Hockey
El Reus y su Sang del Prim conquistan Europa
Los rojinegros logran una victoria crucial ante el Igualada y mantienen intactas sus opciones de clasificación para la final a ocho (4-3)

Los jugadores del Reus celebran uno de los cuatro goles de esta noche.
En los momentos de duda es cuando menos hay que dudar. No tambalearse. Hace año y medio, el Reus apostó por una propuesta de identidad, fortalecida por los jugadores de la casa. Los réditos llegaron más pronto de lo esperado, con una Copa del Rey en la vitrina, y un sentimiento de orgullo espléndido. En el arranque de este 2026, las sensaciones que ha transmitido el equipo de Garcia han reflejado incomodidad, porque no ha hallado la regularidad en el juego de antaño y ante el Igualada, la Champions obligaba este jueves al éxito para conservar las opciones de clasificación y para fortalecer una autoestima debilitada.
Los rojinegros respondieron arropados en la Sang del Prim, sin una versión estelar, pero bajo el condimento innegociable del esfuerzo, del compromiso. Los tres puntos cortan el pesimismo e invitan a pensar con alegría en el futuro. No es poco.
Al Reus se le nubló el paisaje en un plis plas, en la puesta en escena de la noche. Dos detalles le condenaron, habitual en los tiempos oscuros, cuando todo sale mal. Marc Carol ejecutó de cuchara y a Càndid le taparon la visera. Muchos rostros por delante. Esa pelota le perforó, a los siete minutos. No solo eso, la eficacia del Igualada conquistó otro tesoro. Un remate a media altura de Roger Bars, al primer palo, heló al Palau d’Esports entusiasmado con la Champions. Se habían consumido 10 minutos y los de Garcia sufrían un castigo abrumador.
En realidad le costó al Reus encontrar su lugar en el partido. Lo hizo a través del corazón, va sobrado de eso con tantos niños de la casa. Uno de ellos, Guillem Jansà devolvió el entusiasmo con un tiro de cuchara, desde media distancia, en una transición golosa. Por bajo, superó a Arnau, el arquero del Igualada. Fue entonces cuando el equipo creció, disfrutó de hasta dos superioridades numéricas para igualar el resultado, a lomos de una Bombonera efervescente, encendida, con deseo de fiesta. La declaró Martí Casas, tras acompañar de primeras un servicio delicioso de Maxi Oruste.
Los rojinegros habían desafiado al riesgo, salieron airosos de un marrón absoluto. Salvat, a tres minutos de intermedio, completó una remontada espléndida, ante un extraordinario equipo como el Igualada, obra de autor de Marc Muntané. El capitán rojinegro disparó de pala desde un rincón y confirmó que su equipo andaba vivo, muy reforzado con el 3-2. Todo ello, con el Igualada en inferioridad. Le penalizó mucho esa debilidad.
Antes del intermedio hubo espacio para un disparo al poste de Guillem Jansà y un gol anulado al visitante Roma por juego peligroso. Mucha electricidad.
Càndid emergió para sostener al equipo cuando éste le pidió auxilio. Primero con un doble remate de Marc González y luego con un tiro directo del mismo González, que escupió con el casco y en el desenlace de la noche. El meta del Reus exhibió firmeza en el momento cumbre, aunque el duelo pedía el cuarto gol para alcanzar el confort. La décima falta del Igualada propició a Martí Casas esa opción, no falló. Levantó y picó la pelota por encima de Arnau. El 4-2 era alivio, anestesia.
En todo caso, el Igualada jamás presentó rendición, se comportó como un miura indomable, le obligó al Reus a sufrir lo indecible. Roger Bars, de penalti, acortó el botín con el 4-3 y elevó las pulsaciones del Palau d’Esports. El Reus necesitaba gestionar con grandeza el resultado, no perder lo había atrapado. Por lo menos encontrar su mejor versión defensiva. Càndidad Ballart ayudó lo suyo. El portero secuestró una victoria reparadora.