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Artículo de opinión de Xavier Oliver, profesor de la IESE Business School

Xavier Oliver

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Xavier Oliver

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Recuerdo la gratitud de los neoyorquinos a su cuerpo de bomberos, que perdió a muchos de sus miembros el 11-S, cuando solamente unas semanas después estuve en la ciudad y todos llevaban en los coches, mochilas o maletas adhesivos o banderas agradeciendo a esos héroes por su abnegación y entrega en unos momentos críticos para la población. Gratitud inmensa que duró mucho tiempo porque hay cosas que no se olvidan.

Creo que nuestra situación es parecida. Estamos viviendo unos momentos de necesidad mayúscula en los hospitales porque ese maldito virus no es como una gripe: su poder es concentrado. Su expansión es rapidísima y, por ello, desborda el sistema sanitario. ¿Cómo se resuelve a corto plazo? Lo primero protegiendo a los sanitarios del virus porque si ellos caen, ¿qué vamos a hacer los demás? Les necesitamos en plena forma e incluso con fuerzas renovadas para poder doblar turnos y atender a más personas. 

Lo segundo es ayudarles. A todos asusta esta enfermedad y debemos ser conscientes que bloquear las urgencias impide atender a casos graves de forma inmediata. Muchas, muchísimas de las personas que han acudido a urgencias durante esta crisis no tenían más que un resfriado o una leve gripe. No cumplían alguno o varios de los requisitos que se emplean para poder diagnosticar la enfermedad, pero tenían miedo y la solución era acudir a urgencias a ver que ME pasa. A mi.

Estamos viviendo unos momentos de necesidad mayúscula en los hospitales. La expansión del virus es rapidísima y, por ello, desborda el sistema sanitario

Hay soluciones para aliviar esa situación como las consultas online o por teléfonos a médicos que puedan dar un diagnóstico previo y aconsejar el acudir a centros sanitarios o simplemente tomar algún remedio y ver cómo evoluciona. Aplaudo a DKV, la aseguradora médica, por haber puesto a disposición de toda la población su aplicación y el teléfono de consulta para aliviar la situación que, una vez más, demuestra que ellos han pasado de asegurarnos a cuidarnos. Espero que más puedan hacer lo mismo.

En este capítulo de ayudas, también me gustaría mencionar a Inditex que ha decidido ayudar con su red logística y está decidida a producir batas protectoras de forma gratuita para aliviar su escasez en los centros sanitarios. Recuerden que los sanitarios, después de tratar a un enfermo de Coronavirus, deben desechar la bata y ponerse una nueva o incrementarían los contagios. Y eso son muchas batas protectoras para hospitales y residencias. Estoy seguro de que hay otras empresas que están brindando gratuitamente su ayuda para paliar la falta de materiales sanitarios y también, desde aquí, les aplaudimos.

La sanidad, en especial pública, está colapsada tanto en espacio como en material

La tercera cosa que debemos hacer es agradecerles el esfuerzo redoblado que están haciendo para atender a todos los pacientes enfermos o que acuden a urgencias. La única buena noticia es que, al haber parado el país, hemos parado los accidentes, retrasado muchas operaciones quirúrgicas y aplazado visitas. De ese modo, se ha liberado parte del trabajo de los equipos de los hospitales, clínicas y centros de salud.

Agradecer en mayúsculas. A ellos con todo el corazón, pero también a la población responsable, a los que hemos seguido las indicaciones que nos han dado y nos hemos quedado en casa, aunque nos duela, y nos gustase tener un perro para tener la excusa de salir a dar una vuelta. Es una magnífica ocasión para que muchos aprendamos a dejar de pensar en nosotros mismos y pensemos en los demás, que dejemos de querer saber si tenemos o no el virus y bloqueemos las urgencias, cuando casi seguro que nos devolverán a casa en un santiamén. Es el momento de la generosidad, de estar pendientes de los demás, de ayudarles y confortarles si están enfermos a la vez que tranquilizarles y darles todo el cariño, en vez de pensar solo en nosotros mirándonos el ombligo.

Pero también es un tiempo para no obsesionarse, para no estar pegados al televisor o al teléfono todo el día escuchando qué ha pasado aquí y allí. Hace falta ser cuerdos y no centrarnos en esto como hicimos con la última crisis porque nos estaremos olvidando de lo que realmente importa que es: ¿Cómo puedo ayudar yo y mi empresa? ¿Qué puedo hacer para que mi negocio siga en pie? ¿Cómo puedo ayudar a mis clientes y proveedores a no desesperarse y buscar salidas al parón? No esperemos que sea el papá Estado quien lo resuelva todo. Demos cada uno un empujón adelante y aprendamos que, en este maravilloso mundo, hay momentos en que debemos reinventarnos.

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