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Conoce a Luis de la Fuente, el nuevo seleccionador de España

Luis de la Fuente toma el testigo de Luis Enrique. Un técnico forjado en el fútbol vasco y en las categorías inferiores de la selección española

| Actualizado a 08 diciembre 2022 15:35
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Cuando el 8 de julio del pasado año, tres días antes de comenzar la Eurocopa, Luis de la Fuente (Haro, 21 de junio de 1961) dirigió a La Roja en un amistoso mientras Luis Enrique y los suyos estaban confinados por el positivo de Busquets en covid, muchos se preguntaban quién era aquel tipo. No los ‘boomers’. Tampoco en el País Vasco ni en La Rioja. Pero sí los más jóvenes. Porque De la Fuente ha sido siempre un actor secundario de la élite, tanto como futbolista como en su etapa en los banquillos, en la que se especializó pronto en el trabajo con la cantera. Desde que España cayó eliminada a los penaltis ante Marruecos el pasado martes, el nombre de este riojano empezó a agrandarse. Surgieron también otras figuras para reemplazar al asturiano, pero ahora se ha sabido que la suya brillaba más que ninguna.

Allá por los ochenta, este fino lateral zurdo era de esa curiosa estirpe en extinción de los futbolistas con bigote. A caballo entre esa década y la de los noventa había unos cuantos: los Sañudo, Carmelo, Zygmantovich, Tato Abadía, Sánchez Jara, Arteche, Meléndez y, por supuesto, Schuster. Lucía también media melena, hasta que no fue posible seguir haciéndolo.

Porque si algo fue De la Fuente es un clásico ochentero; lateral titular del Athletic del doblete que armó Javier Clemente. Quién no recuerda aquella alineación «Zubizarreta, Urkiaga. ‘Goiko’, Liceranzu, De la Fuente...». Su historia, la de ese puñado de niños que coleccionaban cromos del Athletic y terminaron jugando en San Mamés. Aunque ejerce como riojano siempre que tiene ocasión (en su Haro natal un torneo de categorías inferiores lleva su nombre), su padre era de Bilbao y le llevaba a ver al Athletic a la Catedral. Esa misma ascendencia permitió que con 15 años se incorporara a Lezama captado por Piru Gainza, un mito del equipo rojiblanco. La adaptación fue moderadamente sencilla: en la capital vizcaína vivían sus abuelos y tíos.

Después de una década en la élite, y como les sucedió a muchos de su generación, el cénit le llegó pronto. Se retiró aún joven con una temporada en Segunda B en el Alavés. No fue porque no se cuidara. Recién cumplidos los sesenta luce casi el mismo tipo fruto de una disciplina soviética; obsesivo como es en su trabajo diario, como a la hora de analizar tácticas y adversarios. Lo que le toca a alguien que define el deporte como su vida y que mantiene mucho rigor tanto en el quehacer cotidiano como en la alimentación, el mismo que trata de inculcar a sus futbolistas, aunque no por ello deje de gustarle la buena mesa.

Lo que sí ha cambiado su aspecto es el trabajo en el gimnasio, que le confiere un tipo más fruto del anaeróbico que cuando jugaba al fútbol. Tanto como para bromear en sala de prensa con un desafío a Adama Traoré levantando pesas. La cercanía que transmite es otro ejemplo de un tipo con una gran capacidad didáctica.

Una larga experiencia Como entrenador, pasó por las categorías inferiores del Sevilla, tuvo otras dos breves experiencias en Vitoria, también en Segunda B (Aurrera y Alavés) y pasó, por supuesto, por Lezama; unas instalaciones que han marcado su biografía, como el sentimiento por el Athletic, que inculcó a su hijo Alberto desde el optimismo.

Su peregrinar, el clásico de cualquier entrenador, terminó cuando hace una década se incorporó a la Federación Española de Fútbol para dirigir a la sub 19, que ha alternado con la sub-20, la sub-21 desde la salida de Celades y la olímpica. Una etapa en la que ha sabido adaptarse a la perfección a las preferencias de Luis Enrique y a aplicar un 4-3-3 en el que se siente cómodo, aunque llegara a Las Rozas con el 4-4-2 como configuración por defecto.

Y, además, ejerce otro papel, el de, digamos, confesor-educador de unos futbolistas aún muy jóvenes. Lo admite en una entrevista concedida hace pocos días a este periódico. «Es cierto que este puesto tiene una carga afectiva importante, pero yo lo que trato de hacer con todo el mundo es inculcar una responsabilidad y una exigencia. Una mentalidad que les deje claro que con esfuerzo, todo se consigue. Me da igual que sean jóvenes o no, lo que me importa es que maduren y que lo hagan con estos valores. Y que entiendan que no hay que dejar nunca de aprender, tengas 20 o 30 años».

Comentarista...

Por el camino, Luis de la Fuente también ha ejercido como comentarista en partidos de las categorías inferiores de La Roja. No se le da mal lo de la comunicación, como lo demuestra en unas ruedas de prensa en las que se explica con amplitud al responder a todas las cuestiones. Es cierto, la selección absoluta es otra historia. Hay más crispación, preguntas con contestaciones más inciertas. Pero este caballero del fútbol, seguro que las atenderá con esa exquisita educación y amabilidad que definen su carácter amable y conciliador.

Tras la medalla de plata en Tokio hace un año, su sueño incumplido fue ganar el oro, se propuso seguir creciendo como entrenador y abriendo camino a las nuevas generaciones. En gran parte ya lo ha conseguido como Pedri, Gavi, Pau Torres, Ferran, Nico... Ahora les tendrá en frente. Se conocen. Con su llegada a lo más alto del fútbol nacional, De la Fuente ha alcanzado la felicidad futbolística máxima. Ya está en el centro de atención, pero él seguirá siendo discreto, convencido de que ese el camino para triunfar. Igual también dedica unos minutos a recordar aquellos años también de gloria en los que ganó dos ligas y una Copa.

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