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Dos equipazos felices

El CF Reus reúne a la primera plantilla y al equipo Genuine en un entrenamiento repleto de humanidad. Se ha celebrado el Día Internacional de las personas con Discapacidad como camino hacia igualdad

Marc Libiano

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Foto de familia de los dos equipos del CF Reus. Foto: CF Reus

Foto de familia de los dos equipos del CF Reus. Foto: CF Reus

Pichu Atienza comprobó en los rondos que Cruyff patentó para la historia que los chicos del Genuine no se habían pasado por el anexo para convertirse en simples figurantes. Se habían enfundado ese chándal Kappa rojinegro y cuando eso ocurre hay que defender el escudo con orgullo, fidelidad y honor. Pichu se pilló los dedos de la diestra y la zurda con el entusiasmo que se tomaron el ejercicio Eloi Cortés, Felipe Ruiz, Francisco Javier Díaz, Marc Bargalló, Juan Gómez, José Antonio Del Rey, Ricard Andreu, Lorenzo López, Marcos Zueras, Rafael Esquinas, Ricard García, Raúl Moreno, Juan Garrido, Rubén Matos, Sergi Aguilar y Annás Zine. Los cracks del Genuine, el otro equipazo del CF Reus.

 

Para ellos no existió el frío ni el aire, gélidos como un invierno noruego de diciembre. Era compartir un rato con sus ídolos, esos tipos a veces inaccesibles, sólo imaginables en las noches de sueños junto a la almohada. La pandilla de Garai gestionó su resaca de éxito sin perder la sonrisa. Se aparcó la fatiga y el desgaste de la exigencia. Había motivos para celebrar, con invitados al salón verde, el lugar donde los futbolistas expresan habilidades y provocan sentimientos. Se juntaron los dos CF Reus para dejar atrás barreras y fronteras. Sólo apareció un valor común; la humanidad.

El mismo Pichu, Gus Ledes y Jorge Miramón, tres optimistas por naturaleza, pidieron los guantes de Edgar Badia para ejercer bajo los palos. Quedó claro que no es lo suyo. Como ejecutores del gol, especialistas como Marcos, el pistolero del Genuine que celebra sus goles enseñando su avioneta, y Annás retaron a esos tres arqueros sorprendentes.

 

El rato futbolístico demostró el buen momento que se vive en Can Reus, con ese primer equipo danzando a sus anchas por la Segunda División, con 24 puntos en el cajón y unos presagios de progreso sin límites. En el rostro de los actores se delataba el confort por el trabajo bien realizado, justo en el día después, que sirve, especialmente, para estirar músculos y recordar alguna anécdota de horas antes, en el teatro del Estadi. Cuando hay victoria, las penas y las sospechas se quedan en el desván.

Mientras, David Sangrà, Jordi Segura y Pedro Castaño, los guías del Genuine, ya preparan el reto de Tarragona, en el segundo encuentro del campeonato, en enero, en un fin de semana donde se acumula un enjambre de emociones abrumador. Villarreal, en octubre, sirvió como puesta en escena, en un debut ilusionante de ese equipo de gladiadores rojinegros. Probablemente, en la alegría eterna de Gus Ledes o los consejos de Edgar Hernández, Jesús Olmo y Dejan Lekic, habrán encontrado secretos para alcanzar el éxito. En todo caso, en el anexo sólo valían los abrazos, los gestos de complicidad y el afán de superación. Y, por cierto, se aplaudió el Día Internacional de las personas con Discapacidad. Sólo como un camino más hacia la igualdad.

 

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