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La nueva vida de Ramon Folch

El  reusense ha descubierto la dimensión de un club con tradición como el Oviedo, rival del Reus el domingo. Le reconocen en la calle y en los restaurantes, aunque no ha modificado sus hábitos. Se estrenó en el espectacular Carlos Tartiere ante 15.000 hinchas

Marc Libiano

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Folch visitó recientemente el Museo del Jurásico de Astúrias con sus sobrinos. Foto: Cedida

Folch visitó recientemente el Museo del Jurásico de Astúrias con sus sobrinos. Foto: Cedida

El Tartiere rugía en la fecha inaugural. 15.000 hinchas ansiaban ese primer éxito ante el Rayo, en el escenario imponente que reina sobre la bella ciudad asturiana. El Rayo hacía honores tradicionales en un partido de Primera instalado en Segunda. Ramon Folch (Reus, 1989) asomó por el césped como nuevo eje de Anquela, aquel técnico que maravilló en Alcorcón y eliminó al Madrid de Ronaldo, Guti y Raúl en la Copa. Ocurrió en 2009. Anquelotti le llegaron a llamar.

El centrocampista reusense quedó asombrado por esa fidelidad del carbayón hacia su Oviedo. Ni siquiera en la derrota apareció la rendición. El Rayo conquistó tierra prometida con un 2-3 atractivo, pero hubo algo en los chicos de Anquela que levantó el entusiasmo de la gente. El orgullo de ir hasta el final, de no plantar nunca la bandera blanca, provocó el perdón del respetable. Dolió menos el tropiezo.

Ramon Folch ha descubierto en casi dos meses la dimensión del Oviedo, un club con una historia de respeto y admiración que ha necesitado reinventarse para regresar a la élite. Ni siquiera en esos años de pena y nostalgia en Segunda B sufrió el abandono de sus hinchas. Las dificultades, en lugar de alejar el sentimiento, lo reforzaron. El excapitán del Reus comprendió parte del significado del Oviedo el mismo día de su presentación oficial. Una hora antes del acto quedó citado en el estadio para cuidar al dedillo la comparecencia pública, siempre con los colores de su nuevo club en el rostro. Un puñado de aficionados, algunos de extrema juventud, le esperaban en la grada para darle la bienvenida.

Ya en la primera semana de la pre-época, en la Ciudad Deportiva de El Requexón, 300 personas se dedicaban a mirar y a analizar con lupa las sesiones de trabajo. En la actualidad, Anquela no ha cerrado los entrenamientos al público. El Oviedo casi nunca trabaja solo. Siempre siente el apoyo de cerca de un centenar de fieles. Y eso que los accesos a El Requexón no facilitan la comodidad. A 20 minutos de la ciudad, un camino estrecho, casi rural, sólo permite el paso de un coche. Cuando hay overbooking resulta obligatorio la maniobra y algún milagro para aligerar el tráfico.

En las calles céntricas de la capital asturiana, el centrocampista recibe el reconocimiento de los ovetenses a menudo. También en el restaurante que acostumbra a visitar. El trato de los propietarios resulta tan amable que, en más de una ocasión, le han ido a buscar a la pescadería ese pescado delicatesen para el futbolista.

Desde que se mudó al nuevo destino, junto a su pareja Meritxell, licenciada en periodismo, no ha sentido la soledad. La familia le ha visitado con frecuencia. El calor de sus cinco sobrinos Quim, Artur, Aleix, Arlet y Biorn le han reforzado de cara a una aventura exigente, pero apasionante.

El domingo abrirá las puertas del Tartiere a ese Reus que logró capitanear y llevar a un sueño casi imposible; el fútbol profesional. Partido de reencuentros y recuerdos imborrables. Día de sentimientos encontrados.

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