Nuevas Lecciones de Viejos Amigos. Los rituales que dan sentido al tiempo

Cada nuevo año nos damos grandes alegrías por cosas cada vez más pequeñas, porque el Gordo de la Navidad y el Año Nuevo es estar vivos y poder abrazarnos de nuevoLa mirada

| Actualizado a 30 diciembre 2021 06:10
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Como cada fin de año, voy reencontrando por las calles de Tarragona a los viejos amigos que siempre tienen lecciones nuevas que compartir conmigo.

El pobre Jaume es al que he visto más angustiado por la pandemia. Ni siquiera me ha dado la mano ni se ha acercado al verme. ¿Es que valora la vida más que otros que sí me han abrazado como siempre?

Concluyo, tras pensar en la existencia de mi convecino, que quienes más miedo a morir han tenido estos meses son quienes menos han vivido.

Porque si comes bien, duermes tus horas, haces ejercicio, te mantienes ocupado y no fumas ni bebes…¡Te morirás igual, tontito! Es la broma que cada año me gasta mi médico tarraconense favorito antes de meterse otro gintonic.

Cuando salíamos de la adolescencia, cada Navidad más la celebrábamos menos y al final sólo eran días de fiesta sin sentido ni ritual. Ahora nos pasa al revés, apreciamos cada año más los rituales que dan sentido al tiempo, porque la Navidad festeja el fin de los días que se acortan y la oscuridad y fascina a quienes acaban de salir de ella, los niños, como el niño Jesús, y los viejos, como papá Noel, que pronto volverán a ella.

A los veinte años hablábamos de sexo; a los treinta, también de dinero; a los cuarenta, además, de mandar; a los cincuenta, de poder dormir de un tirón; y mis amigos de más de sesenta años me hablan de sus achaques.

Y pasa algo parecido con las parejas: quienes todavía la conservan y se convierten en relaciones de larga duración es porque tal vez ya no estén enamorados de sus virtudes; pero han aprendido a enamorarse de los defectos.

Y con las ideologías, también apunto que es muy difícil cambiar de ideología cuando tu sueldo depende de que no la cambies. Tal vez si algún día alguien de otra ideología te ofrece un sueldo mayor empieces a pensar de otro modo (sólo hay que recordar nuestra historia reciente). Así que quien tiene la llave de las nóminas suele tener también la de los cerebros.

Los padres intercambiamos comentarios sobre las respectivas familias, por supuesto y, al cabo, descubro que ninguna madre o padre es más feliz que el más desgraciado de sus hijos. Y también constato que ninguna madre o padre se arrepiente de serlo.

Los abuelos todavía hablan más de sus nietos y ningún abuelo es menos feliz que el más feliz de ellos.

Es mucho más agradable disfrutar de la progenie con una generación de por medio.

De sueños y realidades

Van pasando los años y a veces evocamos los sueños que compartíamos en el instituto o la universidad. Nadie que los tuvo ha conseguido realizarlos, pero los menos desgraciados son quienes han sido capaces de convencerse de que sí.

Hay quienes se han dedicado a profesiones en la que son muy útiles a los demás, pero ganan poco.

Quienes se han dedicado a ganar mucho a costa de los demás suelen montar ONGs y se encargan de que todos nos enteremos.

Los que tiene profesiones más creativas suelen quejarse de que ganan poco. Los que ganan mucho sueñan con dedicarse a hacer algo más creativo cuando tengan suficiente. Pero nunca es suficiente.

Al final, son más felices quienes ganan un poco más pero los que ganan mucho más no son mucho más felices que el resto.

Cada nuevo año nos damos grandes alegrías por cosas cada vez más pequeñas, porque el Gordo de la Navidad y el Año Nuevo es estar vivos y poder abrazarnos de nuevo.

 

Periodista
Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. Su último libro es ‘Homo rebellis: Claves de la ciencia para la aventura de la vida’.

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