Economía de código abierto

El Covid-19 dispara la innovación abierta, el trabajo en red y la producción distribuida en torno a una industria sanitaria de emergencia

Rafael Servent

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Pantallas faciales impresas por la plataforma del Camp de Tarragona #3D Activistes. Foto: #3D Activistes

Pantallas faciales impresas por la plataforma del Camp de Tarragona #3D Activistes. Foto: #3D Activistes

#CoronaMakers y #CoronavirusMakers. Son dos de los principales hashtags que desde la semana pasada y a lo largo de toda esta han circulado por redes sociales, canales de Telegram, grupos de WhatsApp e incluso canales de chat para gamers como Discord. Economía de código abierto y colaborativa para tratar de proporcionar, en tiempo récord y con recursos locales, equipos de protección y material médico a un sistema sanitario claramente infradotado ante la epidemia de Covid-19.

Pero no solo la comunidad maker -con sus impresoras 3D y la fabricación distribuida de viseras de protección, con proyectos como la plataforma del Camp de Tarragona #3D Activistes (3dactivistes.org)- o las redes asociativas que han movilizado máquinas de coser profesionales y domésticas para montar talleres distribuidos de fabricación de mascarillas -como la red ‘Som el que fem, en el Baix Camp, con un pedido esta semana de 10.000 mascarillas para el hospital Sant Joan de Reus- se han sumado a este movimiento.

Pymes industriales del sector textil o de la inyección de plástico están colaborando con centros de investigación y profesionales de la sanidad para aportar soluciones, innovando de forma colaborativa y adaptando líneas de producción a las demandas cambiantes.

Es el caso de Reval Sport, en Alcover, que desde el lunes 23 de marzo ha reorientado la producción de ropa deportiva y equipación escolar hacia la fabricación de mascarillas (con capacidad para producir hasta 8.000 al día), o de La Industrial Algodonera (Liasa), en La Selva del Camp, que ha adaptado líneas de producción para fabricar gomas elásticas para mascarillas (y de las que a día de hoy ya tienen pedidos que suman 350.000 metros, suficientes para las sujeciones de 1,1 millones de mascarillas).

Innovación abierta y en red, producción distribuida y trabajo en plataformas han sido clave estos últimos días

Su implicación no queda ahí. Esta empresa familiar centenaria está trabajando también con la plataforma 3DCovid19.tech, donde el Consorci Sanitari Parc Taulí de Sabadell, junto a otros centros de investigación universitarios, diversas empresas adheridas y el Col·legi de Metges de Barcelona han puesto en marcha el respirador de campaña Leitat 1, cuya producción se llevará a cabo mediante impresión 3D.

La colaboración de Liasa en este proyecto, desde La Selva del Camp, se ha centrado en la sujeción a la cabeza del paciente -mediante gomas elásticas y terminaciones metálicas- de las gafas nasales de alto flujo para ventilación que se han desarrollado y validado para su fabricación con impresión 3D.

Gomas elásticas con navet metálico fabricadas por Liasa, en La Selva del Camp, con aplicaciones en gafas nasales de alto flujo para ventilación. Foto: Liasa 

Otras empresas del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre especializadas en la inyección de plástico -entre ellas, Altcam Automotive (Valls), Plàstics Clofent (Valls) o Plàstics Espelt (Montblanc)- han estado tratando de aportar soluciones a este proyecto para la fabricación por inyección de piezas fungibles de poliamida, intentando adaptar moldes ya existentes para su producción en masa.

Redes colaborativas
Sergi Coderch, ingeniero biomédico especializado en el área de planificación quirúrgica e impresión 3D y miembro del equipo que ha impulsado el respirador de campaña Leitat 1, explica que parte de su inspiración fue la manera de organizarse de los #coronamakers, «liberando diseños para que cualquiera se los pudiese imprimir en cualquier parte del mundo».

"Optamos por una fabricación ‘inhouse’ bajo demanda de los hospitales" (Sergi Coderch, Proyecto Leitat 1)

También poniendo en contacto empresas, centros sanitarios e instituciones públicas para conseguir un efecto multiplicador en esta explosión de conocimiento colaborativo de código abierto. «Vimos que un punto importante era la validación de todas estas propuestas por parte de los hospitales, y por eso optamos por una fabricación inhouse bajo demanda de los hospitales».

