Canyelles: «No concibo la espeleología en solitario»

El espeleólogo catalán ha dado una charla dentro del Cicle de Muntanya donde ha explicado la expedición al Ghar-e-Ghala iraní

Iñaki Delaurens

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Ferriol Canyelles dio una conferencia en el Auditori Diputació de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Ferriol Canyelles dio una conferencia en el Auditori Diputació de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Hace diez años Ferriol Canyelles hizo un viaje a la India que le cambió la vida. Allí conoció a una chica exiliada de Teherán que con melancolía e ilusión le narraba maravillas de su tierra. El espeleólogo catalán quedó fascinado. Una fijación sobre cómo serían esas tierras iraníes le invadió. Hasta 2017, cuando al fin puso el pie en esas cuevas fantásticas.

«La zona entre Irán e Irak es muy poco accesible. Un macizo separa dos países de fama conflictiva en un terreno militarizado. Es imposible acceder sin un permiso y gente de la zona», explica Ferriol, quien en agosto de 2017 llegó a este escenario delicado con la expedición iraní Surena Caving Team, formada con espeleólogos de equipos de todo el mundo como La Venta Esplorazioni Geographiche (Italia), spéléo Club Gascogne (Francia) y Speleo Discovery (Catalunya).

Así, lo ha explicado Ferriol Canyelles, invitado en el Cicle de Muntanya en el Auditori Diputació de Tarragona, donde ante un amplio público ha dado la conferencia Expedició espeleològica a Iran i al Pou Ghala.

En ese macizo fronterizo de Parau, de gran potencial cárstico, Ferriol trabajó a una altitud media de 3.000 metros, con escasez de agua, bajo un sol incesante y superando los 40 grados de temperatura. Allí estaba el Ghar-e-Ghala, un pozo que destaca por ser la segunda vertical absoluta más grande del mundo con -562 metros. Para los curiosos, la más profunda del planeta se encuentra en Vrtoglavica Cave en Eslovenia con -603 metros.

La vertical iraní «fue descubierta en 2015 y se bajó por primera vez con un equipo de tres personas a final de 2016. Nosotros fuimos para cerrar interrogantes sobre el agujero. Estuvimos diez días trabajando y descubrimos 12 nuevas cavidades, una de ellas de -700 metros, la segunda más profunda del país», cuenta Ferriol. Aquí conviene que el lector no confunda la profundidad con la verticalidad absoluta.

Como en otras expediciones en cavidades, en el Ghar-e-Ghala se creó un biorritmo, una rutina de 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 para organizar, hacer la comida y otras labores. «Estás a oscuras, la temperatura en la cueva es constante y la humedad se satura al 100%. Si no marcas los ritmos de trabajo puedes perder la noción del día y la noche y acabar loco», apunta el espeleólogo.

Una de las claves en la espeleología es el equipo. Ferriol expone que «la escalada puede ser más individual, pero en la espéleo necesitas un equipo. Hay cuevas de más de 2km de profundidad y solo no consigues nada. Además, tienes que cargar con muchos kilos de material, así que no concibo la espeleología en solitario. Es un deporte de equipo y el éxito de uno es el de todos».

«Cuando llegué abajo tuve un subidón increíble -dice Ferriol-. En los últimos 100 metros iba bajando y con el frontal veía el suelo, así que cada vez rapelaba más rápido hasta que toqué suelo y no pude evitar gritar. Había un par de trazos del equipo del año anterior pero era prácticamente virgen. Otras veces he llegado a estar a -1000 metros pero nunca había tenido la sensación de estar tan abajo». 

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