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La 'Barba' más indomable

Marcos De la Espada deja en Tarragona una trayectoria de cuatro temporadas y 44 goles que le han convertido en uno de los jugadores más queridos por la grada del Nou Estadi

Jaume Aparicio López

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Marcos De la Espada en una de sus celebraciones más utilizadas para disfrutar del sabor dulce del gol. Foto: Lluís Milián

Marcos De la Espada en una de sus celebraciones más utilizadas para disfrutar del sabor dulce del gol. Foto: Lluís Milián

La salida de Marcos De la Espada no ha dejado a nadie indiferente. La confirmación oficial de la no renovación del atacante balear generó inmediatamente un alud de comentarios en las redes sociales. La hinchada grana quiso mostrar todo el cariño que siente por uno de sus ídolos con multitud de mensajes y fotografías de agradecimiento. Varios compañeros de vestuario también expresaron su adoración hacia el ‘killer’ de Pollença, uno de los grandes jugadores del Nàstic de las últimas cuatro temporadas. Cuatro años de romance pasional con la grada. Con sus arrebatos de odio y de amor incondicional a partes iguales.

Marcos es un jugador diferente. Un futbolista que vive el fútbol sin manual. Lo hace a su ritmo. En ocasiones con notas sueltas y pausadas de ukelele. En otras con un redoble guiterrarero del punk más descarado. Un estilo particular y atípico de cumplir el papel que le corresponde en un mundo que no casa del todo con su forma de entenderlo.

Marcos comprende el juego, lo disfruta y lo ama, siempre y cuando se encuentre en un rectángulo verde. Sobre el pasto sale la cara más clásica de la moneda. De la Espada es un nueve de la vieja escuela, un jugador aguerrido, con un físico idóneo para tareas embarradas y combates cuerpo a cuerpo. Disciplinado con los tacticismos y los movimientos preprogramados en la pizarra, sólo se rebela cuando la pelota entra en su campo de acción. El cuero activa la imprevisibilidad de sus acordes eléctricos. Los golpes inverosímiles y las filigranas exquisitas poseen al balear irremediablemente.

Fuera del campo brota su espíritu libre. El alma de surfero, de hipster irreverente incapaz de pasarse el rato en disquisiciones futbolísticas. No, cuando se puede destinar el tiempo a montarse en su Wolkswagen Transporter restaurada rodeado de buena compañía. La de Xisco Campos es, sin duda, la mejor que ha podido encontrar en Tarragona. Dos tipos corrientes, sin ínfulas, que han formalizado un pacto Binissalem-Pollença difícil de establecer en la isla. Juntos se marcaron un reto, subir a Segunda con la camiseta grana. Lograrlo fortaleció aún más las cadenas forjadas en infinitud de reuniones ‘familiares’.

Que el tercer tanto ante el Huesca llevara la firma del delantero balear tuvo algo de justicia divina. En las dos finales de play-off –la de Llagostera y el Nou Estadi– Marcos De la Espada partió del banco. En la primera por idealista y fiel. Salió en el segundo acto y marcó. Porque Marcos se va de Tarragona con un saco de goles. 44 dianas. Más de diez por temporada. Una media que inhabilita las críticas de quienes le acusan de ser un delantero ineficaz.

El divorcio Nàstic-Marcos se veía venir. La temporada ha sido extraña. Lesiones, rechazos y desencuentros. La última palabra ha sido del club. Una decisión legítima –el fútbol no entiende de romanticismos– que pone a Marcos al volante de la ‘Transporter’ en busca de un nuevo destino y viendo en el retrovisor el legado imborrable que deja en Tarragona.

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