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Superando adicciones sobre dos ruedas

Joan Arau llevaba 30 años consumiendo drogas. Decidió dar un giro a su vida, dejó atrás sus malos hábitos y emprendió una ruta en bici hasta Polonia

10 octubre 2023 11:04 | Actualizado a 11 octubre 2023 07:00
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Joan Arau tuvo una infancia feliz, era un buen estudiante y sacaba buenas notas, aunque muchas veces lo tachaban como el malo por su comportamiento. Pero de una buena niñez pasó a tener una adolescencia complicada, ya que le tocó estar en una confesión religiosa de la cual no se sentía parte.

Durante esa época conoció al amor de su vida y la que se acabó convirtiendo en su mujer y la madre de sus hijas, pero tuvieron que mantener su relación a distancia y a los 18 años se alejaron coincidiendo con su salida del grupo religioso.

Ese mismo día, llegó el primer contacto con las drogas. Un amigo le ofreció fumarse un puro y esta decisión cambió su vida. Cuando su pareja volvió, él ya tenía tabaquismo, fumaba marihuana y después, llegó la cocaína.

Un día se dio cuenta de que sus actos estaban afectando mucho a su familia y decidió dar un cambio en su vida para intentar alejarse de las drogas.

Cambio de mentalidad

«Un día hice el clic y pensé que una parte de lo que me gastaba en droga, lo podía reservar para hacer un viaje», explica Arau. En ese momento habló con un buen amigo y le aconsejó «llenar la mente y el corazón con el deporte».

Se preparó durante nueve meses. Compró una bicicleta y la arregló, pero tardó más de lo esperado, ya que aún gastaba mucho dinero en droga. Así que la aventura que tenía que empezar en mayo acabó siendo en agosto.

Había varios objetivos en este viaje: hacer más de 3.000 km llegando hasta Polonia y dejar de consumir. «Tenía dos miedos: la añoranza y el denominado mono», confiesa. Antes de salir compró 10 euros de marihuana, pero ese mismo día dejó el cigarro en un árbol y no volvió a fumar.

Emprendió su aventura pasando por buenos y malos momentos. Pinchó muchas veces y tuvo que aguantar varios kilómetros sin cambiar la rueda, se perdió por Francia y físicamente le costó de más, pero se encontró con gente por el camino que le ayudó y le dio ánimos para continuar.

Cuando llegó a los Pirineos compró 25 gramos de CBD, pero rápidamente lo tiró al río. «En ese momento sentí una gran satisfacción, ya que fui fuerte mentalmente», asegura Arau.

Tras un mes de viaje y 1.500 km documentados en sus redes sociales, decidió dar la vuelta, ya que el frío fue un gran enemigo.

Aunque no llegó hasta Polonia, no lo ve como una derrota, porque su objetivo más duro estaba cumplido. «Mi familia necesitaba verme y saber que lo había superado», explica.

Ahora tiene dos retos por delante. El primero es volver a la bicicleta para dejar el tabaco, mientras que el segundo es crear una asociación para ayudar a gente que se encuentre en una situación similar a la que vivió él.

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