Coproductos para acercarnos a una industria agroalimentaria circular

Cinco representantes de empresas e instituciones destacadas en el sector agroalimentario del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre debaten sobre retos y tendencias en sostenibilidad 

| Actualizado a 14 julio 2021 10:09
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¿Qué retos tiene hoy la industria agroalimentaria del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre ante una coyuntura de emergencia climática, crecimiento de la población mundial y necesidad de convergir en una economía circular y sostenible?

Cinco representantes de empresas e instituciones destacadas en este sector en las comarcas del sur de Catalunya debatieron recientemente sobre ello en una nueva edición de los ‘Esmorzars-Col·loquis’ del Diari de Tarragona, en una mesa redonda que tomó como título Cap a una indústria agroalimentària sostenible.

Más demanda

‘Hambre cero’ es el segundo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que la ONU ha fijado para el año 2050. Entre otras reflexiones, asegura que «necesitamos una profunda reforma del sistema agrario y alimentario mundial si queremos nutrir a los 815 millones de hambrientos que existen actualmente en el planeta y a los dos mil millones de personas adicionales que vivirán en el año 2050».

En este contexto, Xavier Poy, director comercial en Andrés Pintaluba, empresa de Reus especializada en la fabricación y comercialización de aditivos y premezclas medicamentosas para la nutrición y salud animal, explica que uno de los grandes retos que afronta hoy «la producción agropecuaria» es «atender al incremento de demanda de proteína animal».

«Un 50% de la ingesta de proteínas son hoy de origen animal», prosigue Poy, que cifra en un 10% el incremento de demanda de proteínas animales para los próximos 20 años. La respuesta está, en su opinión, en los «coproductos». Nada de hablar de subproductos. Mucho menos de residuos. Solo desde una concepción del sector como un todo integrado en una cadena de valor circular «podremos atender las necesidades de hoy sin hipotecar nuevas generaciones».

«Hay una larga lista de coproductos integrados en una economía circular -resume Xavier Poy-, y desde la nutrición animal, que siempre hemos sido vistos como la ‘parte pobre’ de la nutrición, nos hemos visto históricamente en la obligación de aprovechar los recursos, porque la falta de medios agudiza el ingenio».

Coproductos

Josep Moragas, director comercial de frutos secos en UNIÓ, cooperativa de segundo grado con sede en Reus, coincide con Xavier Poy en la importancia de los coproductos para consolidar la sostenibilidad del sector: «En 2005 -ejemplifica- implantamos el aprovechamiento de la cáscara de almendra, con su molturación y utilización como excipiente para medicamentos veterinarios. Hasta entonces, era biomasa combustible. Le dimos más valor. Hoy, con la cáscara de almendra se fabrica desde ropa hasta baldosas».

«Ahora -prosigue- estamos investigando en las pieles de avellana y de almendra para su uso como fibras alimentarias, haciendo pruebas para desarrollar nuevos ingredientes a partir de coproductos».

Pero añade: «Todos nos dedicamos a investigar y a innovar para satisfacer una demanda creciente, pero las soluciones en temas de sostenibilidad pasan porque sea un compromiso de todos, desde el principio de la cadena hasta el consumidor al que le llega el envase y ha de cerrar el círculo».

Tecnología

La tecnología es también un elemento clave en materia de sostenibilidad para Joan Ribé, Chief Corporate Strategy Officer en Borges, grupo agroalimentario familiar que tiene en Reus su centro de frutos secos. «Para alimentar al mundo -explica Ribé- necesitamos mucho a las industrias tecnológicas. Se necesita aumentar el suelo disponible para cultivos, pero más importante aún es mejorar en especies y soluciones tecnológicas que mejoren la productividad de ese suelo agrícola».
Como ejemplo pone el importante crecimiento de la productividad de las nuevas generaciones de almendros, capaces de producir hasta 2.000 kilos de almendras por hectárea frente a los 100 kilos de los cultivos más tradicionales.

