Tragedia en las vías
Pilar viajaba en el Rodalies del accidente de Gelida: la salvó la lluvia
Pilar Bernadó, de Santa Oliva, sufrió serias contusiones. La lluvia hizo que no fuese en el primer vagón, que sufrió el impacto de la caída del muro de contención

Pilar iba en el segundo vagón del tren accidentado en Gelida.
Magullada, con dolores, y sobre todo con imágenes clavadas en la cabeza. Imágenes y sonidos. Gritos de personas pidiendo socorro. «Cuando reaccioné un poco el tren estaba a oscuras». Y esos gritos de personas pidiendo ayuda dentro del vagón del Rodalies siniestrado en Gelida.
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Pilar Bernadó, de Santa Oliva, iba en el tren que sufrió el siniestro en Gelida el pasado martes cuando un muro de hormigón impactó contra el primer vagón y que causó la muerte de un joven maquinista que hacía prácticas y unos 40 heridos.
Intenta apartar imágenes y sonidos de su cabeza. Pero es difícil. En esos segundos de silencio absoluto tras la colisión, «lo primero que se te viene a la cabeza es el accidente de Adamuz».

El accidente de Gelida.
La mujer tiene en Santa Oliva su segunda residencia donde permanece por una baja laboral y habitualmente va a su casa en Sant Feliu de Llobregat. A veces desde la estación de El Vendrell y otras desde la de L’Arboç.
La lluvia la salvó
Aquel día llovía. La lluvia hizo que subiese al segundo vagón en lugar de al primero, como hacía habitualmente. Fue ese primer vagón el que sufrió el impacto con el muro.
Hasta Sant Feliu es un trayecto que hace con asiduidad. Su marido, José Felguera, la acompañó hasta la estación de L’Arboç. El tren pasa a las 18.10 y llegaron antes de las seis de la tarde. Es una estación con servicios prácticamente inexistentes para los usuarios.
Pilar se quedó en la estación y una hora después llamó a su marido. El tren no pasaba. «No pasó ni el de las seis ni el de las siete», explica el marido de la mujer. «Decidí ir a buscarla». Pero Pilar llamó y dijo que ya estaba en el tren. Pasaban de las ocho de la tarde.
'Ven a buscarme'
Poco después una nueva llamada. «No podía ser que ya hubiese llegado a Sant Feliu», narra José. Pero al descolgar «se oían voces, gritos». Y Pilar que le pedía que viene a buscarla. Había habido un accidente. Estaba llena de sangre. José llamó a Emergencias. «Me dijeron que ya estaban activados todos los dispositivos».
La vecina de Santa Oliva recuerda como cuando todos los viajeros ya conscientes del accidente dos chicos la recogieron y bajaron del tren. No sabe si le dijeron los nombres, «pero les estoy muy agradecida».

El primer vagón sufrió el impacto con el muro.
Ya fuera del vagón la sentaron en el suelo y al rato trajeron a otro hombre ensangrentado. Explica que le dijeron que era uno de los maquinistas. «Tenía la cara ensangrentada y le taparon porque decía que tenía frío». A Pilar un policía le llevó una manta.
La mente permite una tregua. «A duras penas recuerdo. Lo que recuerdo es un dolor de cabeza muy fuerte que no me dejaba pensar». Como pudo sacó el móvil y llamó a su marido «para que viniese a buscarme porque el tren había chocado».
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«Decía que me iba a reventar la cabeza. Un policía me puso una bolsa de hielo. Me taparon». Los heridos fueron trasladados a unas cavas de la zona donde se improvisó un hospital de campaña.
« A los que no tenían nada les pusieron en una parte de la masía. a los que estábamos un poco más así, en otra parte». Pilar repite que «gracias a Dios no iba en el primer vagón».
No quiere ver las imágenes del tren «porque me viene el impacto del golpe». En aquel momento tampoco quiso mirar a los heridos.
Ya en su casa de Santa Oliva se recupera de las heridas. Las físicas que han dejado magulladuras y le obligan a llevar un collarín. Y las emocionales. Sabe que tendrá que volver a coger el tren. «No tendré más remedio». Con miedo.