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Deportes Oyarzabal, el héroe

La Real reina en la Copa del Rey

El conjunto ‘txuri urdin’ emuló a la histórica generación de los ochenta y conquistó el trofeo 34 años después

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Oyarzabal celebra el tanto conseguido de penalti que terminaría siendo decisivo. FOTO: EFE

Oyarzabal celebra el tanto conseguido de penalti que terminaría siendo decisivo. FOTO: EFE

Varias generaciones de aficionados de la Real Sociedad, que crecieron entre los relatos de padres y abuelos sobre aquel equipo mágico de los ochenta, capaz de conquistar dos Ligas en 1981 y 1982 y una Copa del Rey en 1987, ya saben también lo que es ver a su equipo levantando un trofeo. A los que estén por venir les hablarán de los Oyarzabal, Merino, Silva o Isak como a ellos les narraron las andanzas de los Arconada, Górriz, Satrústegui o Zamora. Les dirán que fueron campeones ante el eterno rival, el Athletic, en un tiempo extraño, sin espectadores en las gradas, pero con la pasión de siempre en la distancia. Contarán que el héroe llevaba el brazalete de capitán y convirtió con aplomo de líder un penalti que significó el triunfo 34 años después y que curiosamente, fue cometido por un canterano realista que en su día hizo las maletas y se fue a Bilbao.

En medio de una mayor posesión de balón ‘txuri urdin’ y con la presión alta de los leones, la lluvia arreció pronto Sevilla, para pintar una escena más propia de tan norteño duelo. Bajo el aguacero, un veterano de guerra como Raúl García fue el primero en llevar la taquicardia al espectador realista. La puso Williams al segundo palo, controló el navarro y voleó para obligar a Remiro a intervenir por primera vez.

A la Real, tan inclinada al fútbol de toque, se le atragantaba la feroz presión rojiblanca, dificultando la habitual aseada salida de balón de los hombres de Imanol. Acostumbrado a jugar mucho en campo rival, el conjunto donostiarra sufría esta vez para imponer su estilo. Nada mejor que recurrir al talento de hombres como Silva o Merino para desengrasar el centro del campo guipuzcoano. Tocando por dentro, pero también a través de la movilidad y la velocidad de Isak y Portu, logró el equipo ‘txuri urdin’ hacerse dueño del partido.

Ni rastro de los grandes nombres en el Athletic durante demasiados minutos. Con Muniain, Williams o Raúl García sin peso en el juego, el guion había variado dramáticamente para los intereses vizcaínos. Sin embargo, cuando más cómoda parecía la Real, su adversario se desplegó a través del liderazgo de Muniain y el juego aéreo. El capitán avisó de cabeza e Iñigo Martínez lo probó con un disparo lejano que obligó a Remiro al lucimiento a mano cambiada.

A tenor de lo visto en los primeros 45 minutos, bien se puede afirmar que la Real dominó en cuanto al control del balón, tal y como se esperaba, pero fue el equipo bilbaíno el que llegó más, aunque sin méritos suficientes como para desequilibrar el marcador. En cualquier caso, al intermedio se llegó bajo el signo de la igualdad esperada con tanto en juego y semejante rivalidad histórica de por medio.

Al regreso de vestuarios, una mano de Iñigo Martínez al borde del área pudo desequilibrar el partido, pero tras revisión en el VAR de una jugada casi imposible de determinar al 100 % a tenor de las imágenes, se decretó la falta fuera y por tanto se descartó el penalti. Salvó los muebles el central internacional español, pero el alivio le duró apenas unos minutos. Merino dibujó con su cotizada zurda un pase en profundidad de auténtica delicia, Isak exprimió su velocidad y el ‘4’ rojiblanco, un canterano de la Real, derribó al sueco en el área. Estrada Fernández decretó esta vez la pena máxima, muy clara, y mostró la cartulina roja al defensa del Athletic, pero rectificó tras la intervención del videoarbitraje al entender que la acción fue en disputa del balón y lo dejó en amarilla.

Oyarzabal, un consumado especialista con algún que otro borrón en los últimos tiempos, no falló desde los once metros a pesar de la presión de la historia sobre sus hombros. El capitán ejerció como tal a la hora de la verdad. Golpeado, pero aún vivo, el Athletic ya se vio obligado a echar el resto en busca de la igualada.

Movió el banquillo el estratega Marcelino, pero nada dio el fruto esperado pues la Real de Imanol se defendió como mejor sabe hacerlo, con el balón, y preservó un triunfo que le dio el reinado de la Copa del Rey.

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