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'PlayMaikel' Mesa

Con Rodri, el centrocampista canario se ha convertido en un jugador total en la mediapunta, explotando su faceta más goleadora. Suma ya cuatro tantos

Jaume Aparicio

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El Nàstic tuvo que lidiar con varios equipos para hacerse con los servicios de Maikel Mesa. Los responsables del club tarraconense se movieron rápido. Antes de que se materializaran las ofertas de sus rivales, ya le habían echado el lazo al futbolista canario. De lo mejor que tuvo el Mirandés en su retorno a la Segunda B.

La confianza en la sala noble del Nou Estadi en el acierto del fichaje era total desde el verano. La pretemporada exhibió una exquisita asociación entre Tejera y Maikel Mesa. Uno de ‘6’ y otro de ‘8’. Dos interiores con un enorme talento innato y un potente despliegue físico para imponer su ley en toda la zona ancha del terreno de juego.

El enlace no echó chispas al comienzo de la temporada. Aquejado de los mismos problemas que el resto del equipo, la sociedad Tejera-Mesa parecía en bancarrota. La única ‘venta’ exitosa fue en Reus. Con aquel zapatazo del canario que fusiló a Edgar Badia para equilibrar el derbi.

Llegada de Rodri
El cambio en el banquillo del Nàstic modificó los roles de ambos. Sergio Tejera se pasó al doble pivote. Con Gaztañaga cubriéndole las espaldas, el centrocampista de Nou Barris dispone de perspectiva idílica para desplegar su agudeza visual del juego y de los espacios. Lástima que los problemas físicos le hayan dejado sin participar cuando su socio en la medular, Jon, haya empezado a mostrar su mejor versión.

Para Maikel Mesa el cambio de papel fue más bestia. Rodri reparó enseguida que tenía delante a un futbolista capacitado física y tácticamente para tomar el mando en la parcela más complicada de todas, la ofensiva. Para convertirse en lo que los anglosajones llaman un ‘playmaker’. Ese jugador desequilibrante, dominador del juego de ataque que aparece para liderar al equipo en los momentos más difíciles. Un ‘jugón’, que diría el periodista Andrés Montes. 

Rodri le ha concedido libertad total. Unas veces partiendo desde la banda, aunque se trate de una cuestión únicamente posicional, de salida. Y otras, cuando el esquema se convierte en ataque en un 4-2-3-1, actuando como ‘enganche’. Un ‘10’ de toda la vida.

Esa ocupación zonal, que exige a los delantero una fijación especial de los centrales -ahí el trabajo espectacular de Manu Barreiro-, y que permite la llegada del canario como una aparición inesperada para los defensas rivales.

Mesa nunca ha destacado por su producción goleadora. En Miranda, la temporada pasada, fue su campaña anotadora más prolífica. Hizo seis tantos. Este curso, tras su doblete ante el Real Valladolid, lleva cuatro. Y no parece que vaya a parar. El tinerfeño se ha destapado y quiere explotar definitivamente en Tarragona.

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