Felip Fenollosa, director general del CIM UPC, centro tecnológico adscrito a la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), referente europeo en Fabricación Aditiva e Industria 4.0, y adherido ahora a la plataforma 3DCovid19.tech -además de a otras iniciativas-, coincide en que también para el CIM UPC «era muy importante tener a alguien del ámbito hospitalario que dijese qué hace falta».

«Ahora hay un mínimo de cuatro proyectos de respiradores de campaña en marcha -explica-, pero tener a gente trabajando a la vez en diversos frentes no es algo malo, se trata de que todo el mundo que pueda trabajar, trabaje». Eso sí, en una dirección que sea útil.

"Ha sido clave que haya habido personas de los hospitales hablando con los ingenieros" (Felip Fenollosa, CIM UPC)

«En los respiradores -prosigue- ha sido clave que haya habido personas de los hospitales hablando con los ingenieros. Ha sido muy bueno que haya médicos en contacto con la tecnología, con los centros tecnológicos, y gracias a esto hemos podido recoger la necesidad concreta del hospital, yendo un paso por delante y diferenciando entre centros de investigación y voluntarios, que es otro nivel».

Lo cual, en su opinión, no significa que haya iniciativa pequeña. «Una simple visera de protección imprimida en 3D, de no tenerla a tenerla, seguro que algo de riesgo de contagio te va a reducir. Hay una serie de iniciativas que tienen sentido, y las que más lo tienen son las que mantienen contactos dentro de los hospitales».

Gafas nasales de alto flujo para ventilación destinadas al Leitat 1 y hechas con impresión 3D. Foto: Parc Taulí

«Es importante hablar con los médicos que están dentro -insiste Felip Fenollosa-  porque, habiendo tanto voluntario, ha salido gente desde los hospitales diciendo que necesitan ciertas cosas, mientras otras no hacen tanta falta».

Así es como, por ejemplo, la comunidad maker decidió dejar de imprimir gadgets para abrir puertas sin tener que usar las manos, para centrarse en la producción de soportes de viseras de protección. La interlocución directa con personal sanitario les dio el conocimiento de que una puerta, si era necesario, se podía abrir con el pie, mientras que la protección facial era mucho más urgente.

"Se ha decidido incentivar que se siga la recomendación de fabricar aquellos diseños validados" (Arnau Valls, Hospital Sant Joan de Déu)

Arnau Valls, ingeniero en el hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, y al cargo de la línea de diseño y producción de pantallas protectoras en la plataforma 3DCovid19.tech, añade sobre esto que «hay muchos modelos de pantalla que se están fabricando que no cumplen con las condiciones mínimas, y por eso se ha decidido, entre varios hospitales, incentivar que se siga la recomendación de fabricar aquellos diseños validados».

Fabricación aditiva para una industria de emergencia distribuida y colaborativa

Diseño de código abierto de una pantalla de protección facial publicada por Parc Taulí.

La capacidad de fabricación aditiva de Catalunya mediante impresoras 3D, única a día de hoy en el mundo por su dimensión y la calidad de muchos de los equipos disponibles, puede marcar la diferencia en el corto plazo para lograr producciones a gran escala de productos sanitarios de emergencia. La llegada masiva de pantallas faciales protectoras (llamadas también de forma indistinta viseras) a los centros sanitarios de toda Catalunya gracias a las comunidades de makers estructuradas en redes de #CoronavirusMakers y de #CoronaMakers ha sido a lo largo de la semana pasada uno de los ejemplos más visibles, pero otros proyectos han avanzado en paralelo, alrededor de plataformas como 3DCovid19.tech. Producir a gran escala respiradores de campaña mediante tecnologías 3D es uno de los principales retos para los próximos días. Es el caso del respirador Leitat 1, vinculado al Col·legi de Metges de Barcelona y al Consorci Sanitari Parc Taulí de Sabadell. Pero la impresión 3D, aunque fundamental, no es suficiente. Hace falta la participación de industrias mucho más ‘tradicionales’ (como la inyección de plástico o la textil de especialidades) para proporcionar materiales fungibles tales como conectores o elementos de sujeción. Junto a la aproximación por la vía fundamental de la impresión 3D, otros grupos organizados de ingenieros y makers están explorando vías para construir kits que transformen en ventiladores automatizados elementos médicos de uso común como las bombas manuales de respiración que pueden encontrarse en cualquier unidad de emergencias móvil. Es el caso del proyecto Oxygen, con sede en Barcelona y que tiene como referencia el hospital de Can Ruti de Badalona. El componente mecánico cobra aquí más importancia, junto a instrumentos como cortadoras láser.

