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Los psicólogos educativos alertan de la fragilidad emocional de la sociedad

Ponen de manifiesto un 'hiperprotección' en la educación de los hijos y una tolerancia baja a la frustración en los adolescentes

Raúl Cosano

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La fragilidad emocional es un rasgo de personalidad creciente en la sociedad actual. Foto: dt

La fragilidad emocional es un rasgo de personalidad creciente en la sociedad actual. Foto: dt

Mientras que las generaciones anteriores eran más resistentes a las adversidades de la vida («resiliencia»), la fragilidad emocional es un rasgo de personalidad creciente en la sociedad actual, algo que una educación adecuada puede prevenir, según Pilar Calvo, del Consejo General de la Psicología de España.

«La educación no es solo aprobados y suspensos, estamos hablando de algo más profundo, del desarrollo de todas las necesidades de los muchachos, de una personalidad que permita adaptarse a la realidad con competencias para ser ciudadanos proactivos y responsables», explica a esta experta con motivo de las primeras jornadas estatales de Psicología Educativa.

Según la psicóloga, existe una «hiperprotección» en la educación de los hijos en los últimos tiempos y una tolerancia baja a la frustración por parte, sobre todo, de niños y adolescentes.

Calvo, coordinadora de Psicología Educativa del consejo, precisa que no se está facilitando a las personas la autonomía suficiente para desarrollar y poner en práctica competencias emocionales y de conducta.

Por otro lado, nos encontramos en un mundo donde necesitamos respuestas rápidas para todo y por todo, especialmente en el caso de niños y adolescentes: «Tengo que tener lo que deseo ya, inmediatamente». Sin embargo, «aprender a esperar es importante», aconseja.

También llama la atención sobre la adicción a las nuevas tecnologías, una «hiperconectividad» que repercute en los hábitos sociales y personales de muchos adolescentes, en sus niveles de atención y concentración.

Otro elemento es el de las familias perjudicadas por la crisis económica, lo que ha repercutido en la salud mental de los padres y esto, a su vez, en la educación de los hijos. Las normas de comportamiento se relajan o, a veces, simplemente no existen por las circunstancias del hogar.

«Digamos que estamos en el siglo en el que más se habla de inteligencia emocional y, sin embargo, estamos viendo la fragilidad emocional tanto de adolescentes y jóvenes como de muchos adultos», enfatiza Calvo.

Y todo esto influye, claro, en el aprendizaje y el rendimiento académicos, pues el fracaso escolar no se debe a un déficit intelectual o de estudio siempre, sino que es fruto de «una problemática emocional, social, conductual» en ocasiones.

Un factor determinante del aprendizaje es la motivación, basada e emociones positivas, lo que nos permite poner los medios y la energía para conseguirlo. Depende de que uno tenga metas, sienta que es capaz de alcanzarlas y esté educado en el esfuerzo, lo que favorecerá la adquisición y retención de conocimientos.

Por el contrario, un nivel muy elevado de ansiedad supone que la capacidad de atención y de memoria disminuyen al darse una alteración en la zona del lóbulo frontal del cerebro.

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