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Un reusense, campeón de Italia de hockey

El reusense ganó su segundo campeonato con el Lodi este fin de semana, además del premio a mejor portero. La próxima temporada jugará en el Trissino

Marc Libiano

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El portero reusense, Adrià Català.

El portero reusense, Adrià Català.

Ver parar a Adri Català (Reus, 1994) por lo menos genera impacto. Es un tipo que ha cambiado la visión de la portería en Italia, aunque le ha costado muchos detractores que han generado enormes sospechas sobre su perfil. En realidad, Català, hijo mayor del exhistórico jugador del Reus Deportiu Josep Maria, no ha terminado de conciliar con los técnicos que le han dirigido hasta el momento, pero el rendimiento y los premios colectivos le dan la razón. Sobre todo la última Liga que acaba de levantar, en la que ha marcado terribles diferencias.

Català se mueve mucho, porque en lugar de esperar a recibir constantes bolazos en su cuerpo, prefiere interpretar y anticipar situaciones. Sus movimientos llaman rápido la atención porque se alejan del estereotipo de portero que siempre se ha manejado en Italia, más estáticos y contemplativos. Cumple su cuarta temporada en Lodi. Llegó tan joven, con apenas 20 años tras dejar el Reus, que jamás imaginó la nómina de trofeos de la que hoy puede presumir. Dos Scudettos, una Copa de Italia y una Supercopa.

Sobre todo su primera aparición por el campeonato transalpino le hizo la piel dura. Recibió críticas por todos lados, pero nunca abandonó su plan. Los detractores le fortalecieron. Maduró a velocidad de vértigo. Los tifosi del Lodi le aman. Le conocen como el muro. Más allá de las preferencias técnicas de los gurús.

El actual Amatori Lodi ha campeonado con un plantel repelto de jóvenes efervescentes, entre los que destacan Giulio Cocco, la próxima temporada flamante fichaje del Porto, Malagoli, Verona o Luis Querido. Domenico Iluzzi ofrece su calor paternal con la experiencia que atesora tras una infinidad de años de carrera. Català ha respondido a la exigencia que pide un puesto tan decisivo como el de arquero. En hockey cualquier aspirante a títulos necesita de un portero de máximo nivel.

Dirigido por el portugués Nuno Resende, el Amatori incendió su templo, el Palacastelotti, este fin de semana, cuando en el cruce definitivo de la final ante el Forte dei Marmi sumó un nuevo Scudetto. Venció por 5-3, con otra actuación para el recuerdo de Adri Català, casi sacado a hombros del recinto en la celebración.

De hecho tuvo serias dificultades en poder progresar hasta llegar donde se encontraban sus padres, Josep Maria y Cori, y su hermano pequeño, Aleix, que viajaron para disfrutar de otra noche de emociones. Català ha saboreado en Lodi, una ciudad de 43.000 habitantes, a escasos kilómetros de Milán, las mieles del hockey profesional. En el centro, una estatua de un hockista indica el amor que ese lugar siente por el deporte del stick. Sus jugadores viven como auténticas estrellas. En cada rincón de la ciudad se les reconoce y se les venera.

Probablemente existe un instante que encumbra la temporada de Català. La semifinal ante el Viareggio le pone en el foco, porque su ramillete de paradas mantuvieron al Lodi con vida. Lo sujetó Adrià. Hubo momentos en la eliminatoria que la escuadra de Alessandro Bertolucci se llenó de meritocracia para alcanzar la final, pero Català lo impidió, ante el asombro del hockey italiano.

El éxito no le ha nublado los ojos. No aparece una explicación demasiado cuerda para entender la salida de Adrià de Lodi este mismo verano. Pone rumbo a Trissino, donde se está construyendo un proyecto repleto de ambición, liderado por Manel Barceló como técnico, que ha pedido al arquero como adquisición innegociable.

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