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El tarraconense que perdió un ojo el 1-O: «No soy ni mártir ni héroe»

Roger Español (Tarragona, 43 años) recibió el impacto de una pelota de goma en Barcelona: «Volvería a actuar igual. No me arrepiento»

| Actualizado a 02 octubre 2022 07:00
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El 1-O acabó pronto, a eso de las diez y media de la mañana, para Roger Español (Tarragona, 43 años). A esa hora ya iba camino del hospital, por un impacto de una pelota de goma que le haría perder el ojo. Los recuerdos son vagos. «Antes de perder el conocimiento recuerdo estar enfadado porque nos habían quitado las urnas y el ambiente era de protesta», rememora.

Estaba cerca del Institut Ramon Llull, en Barcelona, uno de los escenarios de las cargas. «No estábamos haciendo nada... estábamos esperando a que se fueran después de que hubiesen requisado las urnas. No sé ni cómo ni cuándo oí un disparo y enseguida recibí el impacto de una pelota en el ojo», explica.

Lo primero que hizo fue tirarse al suelo por el dolor. Los presentes le apartaron a un portal para que estuviera más resguardado. Después el SEM le evacuó, en mitad de una multitud tumultuosa, incluidos varios reporteros de prensa que registraron los hechos.

Tanto Roger como los agentes involucrados son procesados y están pendientes de ir a juicio

A su pesar, todo aquello le arrojó al ruedo público y mediático. «Claro que aquello me cambió la vida, por completo, tanto en la implicación política como a nivel personal», explica él. Estaba estudiando el tercer grado de ciclo superior de música en el Liceu.

Este saxofonista tarraconense, aunque residente en Barcelona, iba camino de convertirse en un músico profesional. «Antes me dedicaba al 100%, vivía de la música. Después de aquello intenté retomar las clases pero al final no pude seguir el ritmo», cuenta.

«Cada año es más complicado»

Ahora es conserje en colegios pero también sigue en la música, a ritmo de jazz o ska de la mano de grupos como Soweto, una banda histórica nacida en 1998 en la que milita prácticamente desde el principio. Y sigue muy movilizado políticamente, porque de lo que pase depende todo. Cuando llega la efeméride brotan las sensaciones. «Cada año es más complicado. Todo esto forma parte de un camino de reparación propio. Como más se alarga, más cuesta. Hasta que no se consiga el objetivo, no podré completar mi proceso de reparación personal», explica.

Cada 1 de octubre brotan «sentimientos que vuelven, incluida la parte más oscura, la negativa, la de la violencia y los golpes», reconoce Roger, que admite estremecerse en momentos clave: «Intento ser siempre positivo, pero cuando ves pasar una furgoneta de Mossos te sientes raro».

Persisten, claro está, algunas secuelas físicas. «Pierdes la tridimensionalidad y se nota sobre todo en las distancias cortas, cuando hay poca luz, o a la hora de conducir, pero estoy recuperado. Hago una vida prácticamente normal. También me cuido el lagrimal, que se rompió y se me seca, y tengo que tratármelo», reconoce.

Cuatro meses para curarse

El auto de procesamiento del juez, de este pasado mes de junio, expone que Roger «sufrió un estallido ocular derecho, con fracturas en las paredes anterior y lateral del seno maxilar derecho, de la pared lateral e inferior orbitaria derecha, apófisis nasal del maxilar derecho y margen anterior del archo zigomático derecho».

«Siento rencor por mis agresores. No tengo nada que decirles. Sé cómo piensan y cómo actúan», sostiene Roger Español

Le siguió una operación quirúrgica y un tratamiento con antiinflamatorios, una terapia psicológica, antidepresiva y contra el insomnio. Estuvo hospitalizado nueve días y se curó, según expone el juez, a los cuatro meses.

La resolución detalla alguna secuela, más allá de la pérdida de visión del ojo derecho: «Importante perjuicio estético derivado del traumatismo ocular, parestesia/hipoestesia del cuadrante superior del maxilar derecho por analogía y sintomatología ansiosa depresiva». Roger no se medica pero arrastra secuelas psicológicas como una ansiedad que fluctúa y se manifiesta con cierta asiduidad: «Va y viene, pero estos días me encuentro peor».

