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    Solidaridad a la baja con Ucrania seis meses después

    La recogida de material se desploma en verano y se intenta reactivarla ahora. Tres de cada diez refugiados en Tarragona logran empleo pero algunos vuelven por falta de oportunidades

    08 septiembre 2022 20:01 | Actualizado a 09 septiembre 2022 06:00
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    «Ha bajado mucho la solidaridad. La gente se ha cansado, pero tenemos que recordar siempre que la guerra continúa. Cada día hay noticias y la gente está muy necesitada, hay personas que se siguen quedando sin casa. Es importante que la ciudadanía vuelva a dar material, porque se necesitan cosas en aquellos lugares que aún están en guerra. Y más ahora, que ha empezado el curso escolar y hay muchos niños necesitados», admite Zoryana Lyashenko, presidenta de la asociación de Ucranianos en Tarragona y figura clave en vertebrar toda la respuesta solidaria.

    El boom inicial tras el comienzo de la invasión de Rusia se ha diluido seis meses después. Asociaciones de vecinos, tiendas, gimnasios o peluquerías, cualquier local, por modesto que fuera, valía para recoger alimentos o material y ser transportado en camiones hasta la frontera de Ucrania.

    «Nos seguimos movilizando y comunicando que las necesidades siguen. A las siete cada domingo nos continuamos reuniendo en el Balcó del Mediterrani», aclara Lyashenko, con ganas de reactivar la concienciación social.

    Volodymyr Poplavsky, un ucraniano afincado en Cambrils desde hace más de 15 años, se encargó de articular buena parte de la ayuda de la provincia en un centro logístico improvisado en la empresa Ukraine Express, en el polígono Riu Clar. «Todo ha ido a la baja en estos meses, pero también se entiende, porque el verano es complicado», explica él.

    En ese almacén se recibía material que se recaudaba en diferentes establecimientos y, desde allí, partían camiones en dirección a la frontera ucraniana. «El último que salió fue en mayo. Ahora nos llega muy poca cosa», cuenta Poplavsky. Todos los factores han jugado en contra en estos últimos meses. «Hay que tener en cuenta que ahora el espacio que ocupa la empresa no permite acumular demasiado material. Además, con el intenso calor de este verano, y más en la nave, tampoco tenía mucho sentido almacenar alimentos, porque se pueden deteriorar. También había muchos ucranianos con necesidades aquí y gente que ha tenido que trabajar y que no tenía el tiempo suficiente».

    Eso sí, los responsables tienen previsto reiniciar ahora nuevas campañas. «A partir de octubre vamos a tener otra nave disponible y otra vez vamos a estar en supermercados recogiendo. Queremos reactivar otra vez la campaña, y tenemos previsto ir enviando camiones periódicamente, no al nivel del principio, pero sí con una cierta regularidad». Poplavsky hace también un llamamiento: «La guerra está en marcha y vamos a necesitar más material. Sigue habiendo personas necesitadas».

    La asociación Open Europe de Reus también se volcó intensamente en la ayuda, acogiendo a familias llegadas del país y también recolectando a contrarreloj todo tipo de enseres sanitarios, comida y ropa de abrigo. La entidad persiste en esas labores solidarias, pero ahora reenfocadas y concentradas más sobre el propio territorio. «Hemos cambiado un poco, ahora nos hemos adaptado a las necesidades de la gente aquí. Nos encontrábamos con que la gente llegaba aquí y a veces se hallaba desamparada, así que ahora nos centramos en suministrar cosas más concretas», explica Alfred Blasi, director de esta asociación centrada en programas educativos. «Cuando quedó más liberada la zona de Kiev mucha gente volvió. Ahora nos centramos en acompañar a la gente que está aquí, que no conoce el idioma y que necesita cosas para su vida diaria, para salir adelante. A veces un percance insignificante se puede convertir en un problema, y nosotros procuramos estar ahí y asistir», añade Blasi, que hace balance: «Pensamos que la respuesta inicial fue muy buena, que hizimos una campaña potente en el momento de más necesidad».

    Difícil acceso a la vivienda

    Alrededor de 2.000 ucranianos han llegado a Tarragona desde que el 24 de febrero se iniciara la invasión rusa. Una parte ha ido regresando, bien porque la tensión se redujo en su zona de origen, cuando la guerra tendió a concentrarse más en la región del Donbás, o porque aquí no han encontrado opciones laborales. El acceso a la vivienda, con unos precios disparados, también está siendo uno de los principales frenos. «Hay mucha gente que vuelve porque aquí no encuentra oportunidades», añade Alfred Blasi.

    Esos 2.000 ucranianos igualan los que llegaron en los 17 años anteriores a la provincia, según el Idescat. El balance es casi idéntico según los dos índices principales que sirven para hacer seguimiento: unas 2.000 personas han pasado por el paraguas de la Creu Roja en Tarragona en este tiempo. Entre febrero y junio se han empadronado 1.947 personas aquí, según la estadística del INE.

    Prácticamente la mitad, 967, vinieron en marzo, el primer mes tras el inicio de la invasión. El ritmo ha bajado ostensiblemente e incluso hay familias que han vuelto pero la diáspora desde el país del este sigue. «Hay un goteo constante de personas que continúan llegando», explica Emma Pérez, responsable del programa de refugiados de Creu Roja en Tarragona. Una parte incluso ha encontrado empleo, aprovechando en gran medida la excelente campaña turística de recuperación de la Covid-19. Los datos del INE indican que ha habido 524 ucranianos entre febrero y junio que se dieron de alta en la Seguridad Social, es decir, que hallaron un empleo.

    Teniendo en cuenta que de los 1.947 empadronados hay que extraer los 508 menores que han sido escolarizados en centros, eso quiere decir que aproximadamente el 36% de los que llegaron han encontrado ocupación. Como bazas a favor han jugado el dominio de idiomas y la elevada instrucción de una parte de los refugiados.

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