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Latas en equilibrio y mocos

En familia. Laureano Jiménez explica los aspectos de la química cotidiana de una forma amena y fácil

Gloria Aznar

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Los niños se disponen a recoger sus vasos de colores para preparar ‘mocos’, el primero de los experimentos. FOTO: Lluís Milián

Los niños se disponen a recoger sus vasos de colores para preparar ‘mocos’, el primero de los experimentos. FOTO: Lluís Milián

Carreras de cacahuetes, latas equilibristas, mocos de vivos colores y agujas que flotan fueron algunos de los experimentos que ayer se realizaron en el Centre Cívic de Bonavista.

«La química no es obligatoriamente aburrida», defendió Laureano Jiménez, Catedrático de Enginyeria Química de la URV y divulgador científico, que impartió el taller de Ciència en família, una actividad que agotó las plazas tan rápido que se tuvieron que programar dos sesiones.

En total, 80 personas siguieron los amenos experimentos de Jiménez. 

Mocos fue el primero de ellos. ¿Qué textura tienen? ¿De qué color son? ¿Olor? ¿Sabor? A lo que le fueron contestando alegremente. «Fabricaremos mocos», informó. «¡qué asco!» fue alguna de las respuestas.

Tras lo cual, los participantes cogieron un vaso de plástico de diferentes colores y sustancias para preparar ‘sus’ mocos. «Hemos hecho química», resaltó Jiménez, «porque al mezclar dos líquidos, tenemos otra sustancia totalmente diferente: un gel».

Tras los mocos vinieron los equilibrios. «Si tenemos una lata parcialmente llena y la ponemos de lado… no se cae». «¡Ohhhh!», fue la reacción masiva. «Pero para que funcione se debe dejar la cantidad exacta de líquido».

Estos fueron los primeros deberes de la mañana, probar en casa si funciona… De lo contrario se consumirán latas y más latas.

En este momento del taller, se hizo una pausa en la que se pidió a los asistentes que vitorearan a todos los científicos, «esos que están aquí al lado pero que no han podido venir. Os oyen seguro, sólo tenéis que gritar. Gracias a su trabajo podemos conocer todas estas cosas».

Los niños no se lo pensaron dos veces y arrancaron una ovación como si pudieran oírles de verdad.

Tras este reconocimiento a los ausentes vinieron las pruebas de natación porque «si competimos entre un cacahuete, una pasa y yo, ¿quién ganará?», preguntó el científico.

Hubo respuestas para todos los gustos. Pero Jiménez argumentó quién y por qué.

Para ello cogió un tubo de laboratorio grande que llenó de agua, donde vertió cacahuetes y pasas que se fueron automáticamente hacia abajo, salvo algunos que tenían aire. ¿por qué? Porque faltaban las burbujas. Volvió a repetir la prueba pero esta vez con gaseosa y entonces los cacahuetes subieron rápidamente hacia arriba. ¿Quién ganará entonces la carrera? «Los cacahuetes» respondieron al unísono. «Por lo que yo necesitaré un bañador de cacahuetes», sentenció el científico.
Burbujas y luz
Estas burbujas que necesitaban los cacahuetes para ganar fueron las siguientes a experimentar. ¿Cuándo aparecen? Cuando hay una protuberancia. «Pues entonces, vamos a crear protuberancias», informó Jiménez.

Y llenó de bebidas gaseosas una serie de tubos de ensayo. «Parece lejía», le comentaban. «Pues no. Es tónica azul». A cada tubo le añadió un poco de sal y… «¡ohhhh!», las burbujas aparecieron de repente.   

Para mostrar que la luz se comporta como una partícula, este divulgador preparó dos vasos de plástico, uno con un poco de leche y el otro con un poco de vino. Al pasar el láser a través del vaso de vino, el láser lo atravesó. Sin embargo, al pasarlo a través de la leche, éste rebotó contra una partícula. 

Y después llegó el «más difícil todavía». Jiménez quiso emular las fuentes de Montjuïc, que el rayo de luz tuviera un color, pero no lo consiguió. Había demasiada claridad en la sala y la preparación demasiado casera. 

Otra de las propuestas fue hacer un telescopio con una galleta Tuc, «que no tenéis que comer. Sólo después de la prueba», algo que costó un poco. Eran casi las 11 de la mañana y había hambre. «Si miramos por el agujero de la galleta, es un telescopio.

Funciona porque el agujero es pequeño. Un donut no sirve», aclaró. «Y os las podéis poner en el cole para ver la pizarra si algún día se os olvidan las gafas».

Antes de finalizar todavía mandó más deberes: hacer flotar una aguja. «Se introduce muy poco a poco sobre el agua… y flota». 
La diversión estuvo asegurada con el taller de Laureano Jiménez, que acercó la ciencia de una manera amena y fácil. 

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