«Mi juicio está en una fase de instrucción, que está resultando muy larga. Presentamos denuncia contra el policía pero ellos también contra mí. Hemos podido identificar al policía que me disparó y hemos comprobado que se saltaron los protocolos de proporcionalidad en el momento de disparar y en la distancia mínima obligatoria. Esperamos un informe de Mossos para tener la prueba de que nos dispararon dos o tres veces antes de tocarme. Y dispararon a menos de 15 metros», cuenta Roger.

Sombra sobre la actuación

El auto pide su procesamiento por «acometimiento a agentes de la autoridad» pero también el del policía que le «disparó una pelota de caucho causando las graves lesiones» e «incumpliendo las medidas de seguridad contempladas en la circular sobre empleo de material antidisturbios».

Más allá de esa vertiente judicial pendiente, Roger saca el orgullo de aquella votación. «Aquel día tuvo una importancia fundacional, porque de allí salió el mandato del pueblo hacia el poder político. Ahora les retraigo a los que nos enviaron a votar que aquella fue una línea muy diferente a la actual. El lema actual no era el de entonces. Aquello no era un enfrentamiento contra el PP ni las derechas, sino contra el Estado español», señala, con convencimiento: «No me arrepiento de nada. Aquel día hicimos lo que teníamos que hacer. Y la ciudadanía también. Actuamos con mucho civismo. Volvería a hacerlo igual».

Alterna la música con su trabajo de conserje. Recibió la Creu de Sant Jordi en 2018

Roger, padre de un chaval de 13 años, se ha erigido en un icono contra la brutalidad policial, enarbolando también su militancia en la plataforma ‘Stop balas de goma’, aunque él huye de reconocimientos. «Yo no me siento mártir, no sé si la gente me ve así. Simplemente intento tirar hacia adelante. Algunos incluso me han llamado héroe, pero yo no me identifico con nada de eso».

En 2018 fue condecorado con la Creu de Sant Jordi por su defensa del referéndum. «Eso me ayudó a salir adelante, en un momento en que aún estaba asimilando todo», cuenta. Dedicó el galardón a los que fueron a votar a los colegios aquel día y pidió a los partidos políticos que no dieran ningún paso atrás.

«Cada año es más difícil. Hasta que no se logre el objetivo no podré completar mi proceso personal de reparación», reconoce

Este lustro de la celebración llega en un momento poco esperanzador para alguien que, antes del Procés, estuvo cercano al movimiento okupa y participó en movilizaciones, pero no fue hasta más tarde cuando tomó partido. «Nunca me identifiqué con el independentismo, hasta que poco a poco fui consciente de que había esa necesidad para Catalunya. Sobre todo a partir de 2015 ya tomé plena consciencia», dice.

Hoy sabe que la pelea sigue. «No estamos mejor que en 2017, estamos un punto más atrás. No me gusta esta opción de romper por arriba lo que fuimos abriendo por abajo. Tenemos que volver a la movilización popular para presionar a la clase política», exhorta este independentista, identificado «con la parte que busca la confrontación contra el Estado, más con la ANC que con cualquier partido político» y sin posibilidad de reconciliación con sus agresores: «No tengo nada que decirles. Ya me quedó claro cómo piensan, con ese lema de ‘a por ellos’. ¿Qué siento? Rencor, no solo por mi, sino por el sufrimiento añadido a toda la gente que me rodea».

Un disparo a menos distancia de la permitida

El auto de instrucción 7 de Barcelona recoge las denuncias a agentes de la Policía y contra el propio Roger, por «un posible delito de atentado a agente de la autoridad». El juez siembra dudas sobre la actuación policial: «Por el contenido de las imágenes no aparece que los disparos efectuados se realizaran respetando la circular sobre empleo de material antidisturbios, ya que no se respeta la distancia mínima de 25 metros ni existe la situación excepcional, con agresiones directas y de peligrosidad extrema exigida para el disparo de pelotas a distancia inferior a la citada». La pericial sitúa en 14 metros la distancia, «inferior a la mínima permitida».

La bola chocó en el suelo y rebotó en dirección al joven. Sobre Roger, el juez indica: «Acomete en más de una ocasión a los agentes y, en concreto, en un momento determinado, lanza una valla metálica a un agente y también patea una de esas vallas, que choca por detrás con un agente, sin que conste que su actuación causara directamente una lesión concreta a alguno de ellos».

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