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En busca de la resurrección

Crónica (PP). Cayetana rescata en Salou el argumentario más contundente de su partido y Alejandro hace autocrítica: han sido demasiado «blandos»

Xavier Fernández

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Cayetana Álvarez de Toledo muestra una Constitución en el mitin de ayer en el Nàutic de Salou ante más de 200 personas. FOTO: Fabián Acidres

Cayetana Álvarez de Toledo muestra una Constitución en el mitin de ayer en el Nàutic de Salou ante más de 200 personas. FOTO: Fabián Acidres

No pudo elegir mejor fecha el PP para su mitin en Salou, con su candidata estrella por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, como gran protagonista. El Domingo de Resurrección es toda una alegoría del PP: un partido que necesita resurgir de las cenizas, resucitar las viejas glorias de las victorias electorales. Y para recuperarse, Cayetana; el presidente del PP catalán, el tarraconense Alejandro Fernández; y el candidato de la demarcación, Jordi Roca, recurrieron al argumentario más contundente del partido contra el «nacionalismo supremacista».

Cayetana llegó con 15 minutos de adelanto al mitin del Club Nàutic de la capital de la Costa Daurada. Uno de los organizadores le pidió que hiciese «un poco de tiempo» hasta la aparición de Fernández. Cayetana y su comitiva se pasearon junto al Nàutic. Primeras fotos con los ciudadanos. En la playa ondeaba la bandera amarilla de precaución para el baño. «¿La han puesto expresamente?», bromeó un hombre. Un poco de humor no viene mal.

El turismo de Salou

Minutos después comenzó el mitin. El anfitrión fue el concejal del PP en Salou Mario García. Mario desgranó las consabidas críticas al independentismo, sacó pecho de que Cayetana y Alejandro no se amedrentasen ante el vergonzoso escrache que sufrieron en la Universitat de Barcelona y aseguró que el Procés ha provocado que el turismo nacional se desvíe de Salou a, por ejemplo, Peñíscola. Deducción: el Procés ha favorecido a Peñíscola porque no habría recibido esos turistas si Catalunya viviese una situación normal.

Tras García, el turno fue para Jordi Roca. El aspirante popular por Tarragona repitió la palabra «concordia», pero fue muy duro contra el nacionalismo, al que calificó de «avería moral», y en absoluto demostró esa «concordia». 

«Los nacionalistas aman a sus hijos, adoran a sus mascotas, son solidarios...», empezó Roca sorprendiendo a su auditorio (¿alguien del PP alabando al nacionalismo?), para tranquilizar a los suyos asegurando que «el nacionalismo consigue que personas normales se conviertan en supremacistas, hagan cosas perversas, juzguen a las personas por sus apellidos, se avergüencen de sus familias y vean con normalidad que se señale a niños en los colegios por el simple hecho de ser españoles».

Roca llegó a defender que se celebrase una «Causa General contra la hispanofobia si los independentistas siguen tan pesados». «Causa General», un término que retrotrae a un infausto pasado. Roca concluyó su discurso con un «¡Viva la Constitución!», «¡Viva España!» y «¡Visca Catalunya lliure (segundos de desconcierto)... de nacionalisme!».

El salón del Club Nàutic se desbordó. Se habían colocado apenas medio centenar de sillas, pero la asistencia superó las 200 personas. El calor provocó que una mujer de avanzada edad sufriese una lipotimia durante la intervención de Cayetana. La mujer se recuperó poco después.

Alejandro fue el tercero en intervenir. Con su verbo contundente y ágil, no decepcionó a sus fieles. Reconoció que el PP ha cometido errores que le han costado votos. ¿Se refería a los supuestos casos de corrupción? ¿A la condena de la Audiencia Nacional contra el PP por «partícipe a título lucrativo» de la trama Gürtel? ¿Incluso a la guerra de Irak? ¿O a aquel aznariano «ha sido ETA»?  No. Aludía a que su partido se había mostrado demasiado blando con los nacionalismos

Alejandro aseguró que «los nacionalistas, lejos de ser maltratados y humillados como repiten de forma cínica, han sido mimados desde las elites madrileñas como niños malcriados y luego se han rebelado como eso, como unos niños malcriados». 

