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Juan Antonio Anquela (Huesca). 'El creador del Alcorconazo'

Juan Antonio Anquela impulsó su figura como técnico tras aquella eliminatoria de Copa de 2009 en la que el Alcorcón eliminó al Madrid. Hoy dirige al Huesca, rival del Reus este sábado

Marc Libiano Pijoan

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Anquela saluda a Raúl durante el Madrid-Alcorcón de 2009, en el Bernabéu. Foto: EFE

Anquela saluda a Raúl durante el Madrid-Alcorcón de 2009, en el Bernabéu. Foto: EFE

 

La vida de Juan Antonio Anquela (Linares, 1957) cambió por completo un 27 de octubre de 2009, cuando aquel Alcorcón que él lideraba desde la estrategia y que  combatía en Segunda B, maltrató al Madrid con cuatro goles sorprendentes y que dieron un vuelco al firmamento futbolístico. Era el Madrid de Pellegrini, de Raúl, de Guti, el Madrid de la reconstrucción, con Florentino en plan Mesías, y Ronaldo en el papel de salvador. Nada pudo detener al Alcorcón de Anquela, que en la reválida de vuelta no solamente mantuvo el tipo en el Bernabéu, cayó con dignidad (1-0) y firmó un pase de leyenda.
 «Aquello fue un accidente, uno de esos regalos que, muy de vez en cuando, te deja el fútbol», ha llegado a declarar Anquela, uno de esos currantes de los banquillos, con poco glamour en el apellido, pero de una dignidad en los conocimientos tácticos irreprochable. El Alcorcón de Anquela alcanzó el ascenso a Segunda División esa misma temporada. Fue el germen de un proyecto que se ha asentado en el profesionalismo. Aquella plantilla bautizó a su entrenador con un apodo reconocible, Anquelotti. «Me cambió la vida, pero no la humildad», reflejó el protagonista por aquel entonces. Hoy se desvive por hacer crecer al Huesca. En El Alcoraz ha instalado su oficina y su pizarra.
Adicto al fútbol
Admirador del modelo Del Bosque, Anquela ha vivido arropado al fútbol desde chico. Fue jugador a medio camino entre Segunda B y Segunda. Con el Elche alcanzó un ascenso a Primera. El Jaén le vio debutar ya en el papel de entrenar. En este caso como miembro del cuerpo técnico que lideraba Tolo Plaza, allá por el año 2000. 
El camino de aprendizaje maduró en Huesca, Melilla y Águilas, antes de aterrizar en Alcorcón, en ese modesto club que él y su sabiduría colocaron en la élite. Cuatro temporadas (2008-12 modificaron el rumbo del equipo que sigue defendiendo su prestigio en el estadio de Santo Domingo. El tránsito del bronce a la plata, la gesta copera y un ligoteo sin correspondencia final con el play off de ascenso a Primera acentuaron el prestigio de Ancelotti, al que se le abrieron las puertas de la máxima categoría en verano de 2012. Granada y Los Cármenes, ese lugar con embrujo, a la vera de la majestuosa Alhambra acogieron al revolucionario del fútbol. Allá se dirigió Anquela, con el mismo rostro de siempre, alejado de los de vendedores de humo.
«Siento la presión de entrenar en Primera, me ha costado tanto que no puedo fallar», llegó a declarar. En realidad, el Granada sumó 20 puntos en 21 partidos, aunque ese bagaje no le sirvió. El 30 de enero de 2013 cayó destituido y el sueño se rompió. En todo caso, jamás le faltó trabajo. El Numancia le ofreció cobijo de 2013 a 2015. Las notas en Soria cumplieron pronósticos, con el Numancia, la escuadra de Los Pajaritos, engalanado en Segunda, sin reproches y como modelo de coherencia y cerebro sensato.
En Huesca se aferraron al efecto Anquelotti  en noviembre del pasado año. Querían combatir fantasmas relacionados con el precipicio. Amenaza el descenso y el técnico conectó su plan para liberar a los aragoneses. Lo logró con el método de sencillez que siempre le ha distinguido. Hasta el punto que el Huesca acabó por sentir la comodidad. De ahí que sus dirigentes decidieran ampliar el vínculo. En El Alcoraz viven tiempos de calma. El estreno de la nueva era no se ha desmarcado de cordura. El Huesca camina tranquilo, asentado en la novena plaza, con 15 puntos y sin ramillete de recursos del que presumir. El sábado espera a casi un hermano gemelo, porque el Reus de Natxo enseña rasgos comunes. La batalla premia a dos actores no invitados a los privilegios, aunque rebeldes ante los poderosos. Huesca-Reus, un duelo de traviesos y entusiastas sin prejuicios.

