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Sean Penn hace pornografía de la guerra

Quizá con el tiempo el director estadounidense lamente haber hecho ´The Last Face´, la película protagonizada por Javier Bardem y Charlize Theron, una mirada eminentemente blanca y de clases sobre África

Violant

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El elenco de ´The Last Face´ junto a su director, Sean Penn, ayer en el Festival de Cine de Cannes. Foto: nogier/efe

El elenco de ´The Last Face´ junto a su director, Sean Penn, ayer en el Festival de Cine de Cannes. Foto: nogier/efe

Violeta Kovacsics. La Crónica.

No sabemos qué llevó a Sean Penn a realizar su controvertida entrevista al Chapo Guzmán. Sí sabemos que luego se arrepintió. Quizá con el tiempo, Penn también lamente haber hecho The Last Face, la película protagonizada por Javier Bardem y Charlize Theron que ayer presentó en Cannes.

En un momento de The Last Face, los dos médicos protagonistas realizan una cesárea en medio del bosque de Liberia, donde tiene lugar una guerra civil. La escena termina con los doctores sosteniendo al bebé, mirándose, con una sonrisa de padres primerizos. El problema es que el niño no es suyo, sino de una mujer negra que yace en el suelo, desangrada y convenientemente desenfocada para otorgar protagonismo a los dos médicos blancos.

En The Last Face, el conflicto africano se presenta como un mero accesorio. Por mucho que ella sea sudafricana y él «un huérfano de la España de la Transición» –como si esto paliara lo occidental del discurso–, la mirada que se desprende de la película es eminentemente blanca y de clase.

En ningún momento se plantea la posibilidad de dar voz al otro. Aquí, los refugiados se presentan como una masa, no son individuos sino un concepto, en un ejercicio profundamente mezquino. The Last Face es la vuelta de tuerca definitiva a la explotación, un modo perverso de colonialismo.

«La vida es extraordinaria», dice la protagonista en el punto álgido del romance que mantiene con su compañero. Cabría recordarle que se encuentra en un campo de refugiados, que convive con un dolor que Sean Penn muestra sin pudor alguno.

La moral y el humanismo desaparecen a cada instante que el cineasta posa su cámara sobre las heridas y las vísceras de las víctimas. Penn ha hecho pornografía de la guerra, colocada aquí como violento contexto para la histérica historia de amor entre los personajes interpretados por Bardem y Theron.

La película de Penn fue recibida entre aplausos y abucheos por una prensa que, unas horas antes, reprendió ostentosamente a Nicolas Winding Refn. No hay nada más peligroso que ser atractiva, parece decir Refn en Neon Demon, un alarde visual con moraleja en torno al mundo de la moda.

En el fondo, resulta lógico que un esteta como Refn haya realizado una película que, bajo sus imágenes epatantes, esconde un relato deshilachado sobre la belleza.

Competitividad femenina

Hoy llega Paul Verhoeven a la alfombra roja de Cannes y, sin embargo, su presencia ya ha asomado en Neon Demon, en la que hay pistas de la competitividad femenina de Showgirls y de las maneras, propias del neonoir, de Instinto básico.

Refn empuja algunas señas del género: en Neon Demon no hay una femme fatale, sino tres. Sin embargo, si en el cine de Verhoeven y de De Palma el delirio sirve para vehicular una narrativa, en el filme de Refn ésta desaparece por completo. El director danés se apoya en una retahíla de imágenes simbólicas, vistosas y excesivas; no sabe, como evidenció Verhoeven en Showgirls, que la depravación puede resumirse en un simple empujoncito.

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