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    Las bonificaciones en el transporte público casi permiten recuperar los usuarios

    La rebaja de los billetes en el Camp de Tarragona supone un coste de unos 2,5 millones de euros a las administraciones. Pese a ello, esta medida no ha seducido a las personas que utilizan el vehículo privado

    15 febrero 2023 19:37 | Actualizado a 16 febrero 2023 07:00
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    Las rebajas en el transporte público, con bonificaciones en los billetes más utilizados y la gratuidad de Renfe, está contribuyendo a alcanzar de nuevo las cifras de usuarios respecto a antes de la pandemia. «Ya había una tendencia de recuperación desde 2022, que en los últimos cuatro meses se aceleró», afirma el director general de Transports i Mobilitat, Oriol Martori.

    Por un lado, los datos de validación de títulos de la ATM del Camp de Tarragona ponen de manifiesto que en el periodo de septiembre a diciembre del año pasado se registraron un total de 2.486.487 validaciones, lo que supone un 2,67% más que en el mismo periodo de 2019 y un 32,52% más que en 2021.

    No obstante, ayer se daban a conocer los últimos datos en cuanto a utilización de los autobuses interurbanos, los cuales apuntan que los 7.259.449 usuarios que se registraron durante todo el año pasado, suponen un incremento del 48% respecto al año anterior, pero todavía están lejos de los 8.540.392 de antes de la irrupción del virus. En este caso, las estadísticas hacen referencia al año completo y no permiten ver el impacto que ha tenido la medida, que entró en vigor el 1 de septiembre.

    Pese a ello, Martori apunta que «las cifras globales nos dicen que Catalunya ha recuperado el 94% de usuarios y que en el caso de Tarragona falta este 15%, sin embargo, esperemos que este primer trimestre prácticamente estaremos a niveles de 2019».

    Las cifras actuales de usuarios en este territorio están todavía a niveles de 2015, por lo que se espera que «este primer semestre tendremos datos más fiables al respecto, por lo que podremos ver si sigue esta tendencia después de seis meses más de bonificaciones o se ha estancado», indica Martori.

    De momento el balance de los primeros meses aporta datos relevantes. El 52,6 de usuarios ha hecho cambios en su manera de desplazarse para ahorrar. Títulos como la T-50/30 han registrado un incremento de la demanda de hasta el 71,8% y el 21,7% ha optado por cambiar el tipo de transporte.

    Pese a ello, en la mayoría de los casos son personas que ya utilizaban el transporte público y que, se han pasado del autobús al tren por el hecho de que en el primer de los casos la bonificación máxima es del 50% en el importe de los billetes, mientras que Renfe aplica la gratuidad. En cambio, el porcentaje usuarios que ha cambiado del vehículo privado al transporte público tan solo se sitúa alrededor del 5%.

    Este trasvase de usuarios al ferrocarril está generando una «distorsión muy grande», según la Generalitat, que pone en cuestión el futuro de la medida. El objetivo inicial, que era la recuperación de la demanda «será el primer hito conseguido». También se tiene en cuenta la ayuda que suponen estas bonificaciones para los colectivos más vulnerables, en el contexto inflacionista en el que se tomó.

    Pese a ello, el Govern defiende que «el factor clave para que la gente utilice el transporte público es la red de cobertura, las frecuencias y la calidad del servicio». Y esta última parte está en cuestión cuando el coste de esta medida comporta un gasto de 70 millones para el conjunto de las administraciones en Catalunya y de 2,5 millones en el caso concreto del Camp de Tarragona.

    El portavoz de la Plataforma per a la Promoció del Transport Públic (PTP) en el Camp de Tarragona, Daniel Pi, valora que los datos «no son para tirar cohetes». «Las rebajas siempre están muy bien, pero la gente que se acerca al transporte público lo hace por otras cosas, como la comodidad, la fiabilidad y la mejora en el servicio».

    Según Pi «la ‘guerra’ está entre el coche y la movilidad sostenible y, en este sentido, la mejora a sido relativa». El Camp de Tarragona tiene unos índices de utilización del transporte público por debajo de la media catalana, por lo que la PTP defiende que proyectos como el tranvía y las futuras estaciones de Bellissens y Vila-seca son una oportunidad «si pensamos en estos puntos como espacios de carga para los autobuses».

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