Un escaparate de nuevas tendencias creativas

El Museu d’Art Modern exhibe las obras ganadoras y finalistas de la Biennal d’Art Diputació de Tarragona 2021

| Actualizado a 05 diciembre 2021 08:09
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Como la pandemia y el proceso de digitalización han alterado la relación entre lo que es doméstico y lo que es o se hace público. Este dilema ha inspirado al artista tortosino Dionis Escorsa O’Callaghan para crear la obra El balcó invers, con la que se ha proclamado ganador de la Biennal d’Art Diputació de Tarragona 2021. «No estoy acostumbrado a ganar premios, pero siempre es una gran sorpresa y un honor», confiesa. Si bien, esta ha sido la primera vez que se presentaba al certamen, «motivado por el salto cualitativo de la convocatoria», ya que en esta edición la organización decidió fusionar los premios de pintura y escultura para adaptar el premio a las nuevas tendencias creativas, respondiendo así al cambio de paradigma artístico observado en los últimos años.

Asimismo, la Biennal d’Art también premió con dos accesitos las obras Tierras raras de Maria García Ruiz (Valdepeñas) y El final de un vacío es el principio de otro de Fermín Jiménez Landa (Pamplona). Las obras ganadoras se pueden ver en una exposición, junto a las de los diez finalistas del certamen, en el Museu d’Art Modern de la Diputació de Tarragona hasta el 16 de enero.

«El balcó invers –explica su autor– es una creación audiovisual que reúne un centenar de dibujos realizados, mayormente, durante el confinamiento y en la absoluta clausura». Y en un momento en el que Dionis Escorsa O’Callaghan tuvo que trabajar con «las mínimas condiciones posibles, un lápiz, un papel y una goma, y poco más». «Esta limitación técnica me dio la oportunidad de liberarme, es decir, decidí comparar como, durante la pandemia, el concepto de privacidad se había tergiversado, y la manera en la que la entrada de lo virtual en nuestras vidas se estableció como una frontera entre lo público y lo privado», explica el artista. En esta misma línea, explica, «decidí contrastar la frontera entre lo privado y lo público con lo que es onírico y aquello que es real», y resalta que la obra plantea «la progresiva tergiversación de la función inmune de la arquitectura, es decir, como durante pandemia se ha exagerado esta protección, en tanto que la desaparición del espacio público ha provocado la multiplicación de los espacios interiores».

Por último, Dionis Escorsa O’Callaghan afirma que El balcó invers es un balcón que comunica con el interior, es decir, con espacios privados llenos de fronteras como puertas, ventanas, paredes, etc. Un espacio que habito de personajes surgidos de la realidad natural y sociopolítica, pero cuya presencia es fantasmagórica».

Por su parte, la artista Maria García Ruiz aborda la relación entre imagen, paisaje, cuerpo y territorio. Tierras raras, explica la autora, «es una reflexión poética alrededor de la materialidad del proceso al que estamos sujetos de desmaterialización del mundo, y como todo ello tiene un reflejo en el territorio».

En este sentido, la autora ha decidido jugar con el concepto tierras raras, en tanto que «son una serie de elementos, metales, que responden a este nombre, y que son fundamentales para la construcción de los nuevos dispositivos tecnológicos, como el brillo de las pantallas de los móviles, molinos eólicos y una nueva generación de tecnología verde, que parece que no contamina, pero que tiene su lado oscuro». Asimismo, sigue explicando Maria García Ruiz, «esa ‘tierra rara’ también es para mí el paisaje del que procedo, la meseta manchega, donde en el Campo de Montiel hubo un proyecto de tierras raras, ya que una empresa se dedicó a explorar la posibilidad de abrir una minería». Sobre este aspecto, la artista recuerda que «el 90% de las tierras raras que se consumen en el mundo las produce China, y en la obra hay una referencia a la mina de Bayan Obo, en la región Mongolia, como una imagen que invita a reflexionar sobre la herida en el territorio, que también es una metáfora de nuestra relación y mirada hacia el paisaje».

Explorar el vacío

Nueve fotografías, una serie de vídeo y una carta donde el artista reflexiona sobre la escultura de Oteiza integran la obra El final de un vacío es el principio de otro de Fermín Jiménez Landa. «Una de las líneas más conocidas de la escultura de Oteiza es la dimensión poética y escultórica del vacío, trabajando el vacío como material. Entonces, con ciertos elementos creaba un vacío que era parte de la obra. Por ello, mi idea de acercamiento a todo ello es proponer como entre dos partes de dos esculturas de Oteiza también se genera un vacío», explica el autor. Así, las instantáneas capturan poéticamente «desde viajes de tres metros hasta otros de 2.000 kilómetros», lo que le ha llevado «medir el mundo con la trama invisible generada por los espacios entre las obras de Oteiza y generar nodos de una geografía insólita». Del viaje, Fermín Jiménez Landa asegura que «no me imaginaba que un punto de partida como el vacío me iba a lleva a descubrir historias de vida y anécdotas reales».

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