«Deberíamos cobrar un plus de peligrosidad. Nos agreden un día sí y el otro también»

Los trabajadores del CAP La Granja denuncian ser víctimas de agresiones por parte de usuarios. Exigen a la administración que se intensifique el servicio de vigilancia

07 mayo 2024 14:55 | Actualizado a 08 mayo 2024 07:44
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El CAP La Granja-Torreforta registra agresiones de forma diaria. La mayoría son verbales, pero también hay algunas de físicas. Insultos, amenazas, golpes en el mobiliario, empujones, y un largo etcétera de violencia que termina con una plantilla cansada, desesperada y con episodios de ansiedad insoportables. «Solo hay que ver la cantidad de bajas laborales que hay en este ambulatorio», dice una trabajadora, quien asegura que algunos empleados viven con miedo esta situación. Hace años, desde la empresa proveedora –el Institut Català de la Salut (ICS)– se optó por contratar un servicio de seguridad. El problema es que solo hay vigilancia por las noches y en el turno de la mañana. Durante la tarde, el personal está solo ante el peligro. Sindicatos y trabajadores piden a gritos un refuerzo del servicio de vigilancia.

Sin ir más lejos, justo a principios de esta semana, un hombre, que estaba detenido e iba custodiado por la policía, se enfadó y acabó dando un puñetazo contra la puerta de una consulta del CAP La Granja. El boquete todavía es visible. «Deberíamos cobrar un plus de peligrosidad. Nos agreden un día sí y el otro también», explica una enfermera entrevistada por el Diari. La semana pasada fue un señor que no llevaba documentación y que no entendía porqué se la pedían. Insultó a las administrativas. A principios de abril, otro hombre con fiebre se enfadó porque no le daban cita hasta al cabo de dos horas. Amenazas y vejaciones. Y así cada día. «Esto no hay quien lo aguante. Es insoportable recibir insultos día tras día. Psicológicamente me está afectando», dice otra trabajadora.

Sin ninguna duda, quien peor parte se lleva en todo esto son las administrativas. Son la puerta de entrada al centro sanitario, la primera persona con la que se encuentran los usuarios. Además, cuando el paciente sale enfadado de la consulta, también lo paga con las administrativas. La situación es tan grave que hace unos meses se instalaron unas mamparas protectoras en los mostradores del CAP La Granja. Como mínimo, las administrativas se salvan de ser víctimas de un escupitajo, cosa que también ha ocurrido en varias ocasiones. Durante la Covid, las pantallas eran de metacrilato. Ahora son de cristal, para evitar que se rompan con facilidad.

El ICS ha instalado mamparas de cristal para proteger a las administrativas

«A veces, solo con ver la cara del paciente, ya sabemos si tendremos problemas o qué. Vivimos con miedo de cuándo será la próxima vez que nos agredirán», explica una trabajadora del ambulatorio de Ponent, quien añade que «nos recomiendan que hagamos parte de todo lo que nos ocurre. ¡No haríamos nada más durante toda la jornada que escribir incidencias!», añade.

Se da el caso de que la mayor parte del personal del CAP La Granja deja el coche en una especie de aparcamiento ubicado justo delante del ambulatorio. «Muchas veces nos hemos encontrado las ventanas rotas o las ruedas pinchadas», dice otro trabajador. Y es que, entre las amenazas, también está la de: «¡Cuando salgas de trabajar, ya te pillaré. Te vas a enterar!».

Quieren vigilancia por la tarde

Por todo ello, tanto la plantilla como los sindicatos llevan años exigiendo al ICS un refuerzo en seguridad. Actualmente, y tal como explican desde el proveedor, el servicio de vigilancia está funcionando de ocho de la tarde a tres del mediodía –es decir toda la noche y la mañana–, durante los días laborables, y de ocho de la tarde a ocho de la mañana, los fines de semana. «¿Y por las tardes qué? ¿No hay peligro?», se pregunta el personal. Maite Garcia, delegada sindical de la UGT y médica de familia, insiste en que «el número de notificaciones de agresiones diarias nos avala para pedir un refuerzo en seguridad y que se cubran las tardes con vigilantes». Garcia asegura que «no nos podemos arriesgar a que la situación siga como hasta ahora. Cada día vivimos actos violentos, y la consecuencia de ello es tener unos profesionales estresados, que acaban cogiendo la baja laboral». La situación de desamparo de las tardes es parecida a la de los sábados por la mañana, cuando hay un solo administrativo en el mostrador. Cruzan los dedos para que no pase nada.

Por otro lado, desde el sindicato piden a los trabajadores que notifiquen todas las agresiones para poder así ejercer presión. «La realidad es que la mayor parte de casos no llegan arriba. Y eso nos acaba perjudicando», dice Garcia.

4 agresiones contabilizadas

El Departament de Salut lleva sus cuentas y explica al Diari que, en lo que llevamos de año, se han registrado cuatro agresiones en el CAP La Granja –dos verbales, una física y otro de daños a bienes–. En 2023, fueron 11, y en 2022, 18. Según explican fuentes del CatSalut, el ICS cuenta con un plan director de seguridad, «que valora el entorno, la vulnerabilidad, el histórico de incidentes y las horas de servicio, entre otros aspectos, a la hora de establecer unos parámetros de actuación». Un plan director que, por lo que se ve, no acaba de funcionar.

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