Conocimiento abierto
Estos diseños validados son los que desde el Parc Taulí se están colgando en abierto, con sus especificaciones técnicas y criterios de fabricación, para que aquellos capaces de producirlo puedan hacerlo, en la medida de sus posibilidades. Mientras la comunidad maker puede encargarse en gran medida de las pantallas de protección facial, empresas de impresión 3D profesionales se deberían volcar en la fabricación de respiradores de campaña.

Mascarillas FPP2 y FPP3 o batas de protección impermeables y transpirables son algunos de los retos a los que se enfrenta hoy esta industria distribuida de emergencia. Compartir conocimientos y validar diseños y materiales (por ejemplo, posibles materiales que puedan ser utilizados como filtros alternativos de emergencia en estas mascarillas) es en este caso prioritario.

Para dar respuesta a esta necesidad se puso en marcha la semana pasada, aprovechando la red de centros de investigación y parques científicos Eurecat, un laboratorio en el que se están llevando a cabo ensayos con las mascarillas que hoy está produciendo esta industria de emergencia.

Los ensayos, que están siendo coordinados por Eurecat en su sede de Cerdanyola, se están llevando a cabo inicialmente en los laboratorios de Sostenibilidad de Eurecat en Manresa y de Biotecnología en Reus, además del centro tecnológico de Applus+ en Bellaterra. Junto a los diseños y la eficacia de las mascarillas, buscan analizar los componentes necesarios para su fabricación, mediante la validación de su eficacia a nivel de filtración bacteriana, de respirabilidad y de limpieza microbiana.

"Es una carrera contrarreloj: nuestra intención es poner en contacto distintas iniciativas con el objetivo último de llegar a los hospitales" (Agustí Chico, Eurecat)

Agustí Chico, director de Laboratorios de Eurecat, explica que «es una carrera contrarreloj: nuestra intención es poner en contacto distintas iniciativas con el objetivo último de llegar a los hospitales. Pero todo aquello que no llegue al hospital tendrá otros usos, no se puede despreciar nada. Si no podemos validar unas mascarillas para su uso hospitalario, podrán servir para policías municipales, gente que atiende en los supermercados, ciudadanos que ahora no encuentran mascarillas en las farmacias...».

El uso intensivo de herramientas digitales para el consumo de productos locales puede verse reforzado en el escenario post coronavirus

Aunque las mascarillas están siendo hoy el principal objetivo de estas validaciones (que no homologaciones, puesto que un producto homologado debe pasar por una empresa certificadora, de las cuales en Catalunya no hay ninguna en condiciones de certificar mascarillas), en este laboratorio de Eurecat están abiertos a validar el uso de otros productos hoy de primera necesidad en la contención de la epidemia del Covid-19, tales como batas de protección o mascarillas de tipo FPP2 y FPP3 (hoy no incluidas en los ensayos de validación).

También a hacer divulgación y a elaborar, si hace falta, guías o tutoriales en abierto -igual que están haciendo otras redes y plataformas- para facilitar el intercambio entre empresas y la innovación abierta. Para todo esto han puesto en marcha un correo electrónico (covidtests@eurecat.org) en el que todo aquel que tenga algún producto o material para validar puede solicitar ensayos gratuitos por parte de este laboratorio, cuyos resultados serán compartidos después en abierto para alimentar esta comunidad de aprendizaje.

Con este espíritu se presentó también la semana pasada #Coronavirus-ACCIÓ Virtual Desk, un marketplace digital impulsado por ACCIÓ -organismo dependiente del Departament d’Empresa i Coneixement- y orientado a poner en contacto empresas que ofrecen tecnología, material sanitario o capacidad de producción para hacer frente al Covid-19 con otras empresas o instituciones que tengan demandas.

Joan Romero, consejero delegado de ACCIÓ, explica que esta iniciativa «básicamente surge para unificar toda la oferta que ha surgido para abastecer de material al ámbito sanitario, pero también está orientada al ámbito industrial, que también necesita equipos de protección».

