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La liberación de los peajes beneficiará a más de 9.000 transportistas

Cada camionero se ahorrará 2.000 euros anuales, según los cálculos que hace el Gremi de Transport i Logística

Núria Riu

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Los camioneros recuerdan que se les ha obligado a circular por las autopistas durante todo este tiempo. FOTO: alba mariné

Los camioneros recuerdan que se les ha obligado a circular por las autopistas durante todo este tiempo. FOTO: alba mariné

El final de las concesiones de la AP-7 y de la AP-2 era una fecha señalada para muchos de sus usuarios más habituales. Entre estos está el sector del transporte, que ve con preocupación el debate que se abre en adelante y que cuestiona si el mantenimiento de estas vías tiene que hacerse vía presupuestos o tendrán que buscarse nuevas alternativas. «Nos preocupa esta falacia que se está instalando que no se pagará por circular por estas vías, porque no es verdad, o no las estamos pagando a través del impuesto de hidrocarburos», lamenta el director general de la Federació d’Empreses d’Autotransport de la província de Tarragona (Feat), Josep Lluís Aymat.

Según cálculos de la patronal, más de 9.000 profesionales del sector en la demarcación de Tarragona se beneficiarán de la gratuidad de la AP-2 y de la AP-7, dos ejes estratégicos para este territorio que han facilitado la movilidad tanto hacia Barcelona y la frontera francesa como hacia Lleida, un territorio estratégico muy vinculado a la actividad del Port de Tarragona. «No hay ningún transportista que no pase por algún peaje, más que nada porque nos han obligado», añade Aymat.

El Gremi de Transports i Logística de Catalunya calcula que la eliminación de los peajes de la AP-7 y la AP-2 permitirá un ahorro anual de 2.000 euros anuales por camión. Un cálculo que para algunas empresas supondrá una reducción de los gastos considerable. «Siempre que tenías que ir a Barcelona o a Zaragoza estabas obligado a pagar, por lo que es normal que ahora sea gratuito», afirma Josep Maria Andreu, responsable de Transports Prats.

La compañía mueve una parte importante de las mercancías que llegan al Port de Tarragona. Principalmente, cereales y productos químicos, que a lo largo de la semana pueden suponer hasta diez viajes semanales a la capital catalana y otros diez a Lleida. Josep Maria Prats estima que el levantamiento de las barreras comportará una reducción en los gastos de unos 10.000 euros al mes. Un cálculo que es extrapolable a las empresas de tamaño medio, con una flota de entre quince y veinte vehículos.

Y es que el sector recuerda que determinados productos, como las mercancías peligrosas, están obligadas a circular sí o sí por autopista.

Carburantes más caros

Para las empresas esta reducción en los gastos «compensará el incremento en el precio del gasóleo», un factor que estaba dificultando que para muchos profesionales del transporte fuera rentable su actividad. Y esto está pasando factura a un colectivo en el que los autónomos tienen un importante peso, lo que significa que tienen que asumir estos gastos adicionales de su bolsillo.
 Dentro de este sector también se incluyen las empresas que se dedican al transporte de viajeros. Es el caso de la empresa Plana, que tiene una línea regular desde Tarragona a Barcelona, que conecta con el aeropuerto de El Prat. «Nos ahorraremos el tramo entre Tarragona y El Vendrell, pero a partir de ahí seguiremos pagando», apunta su gerente, Josep Albert Vallcorba.

La C-32 es otra de las vías que levantará esta noche su barrera. Pero tan solo lo hará en su tramo norte, el del Maresme, mientras que el que discurre por el Baix Penedès –desde El Vendrell a Castelldefels– mantiene su concesión hasta 2039. «Son 6,7 kilometros de menos respecto a la AP-7 y a lo mejor ahora habrá que analizarlo y estudiarlo más a fondo, y esto significa calcular bien los tiempos y ver lo que supone de cara a la gente», añade Vallcorba. 

La empresa se debate entre plantearse la alternativa de la AP-7 a través de Martorell o continuar pagando los gastos de la Pau Casals, lo que puede suponer un ahorro de tiempo de hasta diez minutos en el viaje, que puede ser determinante a la hora de garantizar una competitividad en el servicio. Esta es una cuestión que se plantearán ahora muchos usuarios que se desplazan a diario a Barcelona por motivos de trabajo. 

Sin bonificaciones desde la AP-7

Muchos conductores podrían plantearse la alternativa de la C-32, después de que la Generalitat anunciara nuevas bonificaciones para los usuarios de esta vía a partir de mañana. La rebaja será del 70% en el tramo Sitges-El Vendrell y del 40% para los túneles del Garraf (Sitges-Castelldefels). No obstante, para beneficiarse de esta reducción tendrá que accederse desde una de las entradas de esta vía y la ida y vuelta tendrá que hacerse en un tiempo máximo de 24 horas, por lo que las personas que se planteen ir por la AP-7 y continuar por la C-32 se verán excluidas. Además, la rebaja tan solo será de lunes a viernes. Un escenario que deja los servicios estacionales fuera de esta medida, por lo que las empresas solicitan el rescate de esta autovía. 

Con todo, según los primeros cálculos que ha hecho Vallcorba, la eliminación de las barreras de peaje supondrá para la empresa el ahorro de unos 100.000 euros anuales.

El sector del transporte valora que las autopistas fueron durante muchos años «un factor de progreso», desde el punto de vista que aumentaban la capacidad y la seguridad. No obstante, consideran que este modelo ha acabando penalizándolos. «A partir del desarrollo de la red de autovías gratuitas y de las prórrogas de concesiones injustificadas, muchas partes del territorio empezaron a identificarlo como una carga», sigue explicando el director general de la Feat.

La patronal destaca que el final de las barreras de peaje es «una buena noticia». Pese a ello, teme que esto se traduzca en un incremento de los usuarios que afecte a la capacidad de las vías. Asimismo, piden que se permeabilicen bien estas carreteras para que dejen de ser infraestructuras cerradas y que se dimensionen las áreas de descanso, para garantizar que los transportistas puedan hacer las paradas establecidas por ley.

Asignaturas pendientes

Ahora que el final de las concesiones ha llegado, surgen otras reivindicaciones desde el territorio. Por un lado, la demanda histórica de un tercer carril desde Tarragona en dirección sur, que amplíe la capacidad de la AP-7. Una demanda que se ha acentuado después de que se ha incrementado notablemente la circulación de vehículos, sobre todo en el tramo desde L’Hospitalet de l’Infant, donde se acaba la A-7, hacia el Ebre. Desde el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana no se han facilitado los datos correspondientes a la intensidad media diaria de vehículos (IMD). No obstante, según una información publicada por la Agència Catalana de Notícies (ACN) en enero de 2019, la IMD de la AP-7 en el tramo entre València y Tarragona era de 17.712 vehículos, mientras que en el mismo mes del año siguiente, cuando ya se había suprimido el peaje entre Vila-seca y Alicante, había alcanzado los 24.273 vehículos.

Por otro lado, la eliminación del peaje de la AP-2 también obliga a acelerar una solución para el último tramo de la A-27 desde Lilla a la rotonda de acceso a la autopista. Las obras de la futura autovía se centran ahora la zona del túnel y los enlaces, desde la variante de Valls y del costado norte de la Serra de Miramar. No obstante, queda un trozo de 5,5 kilómetros, que es el que debe permitir la conexión con la autopista, que es el que debe garantizar que este punto no se convierta en un cuello de botella. A mediados del pasado mes de junio salió a licitación el proyecto. Pese a ello, las obras tendrán que acelerarse para evitar que se convierta en un punto negro.

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