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Salou lucha para no quedarse con una estación de trenes tercermundista

El apeadero de PortAventura no está preparado para acoger a los miles de usuarios que recibirá en unos meses, lo que ha hecho que el alcalde incluso esté dispuesto a asumir  la inversión

Núria Riu

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El alcalde de Salou, Pere Granados, conversando con un grupo de turistas en el apeadero ferroviario de PortAventura.  FOTO: alba mariné

El alcalde de Salou, Pere Granados, conversando con un grupo de turistas en el apeadero ferroviario de PortAventura. FOTO: alba mariné

Cuando la cuenta atrás para la entrada en funcionamiento de la  variante del Corredor del Mediterrani está en marcha, aún hay muchos interrogantes encima de la mesa. Sin embargo, si hay un municipio que tiene un escenario especialmente comprometido, éste es Salou.

La capital de la Costa Daurada abandera la lucha para el desmantelamiento del trazado actual, y lo hace cuando aún no se ha puesto en marcha el plan B para que a posteriori se garantice un servicio a la altura de los miles de usuarios que cogen el tren en el municipio.

Salou perderá la estación de la calle Carles Roig cuando entre en funcionamiento el nuevo trazado y centralizará todos sus servicios en el apeadero de PortAventura, que pasará a ser la estación de Salou-PortAventura.

Para ello es necesaria una inversión que dignifique este equipamiento y que garantice las mínimas comodidades para los cerca de 497.487 usuarios que registró este municipio el año pasado.

El apeadero de PortAventura no está preparado para ser la estación principal. Ubicado en la Avinguda de Joan Fuster, se puso en funcionamiento cuando se había acabado de inaugurar el complejo de ocio.

Lo pagó íntegramente el parque, que se garantizaba una parada de tren a escasos metros de la puerta de acceso. Este apeadero lo utilizan cerca de 300.000 usuarios que casi en su totalidad llegan desde Barcelona con los convoyes de primera hora de la mañana y se marchan a media tarde. Esto hace que no haya una zona de párking para los usuarios.

Tampoco hay un edificio para resguardarse, ni una cafetería, ni baños. Tan solo hay algunos bancos, resguardados bajo unas lonas, que proporcionan cobijo a los pasajeros en los días de lluvia y una máquina para validar los billetes, en la que ni siquiera hay un punto de venta.

Un compromiso con el territorio

«No podemos quedarnos con una estación tercermundista», asegura el alcalde de Salou, Pere Granados, quien recuerda que en julio del año 2001 se estableció un compromiso con el Ministerio de Fomento para la construcción de la futura estación de Salou-PortAventura.

El máximo responsable municipal aún conserva el mapa con las actuaciones que consensuaron ambas partes. Entre éstas también se incluía la construcción de un ramal –de aproximadamente un kilómetro de distancia– desde esta estación a la línea del Corredor del Mediterrani y la Intermodal, en el sur del aeropuerto de Reus. Ninguno de estos puntos se ha materializado. 

Para Granados esto es un claro ejemplo de la falta de compromiso de Fomento con el territorio y lo atribuye a «la desidia de los diputados que nos representan en Madrid, que no han sabido luchar por aquellas inversiones necesarias».

Lo cierto es que el Ayuntamiento de Salou nunca llegó a tener un proyecto para la nueva estación. Y ahora, cuando el tiempo apremia, esta necesidad se hace más evidente.

Por ello, el máximo responsable municipal está a la espera de cerrar una fecha para una reunión de trabajo con Fomento en la que además del Consistorio estarán presentes PortAventura y la Generalitat.

El objetivo es conseguir un compromiso para la construcción de un pabellón provisional para los viajeros, que garantice los servicios mínimos, y que sea la base a partir de la cual pueda levantarse la estación definitiva.

Nodo de conexiones

Los terrenos para la futura estación están junto el andén de la actual vía. Granados está decidido: «Si no lo hacen ellos, lo pagaremos nosotros con recursos propios, ya que no podemos dejar desatendidos a los viajeros salouenses».

