«Escribir desde el confinamiento ha sido terapéutico»

Libro. El autor Luis García Alucha se encontraba en la casa familiar, en el Baix Ebre, cuando se declaró el estado de alarma

SÍLVIA FORNÓS

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Luis García Alucha es el autor del libro ‘Mi confinado despertar’, que ha escrito en las Terres de l’Ebre. Foto: Cedida

Luis García Alucha es el autor del libro ‘Mi confinado despertar’, que ha escrito en las Terres de l’Ebre. Foto: Cedida

Desde una casa familiar en las Terres de l’Ebre y en el solitario confinamiento por la pandemia de la Covid-19, Luis García Alucha escribió el libro Mi confinado despertar (Letra Minúscula). Se trata de la crónica de la cuarentena del autor, que refleja «el proceso de enfrentarnos a nosotros mismos, así como que todo en la vida depende de la propia mirada». «Para mí el confinamiento ha sido un regalo. Lo digo conocedor del sufrimiento de la humanidad durante estos días, de la dureza de todo este tiempo para muchos. A mí me ha dado la oportunidad de observar lo que nunca podía observar, en definitiva, de descubrir cómo vivir en plena conciencia», explica Luis García Alucha, quien se pregunta: ¿Qué mejor momento que este para enfrentarnos a nosotros mismos?

De abuelos tortosinos, se encontraba en la casa familiar, en el Baix Ebre, cuando se declaró el estado de alarma. ¿Cómo surgió la necesidad de escribir este libro?

No fue una necesidad, sino que durante el confinamiento me puse a escribir todo aquello que estaba sintiendo porque todo a mí alrededor se paraba. Ya me había pasado en un anterior viaje a Nepal. En situaciones como la que hemos vivido, estás más atento a lo que ocurre a tu alrededor. Entonces, me senté a escribir todas mis sensaciones desde la casa familiar donde estaba refugiado.

¿Qué sentimientos le suscitó la experiencia?

La casa está en un microespacio natural, es decir, es un pequeño pulmón natural rodeado de pinos, y al lado hay un polígono industrial. Por ello decidí comparar la vida de mis antecesores, en el campo y que dependían de la naturaleza y el tiempo para recoger los frutos de la tierra, con la vida actual y de crecimiento industrial, recordando cómo vive la gente de mi entorno. El libro es un llamamiento a la vida mucho más sencilla. Cuando nos paramos, podemos ver y observar, porque el día a día no nos permite ver los pequeños detalles que son mucho más importantes.

¿Los deseos en épocas de crisis también cambian?

Cuando todo a nuestro alrededor cambia nos invita a mirar hacia nosotros mismos y, por lo tanto, nuestra perspectiva es diferente y los deseos entiendo que también.

En el libro dice: «Creo que cada día toman más valor las experiencias individuales y menos la infinidad de manuales existentes para poder hacer de todo y a la vez no hacer demasiado». ¿Cómo llegóa a esta conclusión?

Soy crítico con la actual moda de ser espiritual. Al final, hay tantos manuales y libros que nos dicen lo que tenemos que hacer que se quedan en la superficialidad. Para mí cuenta más la experiencia propia y el mirar hacia nosotros mismos, por lo que nos puede aportar, que muchos de estos manuales.

¿El confinamiento nos ha puesto frente a nosotros mismos en el espejo?

Aunque cada uno de nosotros podemos mirar a otro lado, para mí el confinamiento ha sido una confrontación hacia mi persona. Que me hayan obligado a estar en un lugar encerrado me ha afrontado a mi realidad y me ha hecho ser consciente de que soy una persona que está sola, así como de todas mis circunstancias personales. Es una confrontación brutal con la realidad, ya que la tecnología nos hace dispersarnos y no estar atentos a nosotros.

Pero en el confinamiento hemos estado más conectados que nunca.

Llevábamos una vida muy acelerada y en los primeros momentos del confinamiento quisimos seguir acelerando esta vida con la tecnología, porque no teníamos otras herramientas, y por eso se promovía conciertos y mil actividades online. Y no todo el mundo ha sido capaz de frenar y de mirar hacia su interior.

¿Hemos desaprovechado la oportunidad para comunicarnos de otra manera?

En muchos casos sí, la tecnología nos quita esa posibilidad de relacionarnos entre nosotros desde la parte más humana.

En el libro habla del ‘minuto y resultado’ de la pandemia, el pico, entrar en pánico… ¿Cómo ha mantenido el control?

A través de los medios de comunicación tenía la información justa para saber cómo evolucionaba la pandemia. El control lo he mantenido intentado no entrar en pánico. Además, he tenido la suerte de estar en un entorno de mucha tranquilidad. También he intentado alejarme emocionalmente de la culpa y del miedo.

¿Hemos perdido el control de nuestras vidas?, ¿Cómo ha gestionado estas emociones?

Al principio sí pero, como todo en la vida, requirió de un período de adaptación. También me di cuenta de cómo el entorno te puede ayudar o no a gestionar mejor la situación. En el libro comparo las circunstancias de las familias que se encontraron encerradas en sus pisos –pequeñas jaulas sin poder dispersarse o espirar aire puro–, con la vida de mis vecinos que podían ir al huerto, lo que les facilitaba llevar mejor el encierro. Por ello, en Mi confinado despertar me pregunto: ¿Hasta qué punto esta vida que nos han inculcado es del todo sana?

Del confinamiento dice: «Siento esta situación, a nivel personal, como el más bonito de los regalos».

Para mí lo ha sido, porque me ha permitido verme, sentirme, pararme y escucharme. En definitiva, escribir desde el confinamiento ha sido terapéutico. Llevaba una vida acelerada y el confinamiento me he frenado y parado, y escribir me ha ayudado a conocerme mejor. También ha sido un regalo porque me ha permitido conectar con mis antepasados en esta casa y descubrir la belleza de esta vida que tenía cerca y que no veía. A veces, las cosas que más nos pueden llenar están más cerca de lo que imaginamos.

Comenta en el libro que su reencuentro con la vida social tras el aislamiento tuvo como regalo la esperanza.

Cuando empezamos la desescalada, me encontré con Paca, una mujer que es humanidad pura y sencillez. Me dio esperanza en el sentido de que se preocupó por mí y me cuidó, fue muy generosa. Por ello, creo que a pesar de que la sociedad está cambiando, los humanos tenemos esta esencia y si la potenciamos habrá esperanza para seguir adelante.

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