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Fantasía agónica

Un gol de Edgar Hernández a los 88 minutos rompe la telaraña del Xàtiva y consuma el éxito del CF Reus, que ya es equipo de play off de ascenso de forma matemática. Los rojinegros se jugarán el primer puesto en la última fecha

Marc Libiano Pijoan

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Los jugadores celebrando que el CF Reus ya es un equipo de play off. Foto: Alfredo González

Los jugadores celebrando que el CF Reus ya es un equipo de play off. Foto: Alfredo González

Ricardo se dirigió a la esquina con el Reus desbocado, exigido por el clamor de sus hinchas, enfurecidos. Se dibujó la estampa de un estadio británico. El córner significó inyección vital, un bocado de esperanza. En el Estadi sonó la sinfonía de la épica. El ruido de las gargantas alentó al Reus, fatigado tras un ejercicio de compromiso abrumador que obligó al Xàtiva a refugiarse en la trinchera.

A Ricardo se le quedó corto el servicio, aunque el rechace cayó en los pies del flautista de la calle Llovera, del guitarrista de las Ramblas. Vítor, ya con las medias bajadas como Calderé en México 86, se había guardado una última delicia. El golpeo con su pierna derecha creó una rosca maravillosa, deliciosa para Santillana. En él se reencarnó Moyano, que arrastró al primer palo poderoso. Su testarazo, con el pecho manchado sobre el verde, salió asistencia.

Aquel balón se dirigió como un imán a los pies de Edgar Hernández, que había cogido la postura en el diván del segundo poste. Edgar culminó con la izquierda. A un toque. Clack. Y salió corriendo como un simpático tarado. Su viaje delirante acabó en el destino de los fisios. Fue un agradecimiento eterno a un mes de lucha física, apartado del equipo por unas malditas molestias en el cuádriceps. Edgar parece iluminado. Repitió el éxtasis copero ante el Lleida. Esta vez, su gol, cuando se habían consumido 88 minutos, abre la puerta del play off. Matemáticamente inapelable. En realidad, el partido se mantuvo en el alambre por la falta de contundencia del Reus, que enseñó 60 minutos de fútbol preciosista, arropado en el buen gusto de su propuesta. También porque el juez decidió quitarle un premio legal a David Haro, tras una acción colectiva majestuosa, en plena inauguración de la tarde.

Ángel generó sorpresa en uno de sus despliegues por la autovía izquierda. Conquistó el fondo y antes de poner la pelota levantó la frente, tal y como se les enseña a los niños de la Academia. El lateral de la barba inacabable cedió atrás porque vio a Folch llegar, como hambriento. La finalización del canterano chocó con Diego, aunque el rechace del arquero murió en los pies de Haro, que sólo la acarició. Fue gol sin discusión. Para todos menos para la justicia.

Los de Natxo se dedicaron a descoser telarañas con una sutileza gourmet. El enemigo les invitaba a atacar casi sin descanso. El Xàtiva se replegó entorno su campo de minas y esperó despistes. No los halló porque se topó con un Reus especialmente dinámico con el balón, lúcido para romper líneas e infundir pánico, con Vítor liberado por todo el frente de ataque. El luso sintió la plenitud sin cadenas tácticas. Detrás de él trabajaban con disciplina Folch, Rafa y Garai. Vítor sacó el polvo de su exterior izquierdo para dedicarle un rock and roll de Elvis a Fran, que ya volaba al espacio. El diabólico atacante no finalizó con precisión clínica y segundos después, tras un golpe desmesurado, necesitó abandonar el césped. Ricardo, especialmente entusiasta, ocupó su ausencia.

Un disparo cruzado de Vítor y un remate escorado de Cassamá completaron la nómina de méritos del Reus, que se marchó al respiro entre dos aguas. Había dado mucho para merecer tan poco. Se habría un escenario mayúsculo. Cómo los rojinegros iban a gestionar la angustia. Prueba de madurez.

Vítor, en una falta a pierna cambiada, obligó a Diego a acudir al ángulo para evitar el 1-0. El meta decoró una palomita tras misil de Ricardo, que veía el arco con el ceño fruncido. Natxo soltó a Edgar Hernández y Colorado en una rotación lujosa, en esos instantes en donde las pulsaciones cogen ritmos poco saludables.

La fe devota del Reus terminó por desnudar al Xàtiva cuando más fuerte parecía su rostro. En una de esas estampas más propias de Anfield que del Estadi, con la gente de pie pidiendo esfuerzo y suplicando el gol. Edgar regaló euforia y en plena invasión, Yvan Castillo y Badia se guiñaron el ojo.

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