Cultivos más productivos permiten acercar la producción a Europa, rebajando así la dependencia de importaciones. Pero no solo se trata de productividad. La innovación entra en todos los eslabones de una cadena de valor que ya nadie discute que es hoy circular y altamente integrada entre los diferentes actores que integran el sector.
«Se da respuesta a la vocación de sostenibilidad -prosigue Joan Ribé- reduciendo el peso de los envases, ahorrando plásticos, desarrollando y creando producto que sustituya a la grasa de palma, cuya obtención destruye la Amazonia, fomentando que los empleados se desplacen en tren, en vehículos de empresa compartidos...»

Huella de carbono  

«La sostenibilidad -coincide Josep Moragas, de UNIÓ- es mucho más compleja. También significa traer almendras de California hasta Tarragona en barco, con mucho menos impacto ambiental que trayendo almendras desde Almería en camión. Es algo sobre lo que debemos reflexionar, y pensar qué significa hablar de ‘proximidad’».
Josep Maria Cruset, presidente del Port de Tarragona, apoya el argumento: «Somos el primer puerto estatal en movimientos agroalimentarios, y a esta actividad le ponemos un componente de sostenibilidad en dos vertientes. La primera es que en todas las concesiones portuarias que se están llevando a cabo hay criterios medioambientales y de sostenibilidad, dando mayor disponibilidad e incentivando bonificaciones [para las empresas que estén alineadas con ello]».

Diari de Tarragona celebra una nueva edición de sus ‘Esmorzars-Col·loquis’

«La segunda -prosigue Cruset- es la búsqueda de la eficiencia llegado el momento de mover mercancías, que buscamos que tenga la menor huella de carbono posible. En este sentido, nuestro plan de inversiones a cuatro años, con más de 150 millones de euros, pasará por aquí».

Desglosa su apuesta en cinco elementos clave: muelles competitivos y de gran calado que permitan al Port de Tarragona consolidarse como centro hub agroalimentario, buena capacidad de almacenaje (con más de dos millones de toneladas disponibles) para servicios just in time, espacio disponible con el millón de metros cuadrados que están a punto de salir con la nueva ZAL, intermodalidad y apuesta por el ferrocarril y, por último, conexiones con puertos secos para su hinterland.

Clusterizar

El papel central de la logística es también compartido por Joaquim Brufau, coordinador de la Comissió Agroalimentària de la Cambra de Comerç de Reus y vinculado profesionalmente durante tres décadas con el Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA). Una logística eficiente puede ser clave para «reducir las pérdidas tanto de alimentos humanos como de piensos para alimentación animal, porque un 27% de los alimentos que se producen en el mundo se desperdician».

«Hay que mitigar y adaptarse al cambio climático -insiste Brufau-, porque un 23% del CO2 que se emite en el mundo se debe a la agricultura, aunque no podemos precisar el porcentaje [de la demarcación] de Tarragona».

Igual que el resto de participantes en la mesa redonda, Joaquim Brufau insiste en la importancia  de innovar, y de hacerlo en este caso desde el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre. «Hay que buscar que la innovación esté cerca de la industria, aprovechando lo que pueden ofrecer instituciones como el IRTA o la Universitat Rovira i Virgili (URV)».

Tan importante o más que la relación de la industria con estas instituciones es la integración del concepto de ‘coproducto’ en el conjunto del sector, aunando esfuerzos empresariales. «Tenemos que funcionar -sugiere Josep Moragas, de UNIÓ- en una economía clusterizada, porque nos tenemos que ayudar entre todos».

«Es determinante tener un polo agroalimentario del Camp de Tarragona, y el ejemplo es el polo petroquímico», coincide Josep Maria Cruset, del Port de Tarragona. Algo compartido también por Joan Ribé, de Borges, aunque con un matiz: «Hay las bases, pero no la suficiente masa crítica, porque estamos todavía en unos minifundios familiares». 

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