El «sex appeal» nacionalista

El presidente del PP desveló una teoría ‘alejandriana’: que el nacionalismo tiene mucho sex appeal en Madrid. «Durante 30 años ha habido en Madrid un fervoroso deseo de ser engañado por el nacionalismo», siguió, antes de lamentar que «los catalanes no nacionalistas no tenemos ese sex appeal». Esa mezcla de política, psicología y autoconmiseración le llevó a recordar que los militantes y simpatizantes del PP se han sentido «abandonados» durante décadas, pero que «esto no volverá a pasar nunca más». ¿Por qué? Porque ahora manda Pablo Casado en el PP. Le faltó decir «y no el blandengue de Mariano Rajoy».

Casado manda en el PP. ¿Pero mandará en el Gobierno? Aquí Alejandro apeló al repetido mensaje de su partido: que hay que concentrar el voto en el PP y cargó contra Ciudadanos y Vox. «De los tres partidos de centro-derecha solo el PP tiene posibilidades reales de ganar», aseguró. ¿Vox centro-derecha? ¿De verdad?
A Ciudadanos le reprochó que todos sus líderes «se han ido a Madrid (en alusión a Albert Rivera e Inés Arrimadas, entre otros). En Catalunya no les queda ni el apuntador». Y de Vox dijo: «Qué se puede esperar de alguien que, en lugar de unir, insulta y llama cobarde al PP, el partido de Miguel Ángel Blanco» (en referencia al concejal popular de Ermua secuestrado y asesinado por ETA en julio de 1997). 
Alejandro recordó la bromita que habrá escuchado mil veces:  que los diputados del PP en el Parlament caben en un taxi ya que son cuatro. El propio Alejandro se quedó fuera de la Cámara catalana la noche de los comicios del 21 de diciembre de 2017, convocados en virtud del 155, pero el voto de los tarraconenses en el extranjero le resucitó luego.

Tras Mario García, Jordi Roca y Alejandro Fernández, habló la estrella del mitin: Cayetana. Lejos de la agresividad verbal y gestual que ha mostrado en los debates televisivos, apenas elevó la voz y mantuvo un tono monocorde, sereno, pero fue muy dura. Mano de hierro en guante de seda. 

Sus argumentos: los repetidos hasta la saciedad en su campaña. Que todos los votantes independentistas deberían reflexionar sobre por qué no solo no quieren vivir con otros españoles y otros catalanes, sino que consideran «botiflers» y «catalanes de segunda» a quienes no piensan como ellos. «Eso es xenofobia», concluyó. Que tomen nota los 218.550 tarraconenses que en los mencionados comicios al Parlament votaron a ERC, Junts per Catalunya y la CUP: son «xenófobos».

Pedro Sánchez, el «anticatalán»

Cayetana repartió estopa al independentismo, pero sobre todo al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, del que dijo que «nunca ha habido un presidente más anticatalán» ya que fue investido «por las personas que más daño han hecho a los catalanes». Porque «reforzar el sistema que nos ha llevado hasta aquí, el del adoctrinamiento de los alumnos y en los medios de comunicación, todo esto es anticatalanismo». Y porque «abandonar a los constitucionalistas en Catalunya es la peor forma de anticatalanismo».

La candidata del PP por Barcelona añadió uno más a los insultos que el PP ha dedicado a Sánchez. Casado le calificó de «felón, traidor, incompetente, mediocre, okupa, desleal y mentiroso compulsivo». Cayetana añadió el de «ladrón» porque «Sánchez y sus socios os roban» (a los catalanes) la Alhambra, el barrio de Triana de Sevilla, el Museo del Prado, el monasterio de Yuste, Madrid, el Tajo, el Guadalquivir...
La líder popular no olvidó aquello de que «Sánchez indultará a los golpistas». En un reciente debate, recordó que el PSOE ya había indultado en 1988 a otro golpista, el general Armada, uno de los dirigentes del 23-F. Pero Cayetana obvió que el entonces líder de AP (luego el PP), Manuel Fraga, apoyó el indulto. Y que, en 1988, José María Aznar indultó al exministro socialista José Barrionuevo y al exsecretario de Estado de Interior Rafael Vera.

Barrionuevo y Vera sólo pasaron en prisión dos meses y medio de los diez años a los que habían sido sentenciados por su vinculación al GAL. En suma, el PP apoyó el indulto de un golpista e indultó a dos personas condenadas por la guerra sucia. Así es la Historia.

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