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¿Qué nos cuentan las mascotas?

Entender las expresiones de los animales es básico para una mejor convivencia y comunicación

| Actualizado a 12 septiembre 2022 07:00
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«Solo le falta hablar» o «si pudiera hablar» son expresiones que todos los propietarios de mascotas han pensado o verbalizado en algún momento de su relación con sus animales de compañía. Sin embargo, si bien es cierto que ellos se expresan, sus intenciones no siempre son bien interpretadas por los humanos.

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«Los animales se comunican mediante un repertorio muy amplio de señales corporales, gestuales y vocales, entre otras, para manifestar cómo se sienten en determinadas situaciones. Pero para poder leer este lenguaje, hay que hacer una lectura global. Es decir, no solo hay que tener en cuenta sus señales individuales, sino que deben ser analizadas en su conjunto con el resto del cuerpo y teniendo en cuenta también la intensidad, así como el entorno», señala la comunicadora Patricia Perreau, autora del volumen Si pudieras hablar. Cómo escuchar a nuestros animales y sanar a través de nuestra conexión (Vergara). Por ello, recomienda aprender estos mensajes para mejorar la convivencia, ya que «muchos de los conflictos en familia son fruto de no comprender su comunicación, de no atenderla y, por lo tanto, de no respetarla». A pesar de todo, veterinarios y etólogos indican algunas sencillas pautas que, teniendo en cuenta el contexto de cada momento, pueden ayudar a los propietarios a descifrar el estado de ánimo e intenciones de sus mascotas.

Patricia Perreau recomienda estudiar al animal en su conjunto y contexto

¿Quién manda aquí?

«No comprendemos los mensajes que nos envían», comenta Gonzalo Giner, veterinario y escritor, autor entre otros del volumen Entre amigos (Planeta), que recoge aventuras y anécdotas protagonizadas por animales y sus propietarios. Giner ilustra un ejemplo clásico que se produce cuando una persona llega a una casa en la que no conoce al perro. «Si este se le acerca y le pone las patas delanteras en el pecho, los dueños interpretan que le está recibiendo, que le da besos. Pues no. En realidad, le está diciendo que el que manda es él. Otra situación muy común es cuando un perro bosteza y bajo nuestra manera de entender las cosas, es que está cansado o aburrido. Pues tampoco. Es todo lo contrario. Está diciendo que está estresado. Y lo interesante es que a veces se agobian por un exceso de caricias. Lo que quieren es que les dejen en paz».

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¿Qué día tienes hoy?

Por otra parte, diferentes investigaciones revelan la conexión entre los rostros de los seres humanos y la reacción en los perros, que han llegado a desarrollar una parte de su cerebro para entenderlos. Científicos austríacos demostraron que los perros pueden distinguir entre humanos felices y enfadados. De igual manera, un estudio de Natalia Albuquerque, recogido por ‘Psychology Today’, puso de relieve que los canes suelen lamerse la boca cuando observan expresiones de enojo, lo que los expertos interpretan como una forma de apaciguamiento cuando se ven expuestos a una situación de estrés.

En el caso del can, el ladrido es la forma más directa de comunicarse con sus congéneres, así como con los humanos. A través de él, llama la atención, pide comida, juego o en ocasiones, salir a la calle. Sin embargo, no todos los ladridos son iguales, por lo que se debe prestar atención al contexto en el que se produce.

Asimismo, según apuntan especialistas de Barkyn, para anticiparse a un mordisco o a una pelea entre dos animales, hay que atender a la disposición de las orejas, el movimiento de la cola y la tensión del cuerpo. En este sentido, las orejas hacia adelante indican atención; hacia atrás, tristeza o incluso enfermedad; y un poco bajas, se puede estar ante un ataque inminente, ya que significan irritación. Hay que tener en cuenta, no obstante, que la comunicación puede variar entre razas, ya que algunos perros, por su morfología, no pueden comunicarse de la misma forma que lo hacen otros.

Investigadores revelan que los perros distinguen entre humanos felices y enfadados

Señales en los felinos

En los gatos, los mensajes llegan, especialmente, de la cola, las orejas y la cabeza. Así, si el animal la agacha, está indicando desconfianza, que está enfadado o incluso que tiene miedo. Por el contrario, si la inclina hacia adelante, busca atención o caricias. Con la cabeza alta, está relajado y confiado.

Por lo que respecta a la cola, si está baja muestra miedo, sumisión o enfado, señal de que se avecina tormenta. Al revés, rígida suele ser síntoma de felicidad o fascinación. Con una cola erizada, el felino anuncia agitación, una postura de defensa. Sin embargo, si la agita indica que no está cómodo con la situación, un mensaje totalmente opuesto al que lanzan los perros con el mismo movimiento. «En estos casos, una forma amable de comunicarnos con ellos es evitarlos, girar la cara y no hablarles», apunta Patricia Perreau.

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También sus bigotes están relacionados con su estado de ánimo. «Si los extiende hacia adelante, transmite curiosidad. Y hacia atrás puede indicar temor e incluso ser signo de enfermedad, por lo que es importante observar si se produce de forma reiterativa. En caso afirmativo se debe acudir al veterinario», manifiestan etólogos de Purina.

Finalmente, las orejas son otro punto de atención. Si las tiene hacia atrás o de lado, siente miedo o enfado, por lo que la expresión es defensiva u ofensiva. Y si están hacia arriba y moviéndose, está en estado de alerta.

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Un conocimiento holístico

La comunicadora Patricia Perreau de Pinninck, formada en educación canina, va un paso más allá de las expresiones físicas y propone una lectura global de su comportamiento «teniendo en cuenta no solo su cuerpo físico, sino también el mental, emocional y espiritual o energético». Perreau trabaja a partir de la comunicación animal telepática, «que no es mental, como muchas personas creen, sino que sucede en el corazón», resalta. «Mi foco se basa en comunicar intuitivamente con el animal para poder tener su punto de vista y su estado emocional».

En el volumen Si pudieras hablar destaca, entre otros, los casos en los que el animal ya es sénior, cuando se producen cambios físicos y también emocionales en su organismo. «Es un proceso vital en el que debemos acompañarles de manera amorosa, con paciencia y empatía». Igualmente, se centra en los animales que han sufrido un destete prematuro, abandono, maltrato o castigos. «Todo ello les produce secuelas. Me suelo encontrar con animales miedosos, con altos niveles de estrés, ansiedad y mucho nerviosismo y en esos casos van a necesitar un adecuado acompañamiento».

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