«La industria alimentaria -pone como ejemplo- ha de poder continuar con su operativa y garantizar que las personas que trabajan en ella tengan los materiales necesarios, y como ella hay otros sectores que necesitan materiales de protección».

Dos son los objetivos que hay tras la puesta en marcha de este marketplace digital, según explica Joan Romero: «Uno es poner en contacto a gente que puede proveer de materiales; otro es dar a conocer las distintas iniciativas que hay en marcha, para que la gente que quiera colaborar se sume a ellas».

Pretender concentrar y aglutinar de forma vertical el aluvión de iniciativas que han surgido en estos últimos días, donde el trabajo en red y la organización horizontal son una característica común, es directamente imposible. «Que haya tantas iniciativas y vayan surgiendo nuevas ya nos va bien», explica Romero. «Tenemos muchas iniciativas identificadas, y estamos haciendo seguimiento de ellas. Este marketplace no es más que una manera de hacer seguimiento de lo que hay, para derivar en cada caso hacia las iniciativas preexistentes que creemos que se ajustan más a lo que cada cual puede ofrecer o demandar».

"Como país de pymes que somos, podemos conseguir mucho más si somos capaces de trabajar en abierto y de forma colaborativa" (Joan Romero, ACCIÓ)

Ante la necesidad de estructurar una industria de emergencia, «Catalunya -concluye el consejero delegado de ACCIÓ- tiene capacidad industrial suficiente como para autoabastecerse, otra cosa es que necesitemos plazos para ponerlo todo en marcha. Lo que está claro es que, como país de pymes que somos, podemos conseguir mucho más si somos capaces de trabajar en abierto y de forma colaborativa».

El post coronavirus    
La innovación abierta y en red, la producción distribuida, el uso intensivo de Internet... nada de todo esto es nuevo y, sin embargo, algo es distinto. Un cambio en el que se intuye ya un pre y un post coronavirus. Lo explica Mayo Fuster, investigadora del grupo Dimmons de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y experta en economía colaborativa: «La situación que ha generado el coronavirus agudiza las tendencias que ya estaban aquí y que ahora son masivas, como por ejemplo trabajar de forma mediada en plataformas tecnológicas».

«Si hasta ahora -prosigue Fuster- la economía de plataforma como modelo de producción, con personas distribuidas, se estaba expandiendo, ahora se ve como el modelo emergente. Hay una serie de elementos que son transversales a todo, y las respuestas que se están dando a esta crisis refuerzan unas tendencias que ya estaban aquí y dibujan un escenario diferente en el post coronavirus».

"Este cambio en el modelo productivo nos lleva hacia otra era: estamos ante un cambio de época" (Mayor Fuster, UOC)

«Hay cambios -añade esta investigadora de la UOC- en el modelo de producción del trabajo, tanto en el espacio como en el tiempo, y es una tendencia que se incrementa ahora a través del teletrabajo masivo». Pero alerta: «Con el cambio de modelo productivo que se vislumbra habrá una brecha mucho mayor entre la producción de cosas inmateriales, en trabajos digitalizables, respecto a sectores de actividad económica ligados a a la necesidad de presencia física».

«Mi lectura sobre todo esto -concluye Fuster- es que había unas tendencias antes de la crisis del coronavirus que se ven aceleradas, y que cuando [esta crisis sanitaria] pase, todos volveremos a nuestros puestos de trabajo, pero el pensamiento estratégico habrá sufrido un cambio importante, con una dinámica de cambio en el sistema productivo de consecuencias profundas. Vamos hacia otra era, y ahora estamos en otro momento: estamos ante un cambio de época».

Local y distribuido
No son tendencias ajenas a la tradición del mundo cooperativista, donde podemos encontrar hoy muchos puntos en común con estas comunidades de makers y estas plataformas de conocimiento abierto y producción distribuida.

La fabricación aditiva, mediante tecnologías de impresión 3D, facilitará la producción distribuida de bienes industriales, cambiando las cadenas de distribución

Ramon Sarroca, presidente de la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya (FCAC), asegura que «estos días estamos viendo la importancia que tiene ser un país productor de alimentos como lo es Catalunya, que puede producir prácticamente todos los alimentos que el consumidor puede demandar, pero también la importancia que tiene la tecnología».

