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La fiebre inauguradora

Maribel Millan

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Si la semana pasada hablábamos de la fiebre inauguradora de Mariano Rajoy a raíz de un acto en el tramo de la autovía A-7 en Andalucía (en el que se dio por finalizada del todo la construcción de esta infraestructura), esta semana le ha tomado el relevo la ministra de Fomento. Ana Pastor ha estado de tour inaugurador en dos puntos próximos a las Terres de l’Ebre. Primero en la A-27 en el Camp de Tarragona, y ayer mismo en Vinaròs , por la entrada en servicio de una variante de la N-340 entre esta ciudad capital del Baix Maestrat y su vecino Benicarló. Este tramo de la carretera nacional, señalizado desde hace años como de ‘concentración de accidentes’, arranca unos metros pasado el río Sénia, en la frontera con Catalunya, y llega hasta cerca de la ciudad turística de Peñíscola, muy concurrida en verano. Ambas eran obras necesarias que se han demorado en el tiempo y que por fin darán servicio a los ciudadanos, también de pasada y ocasionalmente a los de las Terres de l’Ebre, que siguen siendo las grandes olvidadas de Fomento. Y no sólo de Fomento... aunque últimamente nos hemos acostumbrado a dar la culpa de todos nuestros males a Madrid. Y no siempre es así.

Pero volviendo a Fomento y a la fiebre inauguradora ante las elecciones del 20 de diciembre, Ana Pastor ha hecho algunos anuncios sobre la N-340, A-7 y AP-7 (redacción de proyectos para la autovía, bonificaciones para camiones en la nacional, no renovación de concesiones), que aunque no responden estrictamente a las demandas urgentes del territorio, estaría bien que se cumplieran.

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