Pese a ello, para que este equipamiento se convierta en la parada de referencia, la actuación es más compleja. Según puede verse en el primer mapa adjunto, Salou-PortAventura será final de línea. Esto implica que tendrán que adaptarse los sistemas de señalización y de seguridad.

También tendrá que ampliarse la capacidad de dos vías en la actualidad a, como mínimo, otras dos y garantizar un nuevo andén al lado del Passeig 30 d’Octubre. Un conjunto de actuaciones que forman parte también del proyecto para desmantelar las vías existentes.

El alcalde de Salou considera que este espacio debe ser un gran nodo de comunicaciones para el municipio. La eliminación de la vía actual debe permitir abrir el paso con la Avinguda 30 d’Octubre y está previsto que en unos terrenos municipales, a escasos metros, se construya la futura terminal de autobuses.

Granados apunta que éste «es un tema prioritario ya que tan solo tenemos un apeadero en la calle Jaume I y, con el desarrollo de Hard Rock, incrementará notablemente la circulación, por lo que debemos dotar la ciudad de un buen servicio tanto en autobús como en tren».

Ocho trenes directos a Barcelona

En la nueva configuración ferroviaria del Camp de Tarragona, Salou-PortAventura será una estación término, o cul de sac. Tan solo hace unas semanas, la Generalitat deba a conocer cómo quedará el servicio en los próximos meses.

En total habrá 28 convoyes, catorce de ida y otros catorce de vuelta, de los cuales ocho (cuatro en cada sentido de la marcha) conectarán con Barcelona. Los otros veinte serán trenes de cercanías de la línea RT1, que enlazarán Salou con Tarragona. Con este transbordo se ampliarán las posibilidades para ir a la capital catalana.

En cambio, y hasta que Fomento no ejecute este ramal con el tronco principal del Corredor del Mediterrani, Salou perderá la conexión en dirección sur. Esto significa que no podrá irse en tren desde este municipio a Cambrils y que las personas que quieran ir a Tortosa o a València tendrán que ir a la nueva estación que se está construyendo en la ciudad vecina.

La entrevista con Pere Granados tiene lugar en lo que aún es el apeadero de PortAventura. Han pasado dos Euromed a toda velocidad sin pararse y llega un Regional del que bajan unas 200 personas. Prácticamente todos son turistas que se dirigen directamente a PortAventura. En cuestión de minutos el espacio vuelve a quedar desierto. En cambio, en el edificio de la calle Carles Roig la ida y venida de viajeros es constante.

Hace tanto tiempo que se viene hablando del desmantelamiento de la vía que los viajeros no son conscientes de que antes de fin de año puede que dejen de esperar el tren en este punto, aunque esto no significa que la catenaria y las traviesas desaparezcan de inmediato.

Isabel Molinos y Víctor Sabadich son de Cambrils. Esperan el tren junto a Conxita Blasi. Ninguno de los tres sabe nada sobre qué pasará. «Entonces, ¿esta estación desaparecerá? No sabía nada. Aquí me va muy bien. Para ir a peor no vale la pena», apunta Blasi. Víctor intenta tranquilizarla.

«Seguro que pondrán un autobús», afirma. Mientras, Isabel Molinos aprovecha para denunciar que cuando se para el tren en la estación lo hace en un sitio en el que la separación entre la plataforma y el vagón es tan alta que tiene que vigilar para no caerse.

Alicia Moya, Isabel Calatayud, Montserrat Berenguer y José Escriche están sentados en la terraza de la cafetería. Son de Barcelona y han venido unos días con el Imserso. Están esperando el tren para ir a Tarragona. «Es la primera vez que venimos y cuando llegamos nos sorprendió mucho. No entiendo cómo no hay un paso subterráneo. La gente de aquí supongo que no estará conforme», asegura Moya.

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