«Lo que ha venido para quedarse -vaticina- es el mundo cooperativo desde el punto de vista de su ideología, pero también desde el punto de vista territorial. Nunca hubiésemos imaginado que pudiese pararse el mundo, pero cuando esto ha sido así, en muchos pueblos la única puerta a nivel económico y de suministro alimentario ha sido la cooperativa agrícola y sus socios, con capacidad para llegar a una población envejecida».

Alimentos de proximidad

Entrega de alimentos en la finca de I Un Rave!, previo pedido online. Foto: I Un Rave!

La producción agrícola de proximidad está llevando estos días buena parte de su actividad hacia la venta por canales online y la entrega a domicilio o, directamente, en la finca del productor. La construcción de comunidades alrededor de estos negocios es aquí esencial. Es el caso de I Un Rave!, en Valls, dedicada a la producción y comercialización de productos hortícolas con certificación ecológica, que ha visto cómo esta semana las ventas directas en la finca, previo pedido por Internet, han aumentado entre un 30% y un 40%, según relata su propietario, Josep Maria Figueras. «Seguimos vendiendo en Mercabarna y en el Mercat de la Plaça del Fòrum de Tarragona -explica Figueras-, pero todo lo que hacíamos para restaurantes y hoteles se ha terminado de golpe». Intensificar las ventas de proximidad a particulares, a través de los canales online, ha sido la respuesta. «Los pedidos a domicilio en Valls han aumentado esta semana un 30%, mientras que la venta directa en la finca ha subido entre un 30% y un 40%». Tarjeta de crédito o Bizum son ahora las formas habituales de pago para esta empresa que emplea a ocho personas en 16 hectáreas de cultivo y que explica que «esta semana hemos empezado a apretar más en redes sociales, con muchos clientes nuevos». 

La red de agrobotigues de las cooperativas agrícolas de Catalunya ha intensificado estos días su colaboración, aunando esfuerzos y montando un sistema de distribución a domicilio con el que abastecer a todas estas personas de edad avanzada que viven en municipios que a la práctica han quedado aislados.

La combinación del arraigo local, la producción de proximidad y el uso intensivo de Internet lo han hecho posible. «No somos Amazon -explica Sarroca- pero la pandemia nos ha servido para darle otra velocidad a nuestra red de distribución, llevando puerta a puerta todo tipo de productos, incluidos los alimentarios».

"El cooperativismo saldrá reforzado de esta desgraciada pandemia, creciendo en actitud y aptitud" ( Ramon Sarroca, FCAC)

«El cooperativismo saldrá reforzado de esta desgraciada pandemia -asegura Sarroca-, y de hecho ya lo está haciendo, creciendo en actitud y aptitud. Nos hará abrir los ojos a muchas cosas que intuíamos: geriátricos, residencias... por supuesto que hemos de empezar a cambiar hacia un modelo de crecimiento diferente».

Coincide en ello Mayo Fuster, de la UOC: «Aunque es cierto que la mayor dependencia de infraestructuras digitales está reforzando a las grandes plataformas como Amazon y perjudicando al pequeño comercio de barrio, que ha de cerrar, por otro lado se están viendo reforzadas también iniciativas en la línea del Open Food Network, con consumo local, aunque no a un nivel comparable al de un Mercadona».

«Que a nivel político se decante de un lado o del otro -asegura Fuster- definirá el siglo. La explosión de conocimiento abierto que estamos viviendo no es incompatible con el mercado, y ha de tener un equilibrio que pasa por cooperar. No es una utopía. La industria del software era abierta al principio. Luego se cerró. Pero quien ha ganado finalmente la batalla es quien adoptó modelos de colaboración y en abierto. No estoy hablando de un antimercado, sino de un equilibrio en lo social».

«El modelo colaborativo y abierto -concluye- es ya hoy hegemónico, y las empresas que trabajan así son las que mejor funcionan. Veremos la adaptación de los modelos de negocio a la lógica del conocimiento abierto, desde una lógica en la que las soluciones de trabajo colaborativo son más eficientes que en cerrado».

«Tener comunidades alrededor de lo que produces -resume Mayo Fuster, de la UOC- se ha convertido en una ventaja competitiva, y en este punto las pequeñas empresas tienen una oportunidad, porque tienen mucha más capacidad de crear comunidad local. Quien no se adapte a la lógica de cocrear y tener una comunidad, lo tendrá difícil».

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