral.

    Una declaración «lógica»

    Para la Audiencia Provincial, la declaración de la denunciante resultó lógica. Tres personas declararon que lo relatado por la víctima «había venido sucediendo otras veces». Esta contaba lo que le iba ocurriendo a varias mujeres, normalmente a través de mensajes.

    Los magistrados también recalcan que tres testigos declararon que a ellas les sucedieron hechos similares con el acusado. E incluso la jefa de estudios manifestó que conocía de otros casos similares (que el acusado tocaba el muslo).

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