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Crónica Pobla-CF Reus (1-1). 'Estreno huérfano'

La Pobla y el Reus dejan sin vencedor ni vencido el derbi que abre el telón de la temporada. Los rojinegros se avanzan gracias a un golazo de Colorado pero Emaná iguala antes del descanso
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Varo atrapa un balón aéreo durante el derbi de hoy. Foto: Alfredo González

Varo atrapa un balón aéreo durante el derbi de hoy. Foto: Alfredo González

 

Emaná incordia monstruos. Se despliega sin descanso. El miedo no existe para él. Especialista en atacar los espacios, sus inquietantes movimientos van acompañados de una zancada poderosa, de atleta africano. Convierte cada resquicio en un agujero gigante. No ve imposibles cuando mide carreras. 
El atacante de la Pobla transformó en oro un envío repleto de cemento. Hizo dudar a Olmo, que parecía riguroso en el cruce. De paso, la aparición de Emaná también confundió a Edgar Badia, el arquero del Reus. Anduvo algo tímido en la salida. El entusiasmo del camerunés desordenó a sus rivales, en plena disputa. Le pelota chocó en ellos y salió mordida. El empate alivió a la Pobla y premió la osadía de Emaná. Justo cuando el Reus exhibía jerarquía. Tras la obra de arte de Colorado. En una falta de fino violinista.
Había en el ambiente cierto aire nostálgico. De tarde a la vieja usanza. De fútbol de barrio. El de toda la vida. El escenario no invitó a los artistas. A los amantes del frac y la corbata. Exigía pelea. Ese juego de rasca y pon tan desagradecido. Tan esforzado y que tan poca recompensa deja. Dejó un empate para cada escuadra. Pobla y Reus andaban conformes con el botín.
Óscar Rico inauguró el curso con un envío maravilloso a los 11 minutos. Lo mejor que dejó en la tarde. Le cayó la pelota en la izquierda, su punto de partida, y decidió medir el servicio con una cinta métrica minuciosa. Edgar había ganado la posición en el corazón del gol. Giró el cuello y prolongó. Edgar no contó con la reacción supersónica de Varo. El porteró de Pobla acarició con la mano el balón y éste repelió en la madera. El Reus presentaba candidatura. No se olvidó de esa etiqueta de aspirante al cielo que le han colgado por méritos propios. 
Los de Natxo terminaron por echar de menos  intervencionesmás frecuentes de Rico, un jugador diferencial en su esplendor. 
Emaná respondió rápido cuando se sintió amenazado por el cabezazo de Edgar. Remató escorado, pero sin precisión ni violencia. Badia la acompañó hacia línea de fondo.
Colorado, la precisión
El derbi no escapaba del guión programado. De ese juego directo que premia la inteligencia para interpretar las caídas, para conquistar las segundas jugadas. Se desatascó en una pelota parada. Muy propio en la categoría. Joaqui cometió una mano inocente el borde del área y Colorado tomó la pelota. Dio tres pasos hacia atrás como un experto ejecutor. Muy a lo Ronaldo. Impactó con sutileza. La parábola que tomó el balón fue la bulería más bonita de Camarón, el maestro flamenco al que venera. La belleza del 0-1 dio una tregua. Añadió categoría a una partida de ajedrez sin demasiado espacio para el buen gusto. A los 16 minutos. 
La ventaja presagiaba dulces tiempos para el Reus, pero su rival no se descosió. La Pobla no quiso adoptar los vicios del típico novato. Mantuvo el orden y la paciencia. Su elección halló premio. Gracias de nuevo al atrevimiento de Emaná. Pasada la media hora. La empujó ante la mirada confusa de Badia y Olmo. Se habría otra vez un horizonte de igualdad. 
El Reus manejó con mayor frecuencia el balón en el parcial definitivo. Su rival se protegió con disciplina y decidió que las transiciones podrían ofrecerle el camino del éxito. Emaná notó el esfuerzo de los primeros minutos y la fatiga le obligó a dosificar sus apariciones. Eso sí, emergió Álvaro. En la primera contra eligió mal cuando se le adivinó espacio para generar mucho más que el centro desmesurado que creó. En la segunda, a los 55 minutos, asaltó con criterio la espalda de la zaga reusense y se plantó ante Badia. Disparó cruzado. Con excesiva concreción. El remate se topó con el poste.
Natxo González decidió mirar al banco con el paso de los minutos y prefirió apostar por el riesgo. Fernando y Haro, dos jugadores casados con el ataque, ingresaron sobre el césped, aunque no pudieron romper la dinámica de ese juego milimétrico y cerrado que dejó un derbi totalmente huérfano. Sin vencedor ni vencido.

