Verónica Molina: «Cuando se abusa de un niño estás creando un monstruo que luego va a tener vida propia»

Un segundo antes de la furia es un thriller erótico con un ritmo intenso, una denuncia del abuso infantil y el maltrato con un lenguaje sexualmente explícito y decenas de giros.

| Actualizado a 04 enero 2022 12:09
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La vida de Martina transcurre como la de cualquier otra treintañera. Sin embargo, algo se despierta en ella el día que acude al entierro de su abuelo y vuelve a entrar en contacto con su conservadora familia. A partir de entonces, Martina dará un giro radical a su vida. La protagonista no dudará en seguir un instinto, mezcla de deseo sexual, libertad y violencia, a veces con fatales consecuencias. Es Un segundo antes de la furia, la primera novela de Verónica Molina (Editorial Planeta), un thriller erótico que tiene por objetivo denunciar el maltrato y la violencia infantil. Demostrar que salir adelante es posible, a pesar del pasado.

Denuncia al Opus dei con erotismo y sexualidad.
Es verdad que el medio que utilizo es el erotismo, pero la denuncia, que se personifica en el Opus, se podría llevar a cualquier otra comunidad. Es más por la inconsistencia, por la parte de incoherencia, de lo que dice a lo que luego ocurre, de lo que hay detrás.

Los califica de secta. ¿Ha tenido contacto con algunos de sus miembros?
Mi familia y mi entorno directo de la infancia eran del Opus.

Entonces, ¿qué rasgos hay de Verónica en Martina?
El carácter. Esa supervivencia, esas ganas de salir adelante, la fuerza de la propia protagonista y también te diría la parte constructiva. Es decir, que independientemente de lo que te haya pasado en la vida, tienes que salir adelante. Viene un poco a dar las claves a todas esas personas, mujer u hombre, que necesiten avanzar y salir adelante de un pasado.

 

«Hay escenas en las que lo he pasado un poco mal. He llorado escribiendo algunos capítulos y lo he vivido con mucha intensidad».

El Opus no deja de ser el extremo de la religión católica del franquismo. Una cosa digo, otra hago.
En el caso del Opus es religión al extremo, donde se pierden todo tipo de papeles. Pero eso no pasa solo en el Opus dei. Cuando se lleva algo al límite es cuando empiezan a romperse estructuras.

¿Usted es religiosa?
No. No soy católica y no voy a misa los domingos.

¿La represión crea monstruos?
La violencia crea monstruos, independientemente de si es en niños, si es vía abuso sexual, maltrato psicológico o físico, si es en pareja o si es en el trabajo. Como víctima, puedes seguir adelante, no pensar, no cerrar la herida, no arreglar lo que te haya dañado y entonces sí que se transmite como un virus, ahora que está tan de actualidad. Es decir, yo recibo violencia, no asimilo, no aprendo y entonces ya sé hacerlo, conozco las estructuras de la violencia y conozco cómo puedo hacer daño. Y, sobre todo, pasa entre fuertes y débiles. Es el fuerte el que termina buscando al débil, en las diferentes formas que haya de violencia.

 

 

Algunas escenas que plasma ¿son sexo o poder?
Siempre es poder. Y no hay ninguna escena de sexo que sea gratuita. Según vas leyendo la novela, sí que hay mucho sexo, sí que es muy erótica, pero cada escena habla de algo y representa para Martina diferentes cosas, representa la figura materna, representa la figura paterna, representa lo que luego termina desvelándose al final. Son los hitos que ella va necesitando para llegar al final de ese viaje. Y las escenas eróticas, de violencia, las escenas en las que ella se muestra indiferente hacia gente que quiere, hacia amigos, hacia gente próxima, esos son los hitos que hay que ir marcando, para luego poder desvelarle al lector de dónde sale todo.

Martina va al límite.
Ha sido mi culpa. O sea, yo la he llevado al límite para ver cómo podía salir, con qué recursos y con qué mecanismos. Y sale con violencia, con mentiras, con el sexo por el sexo y por continuar. Eso es lo que demuestra esa parte de empoderamiento. Así no tienes que salir de las situaciones, evidentemente, pero si quieres, sales.

¿Se ha sentido cómoda escribiendo las escenas?
He disfrutado mucho escribiendo. Para mí ha sido un proceso precioso, un poco de catarsis, de dedicarle el tiempo que deberíamos dedicarle todos a pensar en nosotros mismos. Y luego, hay escenas en las que lo he pasado un poco mal. Yo he llorado escribiendo algunos capítulos y lo he vivido con mucha intensidad. Me ha gustado mucho. La novela se ha ido escribiendo prácticamente sola mientras yo le ponía los retos y lo he disfrutado un montón.

 

 

¿Qué destacaría de Martina?
Al principio el lector a lo mejor odia a la protagonista, pero según va avanzando la novela, la va a amar. Y eso es bueno porque lleva un buen camino. Y a través de ella, es una denuncia al abuso infantil y a los maltratos, pero también es una novela divertida, que tiene mucho humor, que es muy intensa. No es una historia de una víctima, gris, oscura y triste. Sí que genera tristeza en algún momento, pero es vitalista.

¿Es una reivindicación del placer femenino?
También. Al final, estas situaciones que vive ella las pueden hacer los hombres y a nadie nos parece mal. En ese plano, solo se está comportando como un hombre más, que llevan haciéndolo toda la vida.

 

«La novela viene un poco a dar las claves a todas esas personas, mujer u hombre, que necesiten avanzar y salir adelante de un pasado».

En el intercambio de relaciones, de parejas, el poliamor, ¿siempre hay alguien que acaba sufriendo?
Experiencia en poliamor no tengo. Pero lo que sí que creo es que para que cualquier relación funcione, cualquier estilo, tiene que haber sinceridad. Cada uno tiene que marcar sus límites. Cuando el límite desaparece, cuando alguien se lo salta, es cuando la situación no funciona. En el matrimonio tradicional ya están marcadas las normas, no te puedes ir con otro, no puedes tener sexo con quien te dé la gana… En el otro tipo de relaciones no existe manual porque cada uno debe marcar los límites y desde el inicio se debe ser lo más transparente posible. Va de pactos.

Plantea un tema muy espinoso, el que a un niño o niña se le maltrate. ¿Qué cree que está fallando?
En verdad, cuando yo escribo esta novela hay un propósito detrás o quise que se entendiese así. Y queda plasmado en la dedicatoria. Los niños deberían ser sagrados y las infancias deberían estar protegidas. Todo lo que no sea eso... tanto en el entorno familiar como escolar, como de amigos.

El bullying…
Tenemos que reforzar las maneras de darnos cuenta de que eso está ocurriendo porque yo no quiero que mi hijo no me lo cuente si lo sufre. Entonces, ahí tenemos un problema en la prevención y una vez que ocurre, efectivamente, se debe poder denunciar. Pero sí que nace con el propósito de que debemos cuidar a los niños, que son el futuro y es lo que vamos a dejar. Cuando se maltrata a un niño, cuando se abusa de él, cuando no le proteges, entonces sí que estás creando un monstruo que luego va a tener vida propia.


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