La vida de Juan Antonio Anquela (Linares, 1957) cambió por completo un 27 de octubre de 2009, cuando aquel Alcorcón que él lideraba desde la estrategia y que combatía en Segunda B, maltrató al Madrid con cuatro goles sorprendentes y que dieron un vuelco al firmamento futbolístico. Era el Madrid de Pellegrini, de Raúl, de Guti, el Madrid de la reconstrucción, con Florentino en plan Mesías, y Ronaldo en el papel de salvador. Nada pudo detener al Alcorcón de Anquela, que en la reválida de vuelta no solamente mantuvo el tipo en el Bernabéu, cayó con dignidad (1-0) y firmó un pase de leyenda.

«Aquello fue un accidente, uno de esos regalos que, muy de vez en cuando, te deja el fútbol», ha llegado a declarar Anquela, uno de esos currantes de los banquillos, con poco glamour en el apellido, pero de una dignidad en los conocimientos tácticos irreprochable. El Alcorcón de Anquela alcanzó el ascenso a Segunda División esa misma temporada. Fue el germen de un proyecto que se ha asentado en el profesionalismo. Aquella plantilla bautizó a su entrenador con un apodo reconocible, Anquelotti. «Me cambió la vida, pero no la humildad», reflejó el protagonista por aquel entonces. Hoy se desvive por hacer crecer al Huesca. En El Alcoraz ha instalado su oficina y su pizarra.

Adicto al fútbol

Admirador del modelo Del Bosque, Anquela ha vivido arropado al fútbol desde chico. Fue jugador a medio camino entre Segunda B y Segunda. Con el Elche alcanzó un ascenso a Primera. El Jaén le vio debutar ya en el papel de entrenar. En este caso como miembro del cuerpo técnico que lideraba Tolo Plaza, allá por el año 2000.

El camino de aprendizaje maduró en Huesca, Melilla y Águilas, antes de aterrizar en Alcorcón, en ese modesto club que él y su sabiduría colocaron en la élite. Cuatro temporadas (2008-12) modificaron el rumbo del equipo que sigue defendiendo su prestigio en el estadio de Santo Domingo. El tránsito del bronce a la plata, la gesta copera y un ligoteo sin correspondencia final con el play off de ascenso a Primera acentuaron el prestigio de Anquelotti, al que se le abrieron las puertas de la máxima categoría en verano de 2012. Granada y Los Cármenes, ese lugar con embrujo, a la vera de la majestuosa Alhambra acogieron al revolucionario del fútbol. Allá se dirigió Anquela, con el mismo rostro de siempre, alejado de los de vendedores de humo.

«Siento la presión de entrenar en Primera, me ha costado tanto que no puedo fallar», llegó a declarar. En realidad, el Granada sumó 20 puntos en 21 partidos, aunque ese bagaje no le sirvió. El 30 de enero de 2013 cayó destituido y el sueño se rompió. En todo caso, jamás le faltó trabajo. El Numancia le ofreció cobijo de 2013 a 2015. Las notas en Soria cumplieron pronósticos, con el Numancia, la escuadra de Los Pajaritos, engalanado en Segunda, sin reproches y como modelo de coherencia y cerebro sensato.

En Huesca se aferraron al efecto Anquelotti en noviembre del pasado año. Querían combatir fantasmas relacionados con el precipicio. Ante la amenaza el descenso, el técnico conectó su plan para liberar a los aragoneses. Lo logró con el método de sencillez que siempre le ha distinguido. Hasta el punto que el Huesca acabó por sentir la comodidad. De ahí que sus dirigentes decidieran ampliar el vínculo. En El Alcoraz viven tiempos de calma. El estreno de la nueva era no se ha desmarcado de cordura. El Huesca camina tranquilo, asentado en la novena plaza, con 15 puntos y sin ramillete de recursos del que presumir. El sábado espera a casi un hermano gemelo, porque el Reus de Natxo enseña rasgos comunes. La batalla premia a dos actores no invitados a los privilegios, aunque rebeldes ante los poderosos. Huesca-Reus, un duelo de traviesos y entusiastas sin prejuicios.

 

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