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Dulce nostalgia

Golosinas, videojuegos, cromos de coleccionismo y dibujos ochenteros, la pasión del empresario Paco Montoro convertido en un negocio

Jaume Aparicio López

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Paco Montoro, propietario de la singular Sweet Mario, en la que se mezclan golosinas y productos nostálgicos. FOTO: Pere Ferré

Paco Montoro, propietario de la singular Sweet Mario, en la que se mezclan golosinas y productos nostálgicos. FOTO: Pere Ferré

Entre las modernas calles del Vall de l’Arrabassada de Tarragona se esconde una auténtica joya de la nostalgia que gustará a grandes y pequeños. La propuesta de Paco Montoro (Tarragona, 36 años) con Sweet Mario (C/Narcís Oller, 7, Tarragona) es ofrecer recuerdos tangibles de los 80’s y 90’s en un formato único y peculiar de tienda de chucherías. 

Cuando entras en el establecimiento el dulzor que te asalta es incuestionable. A los niños y niñas se les hace la boca agua y a los mayores les transporta a una infancia de ‘chupachups’ Koyak, lenguas picantes, corazones de fresa y duros caramelos de melón con esa frescura interior de extremos. O te encantaba o la denostabas. Los tres sabores siguen vigentes con una presentación actualizada. Las golosinas solo son una parte de este moderno baúl de los recuerdos en el que lo mismo encuentras los actuales Funko Pop (figuras coleccionables de vinilo en forma de muñecos cabezones) y Superzings hasta juegos de Game Boy o sobres de cromos de la Liga 96/97. 

«No acepto el pago por tarjeta, pero si alguien no lleva efectivo puede pagar con bizum»

Cansado de la rutina contable a la que le obliga la asesoría que abrió con su mujer hace unos años, Montoro se volcó en hacer realidad su pasión y convertirla en su negocio. Economista de formación elaboró un concienzudo plan de negocio para levantar la expresión empresarial de todas sus aficiones. Un poco de dulce, otro de videojuegos, una vuelta de coleccionismo y un pellizco de merchandising para ofrecer un cóctel ‘freak’ que hará las delicias de los amantes de la nostalgia y enganchará a los más jóvenes. 

«Esto es lo que me gusta. Estar en la tienda es divertirme. Me encanta organizar competiciones en las dos máquinas recreativas y ver cómo los clientes, sean niños o mayores, disfrutan de su estancia en la tienda», cuenta. Esas dos máquinas de arcade son las joyas de la corona. Contienen el pasado de millones y millones de personas que alguna vez se han sentado ante una pantalla para disfrutar de un videojuego. «Hay juegos desde Atari hasta PlayStation 2, pasando por las consolas más legendarias». Horas y horas de diversión condensadas en formatos de cinco minutos por euro. 

Abrió la tienda en febrero de 2020, que situó delante del futuro emplazamiento de la Escola l’Arrabassada -aún en construcción- y a un paso del Nou Estadi. Una ubicación inteligente que, si bien, todavía no ha podido disfrutar. Las obras del colegio-instituto van con retraso y el Nàstic no ha abierto sus puertas al público desde la declaración del estado de alarma por parte del Gobierno, en marzo de 2020. Y es que cuando abrió Sweet Mario hace un año poco se imaginó que debería lidiar con una pandemia mundial que le iba a obligar a tener la tienda cerrada durante muchos meses. Un periodo que ha aguantado y que desea dejar atrás impulsado por sus novedosas y atractivas propuestas.

Por ejemplo, los torneos y retos en las máquinas arcade con variedad de premios o el intercambio de cromos. Una actividad que descubrió en una visita a Zaragoza y que le atrajo. «Tengo todo pensado, con un espacio destinado a que los clientes puedan venir a intercambiar cromos», cuenta. 

Solo hay una de sus grandes aficiones que todavía no ha encontrado cabida en la tienda: el Nàstic. «Me encantaría poder vender algo de marketing del equipo de mi corazón. Pero hoy por hoy no es posible. Me conformo con poner detalles propios que hagan presente el grana».

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