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Deportes Tiempo muerto

Joan Roig, el hermano mayor del ADT

Su función es motivar a los jugadores para que saquen lo mejor de sí mismos. Aporta su experiencia de su etapa como jugador de hockey de alto nivel

Javier Díaz Plaza

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Joan Roig, en el Casal Esportiu de Riu Clar, feudo de la Asociación Deportiva Torreforta. Foto: pere ferré

Joan Roig, en el Casal Esportiu de Riu Clar, feudo de la Asociación Deportiva Torreforta. Foto: pere ferré

Cada jugador tiene una hoja pegada en la espalda y va escribiendo en las de sus compañeros todo lo positivo que le aportan. Esta técnica sirve para hacer piña, para fortalecer los lazos dentro del equipo. El cambrilense Joan Roig la aplica en algunos entrenamientos de la primera plantilla de la Asociación Deportiva Torreforta (ADT), que milita en Copa Catalunya. Desde el incio de la temporada es su coach deportivo. Su función es motivar y dar seguridad a los jugadores. Que se sientan parte importante del proyecto, integrados, y sean capaces de dar lo mejor de sí mismos.

«Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con qué pasará y otras que hacen que suceda». Esta es la frase con la que Roig da la bienvenida a aquellos que entran en su página web (joanroigcoach.com).

Cada deportista es diferente. Cada uno tiene sus propias cualidades y sus propias emociones. Piensan, sienten, se preocupan por cosas importantes para unos, banales para otros. A lo largo de una temporada tienen altos y bajos, ya sea por motivos físicos o de cabeza. Por rachas, por problemas personales. «Todos los jugadores pasan por buenos y malos momentos. Yo les ayudo a encontrar el rendimiento más estable. Es un aprendizaje para encontrar la excelencia en su juego», explica el de Cambrils.

Roig conoce bien lo que pasa por la vida de un deportista. Fue jugador de hockey a alto nivel durante diez años. Debutó muy joven, con sólo 17 años, en el primer equipo de su pueblo, el Cambrils Club Hoquei, en Nacional Catalana. Luego pasó por el Vendrell, con el que consiguió el ascenso a la Ok Liga (dejó el equipo sin debutar en la máxima categoría) y el Vila-seca, en Nacional Española. Con 22 años formó parte de la selección español absoluta B. Eso le convierte en alguien cercano para los integrantes del ADT, casi todos de veintipocos. Es como su hermano mayor.

«Me siento identificado con ellos y les aporto mi experiencia, pero son ellos los que deciden cómo hacer las cosas, cómo entrara a canasta, cómo ir a por un rebote, ser blandos o agresivos… Yo les explico lo que he vivido y lo pueden coger o no, es un dato más que tienen, pero cada uno hace las cosas a su manera», apunta.

El pasado ya no se puede cambiar y el futuro es impredecible. Lo que vale es el presente. «Siempre nos fijamos en las cosas que hacemos mal, pero si escribiéramos en un papel las que hacemos bien, veríamos que están son más», apunta. La confianza es fundamental. «Nuestro principal rival no es el jugador o el equipo contrario, sino nosotros mismos. Sucede que si fallas varios tiros a canasta, al final no tiras más por miedo a fallar», dice. Para ello, Roig intenta que el diálogo interior que todos tenemos sea potenciador en lugar de desmotivador.

El cambrilense se junta con los jugadores una hora en los entrenamientos de los lunes. «Hacemos un trabajo de conciencia de lo que hemos aprendido». Antes de cada encuentro en casa, en el Casal Esportiu de Riu Clar, también tiene una charla previa con ellos. Además, está a su disposición porque si necesitan ayuda a nivel individual. «El coaching es un juego de preguntas y respuestas», dice.

Un coach no es un psicólogo. No mira atrás para ver el origen de los problemas, sino que acompaña a los jugadores: «Si ellos se caen, yo caigo con ellos y les ayudo a levantarse». Es una figura rara en el mundo del deporte, aunque empieza a asomar la cabeza. La campeona olímpica de bádminton Carolina Marín estuvo acompañada en Río de Janeiro por su coach. «Hace treinta años tampoco era normal que hubiese preparadores físicos y fisioterapeutas y ahora hay en todos los equipos. Con los coach pasará igual», señala Roig, que también trabaja con particulares.

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