El pesebre más turístico de La Pineda cumple 20 años

Vila-Seca. Ayer se demolió el conjunto escultórico de arena que cada año se reinventa en la playa. A pesar de la pandemia, sigue siendo un referente navideño de visita obligada.

Guillermo Moreno

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Derribo del belén de arena de la playa de La Pineda. FOTO: Alba Mariné

Derribo del belén de arena de la playa de La Pineda. FOTO: Alba Mariné

Vila-seca despide una nueva edición del pesebre de arena, una tradición que ha cumplido 20 años y que se esta edición se ha visto afectada por la pandemia y las restricciones de movilidad. La arena empleada para la construcción de las estructuras se encuentra ahora almacenada y a la espera de la próxima edición. Se trata de un material compacto, diferente a la típica arena de playa, y que ha visto todas las ediciones del pesebre, ya que siempre se ha empleado la misma.

Año 2000: Primer pesebre

«La arena se guarda cada año y es la misma de la primera edición», explicó al Diari Núria Vallverdú, coordinadora del pesebre desde sus inicios. «Todo empezó cuando el Patronat de Turisme de Vila-seca quiso organizar un evento artístico para atraer visitantes fuera de la temporada turística. Aquella primer edición salió bien y hemos seguido hasta ahora, que el pesebre ya es una tradición del municipio», añadió Vallverdú.

Pesebre del año 2000. FOTO: Ninín Olivé

«Se podría decir que el primer año era de prueba: tan solo éramos cinco escultores y las dimensiones eran reducidas», procedía la organizadora. También afrontaron varios retos: «Este tipo de eventos no suelen tener continuidad. La escultura de arena es una forma de arte peculiar, ya que es efímera y temporal y no se pueden vender las obras. Sin embargo, el Ayuntamiento vio el potencial y decidió seguir organizándolo, algo que agradezco».

Dos décadas de evolución

Una de las principales ideas de la organización ha sido el no repetirse, el alejarse de la tipología típica de un pesebre y que el público se encuentre algo diferente cada año. Por eso, cada pesebre ha seguido una temática distinta, y la originalidad es una de las señas de identidad del evento. «El primero fue el más tradicional, pero es algo que desde entonces hemos querido evitar», remarcó Vallverdú, «queremos que sea sorprendente, y lo conseguimos con las diferentes temáticas. El público acude cada año y comentan sus opiniones con respecto a ediciones pasadas».

Año 2008. FOTO: J.C.

No obstante, los cambios no se limitan a la temática artística, sino que también se producen a nivel organizativo: «Empezamos con cinco escultores y ahora somos ocho, pero ha llegado a haber diez algún año. También cabe destacar que la organización, en el tiempo, se vuelve más fácil para nosotros al estar ya acostumbrados a los imprevistos -si bien este año hemos tenido los retos añadidos de gestionar las PCR y el alojamiento de los artistas extranjeros», remarcó Vallverdú.

Pesebre de 2019. FOTO: Pere Ferré

Volver a la playa

Uno de los cambios más significativos que se han producido en la historia del pesebre es su ubicación. De la playa del Racó se pasó al parque del Pinar del Perruquet. El cambio no gustó en la organización, que trata de revertirlo: «Por cuestión de estética no nos gusta estar en el Pinar del Perruquet», aseguraba Vallverdú, «la base de arena de playa favorece la vistosidad de las esculturas que ahora perdemos al tener edificios al lado. Hemos solicitado volver al emplazamiento original, pero por el momento no ha sido posible».

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