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«Solo pido paciencia, yo no aprendo a la primera, pero hago bien mi trabajo»

Apenas una de cada cinco personas activas con discapacidad intelectual tiene un empleo. Así viven quienes han conseguido una oportunidad y quienes siguen esperándola

| Actualizado a 30 octubre 2022 07:33
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Montse Hernández Baltanás tiene 42 años y en la conversación con ella aparece varias veces la palabra «paciencia». Dice que «no todos somos iguales. Yo, por ejemplo, no aprendo a la primera y tengo que concentrarme mucho... Pero con empeño y ganas todo se consigue. Soy puntual, cumplida y hago bien mi trabajo. Rindo como los demás» apunta. Trabajó durante ocho años como dependienta en un vivero donde aprendió mucho de plantas y de personas.

Hoy trabaja en el Centro Especial de Empleo (CET) de la Fundació Onada en el área de jardinería. Reconoce que es un trabajo duro, pero ella es una «todoterreno» y le gusta «la faena bien hecha». Dice que con su sueldo «no se vive, se sobrevive», pero tener sus propios ingresos es clave para ser independiente «eso es ser responsable».

Roc Sumoy (50 años) es compañero de trabajo de Montse. Ha tenido distintos empleos en cocina, almacén, seguridad... El de ahora le gusta porque es un trabajo físicamente exigente «y va bien para el estrés».

Tiene un trastorno bipolar que no siempre comunicó en los sitios donde trabajaba, pero aquí se siente «tranquilo» porque Yolanda, la psicóloga del centro, les acompaña y está disponible si tienen cualquier problema. Cree que las personas en su condición solo necesitan una oportunidad «aquí trabajamos tanto o más que en una empresa ordinaria», asegura. Tener un empleo, dice, le da seguridad, «puedes pagar tus gastos sin depender de nadie.

Montse y Roc forman parte de una minoría de entre las minorías. El Informe sobre la discapacidad intelectual en Catalunya 2022 de Dincat, destaca que solo una de cada cinco personas activas con discapacidad tiene empleo.

Aunque la mayoría de personas con discapacidad en España no ha trabajado nunca, como apunta un informe reciente de Funcas. La mayoría (el 53,1% de mujeres y el 75,2% de los hombres) alega su propia discapacidad para no trabajar. Aunque, el centro de análisis reconoce que el dato no habla de las personas que han desistido de buscar empleo tras intentarlo repetidamente sin éxito. En Catalunya la tasa de actividad de las personas con discapacidad es del 37,1% frente al 79,7% de la tasa de la población general.

De esta realidad sabe bien Marta Tutusaus, directora de la Fundació Privada Onada. A la fundación acuden de media unas 600 personas en la demarcación cada año con una misma intención: encontrar un trabajo. Según las capacidades y características de cada una se decide el camino a seguir, incluida la formación para mejorar las capacidades de empleo. Eso sí, advierte que en algunos casos lo que detectan es que son personas que no tienen sus necesidades cubiertas «y les acompañamos porque lo que necesitan es tramitar una invalidez, por ejemplo».

La prioridad es el empleo en la empresa ordinaria, aunque todavía la oferta de trabajo es escasa. En los CET como en el que trabajan Montse y Roc se generan puestos de trabajo para personas con dificultad de inserción laboral, pero la intención es que se sigan capacitando para poder entrar en la empresa ordinaria.

La sensibilidad de las empresas para contrata mejora pero se temen los efectos de la crisis

La Fundació Onada forma parte de Fundalis que trabaja en distintos municipios del Camp de Tarragona. A través de sus centros ofrecen servicios de jardinería, limpieza, pintura y restauración entre otros. Así las empresas que no emplean a un 2% de personas con discapacidad en su plantilla pueden adoptar contratar al CET para cumplir con la ley.

No obstante, explica Tutusaus, las cosas están cambiando y más allá de ofrecer sus servicios están trabajando para detectar las necesidades de empresas y administraciones. Del otro lado también trabajan para detectar las capacidades de las personas que acompañan y la variedad de puestos en que se podrían desempeñar: «tenemos a personas que conocen idiomas, personas creativas con habilidades artísticas...Tenemos personas que pueden hacer muchas cosas».

En caso de que les contraten, la fundación se encarga de formar a la persona en el puesto de trabajo y a los compañeros. Es lo que se llama trabajo con apoyo.

La sensibilidad de las empresas también está aumentando, aunque no en todos los casos por igual; van por delante las grandes y las multinacionales. En el caso de los ayuntamientos hay diferencias pero «les cuesta», apunta.

Por la inclusión total

Albert Blanch (33 años) tiene Síndrome de Down. Simpático y desenvuelto cuenta que trabajó durante diez años en la recepción del Hotel de Entidades hasta que lo cerraron. Desde la escuela y durante toda su formación como administrativo vivió la inclusión plena, así que él y su familia aspiran a lo mismo a la hora de trabajar.

Hace poco se quedó a las puertas en una oposición para trabajar como conserje en Hacienda. Las pruebas fueron en Madrid y quedó en segundo lugar de entre más de 3.000 personas. Ahora espera que salgan a concurso unas plazas en el Ayuntamiento de Tarragona.

Albert está dentro del Proyecto Agafa’t al 21 de la asociación Down Tarragona. Cristian Fuentes es referente de inserción laboral de la entidad y explica que «queremos que todo sea normalizado, como nos ha pasado a todos cuando entramos a trabajar. Ellos se merecen vivir la normalidad».

Trabajan con 24 personas con distintas edades (a partir de 16 años) con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales y les forman en aspectos concretos de cara a los puestos de trabajo, pero, sobre todo el objetivo es que puedan hacer las tareas de manera autónoma. «Las familias se tiran un poco para atrás porque piensan que no están capacitadas, pero con tiempo y formación estas personas no hacen más que sorprendernos».

En lo que se refiere a lo que pueden aportar a las empresas explica que cada persona tiene sus capacidades, pero en general «cuando les explicas la tarea la hacen con precisión, se fijan en los detalles y además lo siguen haciendo en el tiempo.

En la Fundació Onada y en Down Tarragona coinciden que la crisis todavía no les ha afectado en lo que se refiere al empleo, pero reconocen que, cuando si las empresas hacen recortes las personas con discapacidad son las primeras de las que se desprenden.

Por lo pronto Albert está a la espera a ver si llega una entrevista en una empresa que ha mostrado interés en él. Al menos a través de la asociación se siente acompañado «cuando echas curriculum por tu cuenta ni te responden». Y resume sus anhelos: «Tener trabajo es sano, me hace sentir bien... Y en un futuro me gustaría comprarme mi propia casa», explica.

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