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Educar la mente con corazón y creatividad

La Escola Mas Clariana de Cambrils es el único centro en Catalunya con el proyecto Amara Berri, que trabaja la autonomía del alumno

Cristina Sierra

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Los alumnos aprenden y juegan con las diferentes manualidades que hacen en el aula artística. FOTO: ALBA MARINÉ

Los alumnos aprenden y juegan con las diferentes manualidades que hacen en el aula artística. FOTO: ALBA MARINÉ

Cuando se entra en una de las clases de la Escola Mas Clariana de Cambrils lo primero que llama la atención es la distribución del aula. Los pupitres no están colocados en filas, sino que los alumnos trabajan organizados en cuatro grupos y cada uno hace una tarea diferente centrada en un mismo contexto de estudio, con un profesor que les guía y ayuda en sus labores.

El segundo aspecto llamativo es la concentración de los niños, que hacen la tarea en silencio; y la tercera, que los estudiantes tienen a su alcance ordenadores para buscar información y trabajar.

Así es el proyecto Amara Berri, un método alternativo al tradicional que el centro cambrilense inició en el curso 2015-2016. «El sistema está funcionando muy bien. Los profesores todavía hacemos la formación para profundizar en el método. De hecho, cuando se incorpora un docente al equipo tiene que hacer una preparación previa y se le ofrece la posibilidad de visitar el centro madre para que conozca el funcionamiento de primera mano», explica Lluïsa Vicente, directora de la escuela, que fue la que inició el cambio educativo.

El proyecto nació en 1977 en el País Vasco. Traducido al castellano, Amara Berri significa Nuevo Amara, uno de los barrios de Donosti que creció urbanísticamente. La fundadora, Loli Anaut, impulsó un método que motiva al alumno y mejora sus competencias. «El programa está desarrollado de tal manera que posibilita que cada niño pueda avanzar a su nivel y ritmo, que pueda desarrollar plenamente su potencial. Queremos que cada uno tenga la posibilidad de elegir, pensar, que tenga una mente activa, despierta, con iniciativa y curiosidad y que aborde los retos individuales y colectivos desde la creatividad, con confianza, responsabilidad y sentido crítico. Este sistema hace que haya una coherencia entre la escuela y la sociedad que el alumno está viviendo», apunta la directora. 

Jugar a ser periodistas
El proyecto tiene varias diferencias con el método de educación tradicional. En el sistema Amara Berri los cursos de primaria se unifican de dos en dos: primero y segundo, tercero y cuarto y quinto y sexto. «Los niños se ayudan entre ellos. Los que tienen un año más repasan los conceptos que ya habían trabajado el curso anterior y les sirve para echar una mano a sus compañeros, es la riqueza del trabajo en grupo», señala Vicente.

Los estudiantes juegan a ser periodistas en el aula ambientada en un plató de televisión. FOTO: ALBA MARINÉ

No se habla de asignaturas, sino de contextos de aprendizaje y de departamentos. Cada aula está ambientada según la materia con sus ordenadores y libros y los profesores, especializados en un área, ocupan siempre la misma clase. «Son los alumnos los que se tienen que desplazar, es una manera para que aprendan a ser responsables», explica la directora.

Los niños pueden desarrollar su capacidad más creativa en el aula de plástica, llena de material para pintar y hacer diferentes manualidades. Este trimestre, los estudiantes trabajan en la obra de la cambrilense, Nuri Mariné. En uno de los pasadizos, los niños pintan un mural que ha iniciado la artista y que ellos deben completar con sus dotes artísticas.

También los alumnos del primer ciclo aprenden matemáticas en un espacio que simula un barrio, donde hay una tienda, una casa, un taller y una oficina para que jueguen a comprar y vender. «Es mucho más fácil que aprendan si lo practican con la realidad, y además, se lo pasan bien», afirma.

Los escolares tienen a su disposición una sala en el que pueden jugar a ser periodistas, con un estudio de radio, uno de televisión y un equipo de ordenadores para redactar sus artículos. Los trabajos sirven para desarrollar sus capacidades comunicativas y se publican en una red interna.

Actualmente el centro tiene 440 alumnos. Las notas y los exámenes siguen siendo igual que en las otras escuelas y cambian los deberes. «Se respeta el ritmo de cada niño. Si trabaja bien y rinde en horario escolar, no es necesario plantear unas tareas en casa», apunta Vicente, que añade que los padres están «contentos» con este concepto educativo. «Cada vez hay más gente interesada en este sistema diferente, es alternativo al método tradicional y motiva mucho», concluye Vicente. 

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