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El Nàstic de Merino se estrena con empate

Cristo adelantó al Tenerife en la primera mitad y José Carlos equilibró el duelo en la segunda. El árbitro volvió a cebarse con el conjunto grana y expulsó a Manu Barreiro

Jaume Aparicio López

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Foto: Pere Ferré

Foto: Pere Ferré

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Merino, el nuevo entrenador del Nàstic. Foto: Pere Ferré

Merino, el nuevo entrenador del Nàstic. Foto: Pere Ferré

Mejor cara, mismo resultado. El Nastic ha cambiado. Se nota. Le acompaña otro aire. La renovación de plantilla le ha venido bien. Achille, Manu Barreiro, Luismi y Bruno aportaron frescura para enfrentarse a los obstáculos que se le presentó al equipo: el gol del Tenerife en la primera mitad, en la primera acción de estrategia en contra, y la expulsión de Manu Barreiro por no llevar espinilleras. Estricta y absurda.

Merino se estrenó con empate. Desplegó las características que quiere convertir en virtudes pero topó con los vicios de antaño. Y eso que los rehusó desde el minuto uno. Formalizó un once de salida renovado. Ya advertía de vicios en los habituales de Moreno. “Errores de bulto” con un componente mental/psicológico importante. De esos que solo se disipan con cambios profundos. Un borrón y cuenta nueva en toda regla.

El gaditano quería un estreno a lo grande y no dudo en echar mano de los cuatro refuerzos. Ninguna reserva. La necesidad no lo aconseja. Si los fichajes tenían falta de minutos, lo mejor, recuperar esa carencia rápido. En el césped. Donde deben estar los mejores. De ahí, las prisas por conseguir a tiempo el transfer internacional de Achille Emaná y Bruno Perone tenían fundamento. Merino los quería ya.

Tejera, Suzuki, Mossa y Uche fueron los únicos que mantuvieron su status. El japonés reubicado en el lateral derecho.

¿Cómo juntar a Uche, Manu Barreiro y Emaná? Un 4-4-2 con el camerunés partiendo desde la izquierda. Emana puede actuar donde quiera. Su presencia es imponedora en cualquier parcela. Inquietante. Su primer balón, un control orientado con el pecho que se le escapo largo, ya introdujo un pensamiento diferente al resto. Aguantó lo que pudo. 53 minutos de reencuentro con una grada que lo adora. Lo idolatran aunque sus primeras acciones resultaron más vistosas que eficientes.

El librillo maestro de Merino practica la verticalidad como esencia. Un juego directo e intuitivo. Tan veloz y profundo como arriesgado. Amath se relamía ante los espacios que le ofrecía el rival. No contó con una disposición segura de Bruno Perone en su estreno.

Todo el sentimiento rejuvenecedor, alegre y esperanzador se diluyó con el primer saque de esquina del Tenerife. Los viejos vicios en las jugadas a balón parado volvieron a aparecer. Indecisión y gol de Cristo. Por si faltaban obstáculos. Tocaba remontar.

La historia parecía repetirse. El mejor juego local no se traducía en el marcador. Efectos del maldito farolillo rojo. Esa maldita desdicha que provoca efectos devastadores con un sencillo suspiro e impide el acierto incluso en las fotografías de gol más nítidas. El paradón de Dani Hernández al remate de Manu Barreiro fue ciencia-ficción. Ni la plasticidad de Mr. Fantástico de los Fantastic Four.

Luismi ejercía de rotor. Un centro de gravitación sobre la que reposaba todo el sistema. Su inteligencia posicional deslumbró. Estaba siempre donde tocaba para recuperar el esférico y ofrecer segundas opciones rápidas.

La actitud del equipo, irreprochable. No bajó los brazos. Sin rendición. Ni cuando se quedó con diez hombres por la expulsión de Manu Barreiro.

Antes, José Carlos, un nuevo José Carlos, nada que ver con el que aburrió en el 2016, había igualado la contienda. Un caracoleo infinito precedió a un latigazo con premio. 

El 2017 tampoco trajo un mejor trato arbitral. El criterio de Figueroa Vázquez siguió los mismos parámetros que finales del 2016. Penalizó con mayor rigor al Nàstic que al Tenerife. Perdonó la roja a Raúl Cámara pero se mantuvo estricto con la reglamentación con Manu Barreiro y el tiempo reglamentario. Añadió dos minutos con tres cambios. Y lo peor, pitó el final con un saque de esquina favorable al Nàstic.

La ilusión por iniciar el año con victoria se evaporó y deja al Nàstic a cinco puntos de la salvación.

 

 

 

 

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