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Las acciones del Banco Popular pierden un 16% y llegan a mínimos históricos

La cotización del banco se encuentra por debajo de los 2.200 millones de euros

Agencias

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Ignacio Sánchez-Asiaín, consejero delegado del Banco Popular

Ignacio Sánchez-Asiaín, consejero delegado del Banco Popular

El Banco Popular sigue en caída en Bolsa tras los rumores referentes a una posible intervención y el seguimiento realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el Mecanismo Europeo de Resolución (MUR) si no se alcanza un acuerdo de venta, aunque ninguna de las instituciones lo ha confirmado.

Este mediodía se encontraba en un 16,58% de pérdida, bajando sus acciones hasta unos mínimos incluso inferiores a los del momento de apertura de la sesión. La cotización del banco se encontraba por debajo de los 2.200 millones de euros.

Precisamente ayer, el propio Banco Popular se daba una nueva prórroga para conocer el camino que recorrerá y, sobre todo, de la mano de quién. La entidad está dispuesta a seguir recibiendo ofertas durante las próximas semanas, prácticamente hasta final de mes. Y lo hará frente a la idea inicial de que el próximo día 10 podía vencer el plazo estimado por el grupo para analizar las diferentes opciones de compra que pudieran realizar otros bancos, fondos de inversión o grupos financieros interesados en su actividad.

Pero el mercado no tiene tan claro ni realiza excesivas muestras de euforia por hacerse con la que se considera la sexta entidad financiera española por cuota de mercado. El grupo presidido ahora por Emilio Saracho ha decidido posponer ese límite temporal después del consejo de administración que tuvo lugar este miércoles, en el que, a pesar de tratarse de un encuentro ordinario, ya se podrían haber puesto sobre la mesa las diferentes ofertas que debería haber recibido la corporación. Pero no ha sido así y, visto el escaso interés, no ha quedado más remedio que lanzar un aviso de prórroga.

El banco se encuentra en pleno análisis de todos sus activos tóxicos

Los posibles compradores aún necesitan este tipo de señales ante las dudas que genera la realidad del negocio en el que se encuentra Popular. No tanto por su actividad puramente bancaria, sino sobre todo por la inmobiliaria. Ese es el principal reto al que se enfrentan una y otra parte: la entidad se ha visto obligada a reformular sus cuentas hasta el primer trimestre y se encuentra analizando todos sus activos tóxicos para poder ofrecer una imagen clara y transparente a los posibles compradores, el principal reto que se ha marcado el consejero delegado, Ignacio Sánchez-Asiaín. Al otro lado, los bancos interesados no quieren dar palos de ciego a la hora de formalizar una operación millonaria que puede conllevar numerosos riesgos posteriores sin tener claro a qué se enfrentan.

Con el nuevo retraso, Banco Popular consigue, por ejemplo, tener cerradas las cuentas del mes de mayo para así poder ofrecérselas a esas entidades. Fue el pasado día 17 de mayo cuando el banco reconoció que había procedido a un "primer intercambio de información" con firmas interesadas para analizar una posible operación de integración. Aunque, al mismo tiempo, recordaba que no cierra la puerta a otras opciones, como la ampliación de capital. Sin embargo, desde el día en que el banco reconoció esta realidad, da por sentado que formará parte de una integración.

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