Emaná incordia monstruos. Se despliega sin descanso. El miedo no existe para él. Especialista en atacar los espacios, sus inquietantes movimientos van acompañados de una zancada poderosa, de atleta africano. Convierte cada resquicio en un agujero gigante. No ve imposibles cuando mide carreras. 

El atacante de la Pobla transformó en oro un envío repleto de cemento. Hizo dudar a Olmo, que parecía riguroso en el cruce. De paso, la aparición de Emaná también confundió a Edgar Badia, el arquero del Reus. Anduvo algo tímido en la salida. El entusiasmo del camerunés desordenó a sus rivales, en plena disputa. Le pelota chocó en ellos y salió mordida. El empate alivió a la Pobla y premió la osadía de Emaná. Justo cuando el Reus exhibía jerarquía. Tras la obra de arte de Colorado. En una falta de fino violinista.

Había en el ambiente cierto aire nostálgico. De tarde a la vieja usanza. De fútbol de barrio. El de toda la vida. El escenario no invitó a los artistas. A los amantes del frac y la corbata. Exigía pelea. Ese juego de rasca y pon tan desagradecido. Tan esforzado y que tan poca recompensa deja. Dejó un empate para cada escuadra. Pobla y Reus andaban conformes con el botín.

Óscar Rico inauguró el curso con un envío maravilloso a los 11 minutos. Lo mejor que dejó en la tarde. Le cayó la pelota en la izquierda, su punto de partida, y decidió medir el servicio con una cinta métrica minuciosa. Edgar había ganado la posición en el corazón del gol. Giró el cuello y prolongó. Edgar no contó con la reacción supersónica de Varo. El porteró de Pobla acarició con la mano el balón y éste repelió en la madera. El Reus presentaba candidatura. No se olvidó de esa etiqueta de aspirante al cielo que le han colgado por méritos propios. 

Los de Natxo terminaron por echar de menos  intervencionesmás frecuentes de Rico, un jugador diferencial en su esplendor. 

Emaná respondió rápido cuando se sintió amenazado por el cabezazo de Edgar. Remató escorado, pero sin precisión ni violencia. Badia la acompañó hacia línea de fondo.

Colorado, la precisión

El derbi no escapaba del guión programado. De ese juego directo que premia la inteligencia para interpretar las caídas, para conquistar las segundas jugadas. Se desatascó en una pelota parada. Muy propio en la categoría. Joaqui cometió una mano inocente el borde del área y Colorado tomó la pelota. Dio tres pasos hacia atrás como un experto ejecutor. Muy a lo Ronaldo. Impactó con sutileza. La parábola que tomó el balón fue la bulería más bonita de Camarón, el maestro flamenco al que venera. La belleza del 0-1 dio una tregua. Añadió categoría a una partida de ajedrez sin demasiado espacio para el buen gusto. A los 16 minutos. 

La ventaja presagiaba dulces tiempos para el Reus, pero su rival no se descosió. La Pobla no quiso adoptar los vicios del típico novato. Mantuvo el orden y la paciencia. Su elección halló premio. Gracias de nuevo al atrevimiento de Emaná. Pasada la media hora. La empujó ante la mirada confusa de Badia y Olmo. Se habría otra vez un horizonte de igualdad. 

El Reus manejó con mayor frecuencia el balón en el parcial definitivo. Su rival se protegió con disciplina y decidió que las transiciones podrían ofrecerle el camino del éxito. Emaná notó el esfuerzo de los primeros minutos y la fatiga le obligó a dosificar sus apariciones. Eso sí, emergió Álvaro. En la primera contra eligió mal cuando se le adivinó espacio para generar mucho más que el centro desmesurado que creó. En la segunda, a los 55 minutos, asaltó con criterio la espalda de la zaga reusense y se plantó ante Badia. Disparó cruzado. Con excesiva concreción. El remate se topó con el poste.

Natxo González decidió mirar al banco con el paso de los minutos y prefirió apostar por el riesgo. Fernando y Haro, dos jugadores casados con el ataque, ingresaron sobre el césped, aunque no pudieron romper la dinámica de ese juego milimétrico y cerrado que dejó un derbi totalmente huérfano. Sin vencedor ni vencido.

 

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