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El Vendrell ya tenía patinete eléctrico hace 50 años

«La Guardia Civil me veía por la Rambla y decían: Ahí va el Ferret. Todo el mundo conocía el patinete. Son cosas del nen Ferret, decían». Aunque entonces «nadie se hubiese planteado moverse en ese aparato»

JOSÉ M. BASELGA

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El vendrellense Joan Ferret en su artilugio. FOTO: DT

El vendrellense Joan Ferret en su artilugio. FOTO: DT

En todas las ciudades el uso de patinetes eléctricos se impone como sistema de movilidad personal y sostenible. Está de moda, pero hace 51 años Joan Ferret ya recorría las calles de El Vendrell con el patinete eléctrico que inventó. Lo llamó el Fervepatín.

Un año antes Ferret había sorprendido al mundo con su coche eléctrico, el Fervelectric. Ese invento mostró las posibilidades de la movilidad independiente de los carburantes fósiles. Así que Ferret siguió visualizando el futuro.

El origen del patinete eléctrico surgió de la posibilidad de facilitar la movilidad en el interior de las grandes fábricas. «Había trabajadores que recorrían a diario más de 6 kilómetros dentro de las naves. Poder hacerlo en un vehículo personal y eléctrico agilizaría todos los procesos», señala Ferret.

El vendrellense Joan Ferret en su artilugio. FOTO: dt

Y surgió el patinete eléctrico que desde El Vendrell llegó a diferentes puntos de Europa. Sobre todo, a Bélgica. «En el interior de muchas fábricas comenzaron a moverse en patinete». Y en El Vendrell Ferret lo usaba para ir de su casa a la fábrica.

«La Guardia Civil me veía por la Rambla y decían: Ahí va el Ferret. Todo el mundo conocía el patinete. Son cosas del nen Ferret, decían». Aunque entonces «nadie se hubiese planteado moverse en ese aparato», que hoy parece imprescindible.

Ferret con el patín al que incorporó un asiento.

Ferret incluso fue quizá el primero que intentó popularizar el patinete. Ya en 1970, el 1 de diciembre, porque es el día del patrón de los metalúrgicos, al sector que pertenecía su fábrica, dejaba diez patinetes en la Rambla para que los vecinos los probasen. «Era toda una aventura para muchos», recuerda.

En 1968 la prensa se hacía eco del invento. «Quizás con este remedio podamos dar a nuestra vida un ritmo de 8 kilómetros por hora, que es lo más aconsejable contra el mal de urgencias que padecemos todos», decían las crónicas de la época.

Hace cinco décadas ya se hablaba de ese invento de Ferret como una de las soluciones para resolver los problemas de las grandes urbes por la congestión de aparcamientos y la densidad de la circulación. El invento inicialmente era para ir de pie, aunque Ferret posteriormente le incorporó un asiento.

Tuvo tanto éxito que el autodenominado Príncipe de Moctezuma, un singular personaje que organizaba unas memorables fiestas en Coma-ruga, propuso a Ferret levantar una fábrica de Fervepatines en Andorra. «Le dije que para nada», recuerda Ferret.

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