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Pere Godoy: «Aún estamos a tiempo de extinguir la pandemia»

Dilema. Este ilerdense, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, ve preciso un debate global sobre mitigar o erradicar por completo y pide elevar el estándar de calidad de las residencias de ancianos

Raúl Cosano

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El doctor Pere Godoy (Lleida, 1956) es experto en vacunas.  Foto: SEE

El doctor Pere Godoy (Lleida, 1956) es experto en vacunas. Foto: SEE

¿En qué situación estamos?

Es preocupante todavía. Ha subido mucho la transmisión, aún no se ha llegado al máximo pero podemos llegar en los próximos días. Cuando se llegue a ese punto, los ingresos hospitalarios y en las UCI aún continuarán aumentando unos días más. Desde que te infectas hasta que se agravan los síntomas pueden pasar 10 o 12 días, así que habrá que esperar para ver cómo bajan las hospitalizaciones.

Sanidad habla de estabilización de la pandemia.

Se puede insinuar si se comprueba que no aumenta la transmisión, pero aún queda, lo que pasa es que todos estamos ansiosos de que lleguen buenas noticias.

¿Funcionará el confinamiento?

Con toda seguridad. Tendrá resultados, lo que ocurre es que el impacto puede ser a dos o tres semanas, porque el periodo de incubación de la enfermedad es de 14 días. Así que hacen falta semanas para ver un descenso. El efecto positivo estará, otra cosa es hasta qué punto.

¿Hacen falta todavía más medidas de contención?

Más de lo que se ha parado ya no se puede asumir en una sociedad europea occidental. La incógnita es saber cuánto tiempo a va a ser necesario. Es probable que el estado de alarma se alargue alguna semana más. La otra duda es saber cuánto puede aguantar el sistema socioeconómico así.

¿Era imaginable una progresión así de la COVID-19?

Es una enfermedad difícil de conocer con precisión porque da casos con poca traducción clínica, que no contactan ni siquiera con el sistema sanitario. Conocer el alcance real no es fácil. En febrero se conocían casos, pero ese conocimiento era insuficiente, quizás porque las cadenas de transmisión son silenciosas.

¿Se ha actuado tarde?

Es muy complicado de decir. Desde la ciencia no hay una evidencia sólida en decir que se tendría que haber actuado tres días antes o después. Era complicado saber cuál era el nivel de transmisión. Si aplicas las medidas antes de hora la población puede pensar que estás matando moscas a cañonazos. Ahora vemos que quizás una semana antes habría sido mejor. Pero hay que ser humildes.

Pero teníamos los ejemplos de otros países.

Lo de Italia estaba cerca. Se podía haber pensado en que algo podía ocurrir. Pero ha sido todo muy rápido, a una velocidad astronómica.

¿Estamos a tiempo de parar la pandemia o solo de mitigarla?

Se necesita una discusión internacional sobre eso, porque es el gran tema mundial, para un acuerdo sobre si ir a por su extinción. Eso es muy difícil. Obliga a mantener medidas así mucho tiempo, y tiene que ser algo internacional, no solo de un país. Si se hace de forma coordinada, se puede lograr, pero tiene un coste económico muy importante.

¿Y la otra opción?

El otro escenario es conformarnos con reducir la transmisión a un nivel en que el sistema sanitario sea capaz de controlar los casos que llegan al hospital y puedan recibir el tratamiento adecuado, lo que supone poner en marcha lentamente la economía y ganar tiempo. Es lo que estamos haciendo ahora.

¿Se puede ser optimista con la vacuna?

Hay que ser optimistas pero prudentes. Es un virus nuevo pero vemos que no da inmunidad para toda la vida. Una vacuna tiene que tener en cuenta esas características. En todo caso, la vacuna será un antes y un después, va a ser muy beneficiosa, incluso aunque los efectos sean limitados. En un año y medio podría estar.

¿Dónde va a estar el punto crítico en los próximos días para que la situación mejore?

Las medidas ya están tomadas. Hay que poner mucha atención en las residencias de ancianos y los sociosanitarios, sobre todo porque ahí están las personas que enferman grave y que luego tienen que ir a la UCI. Si queremos minimizar el impacto sobre los ingresos y también sobre la transmisión, hay que vigilar esos equipamientos, que ponen en marcha cadenas de transmisión. Ahora mismo es una prioridad vigilar esos centros estrictamente.

Hay científicos que dicen que los que trabajaban con virus ya sabían que una epidemia así podía tener lugar.

Es muy atrevido decir que se sabía que algo así iba a pasar. Ha sido una cosa inesperada. A lo largo de la historia de nuestra especie ha pasado más veces, pero no se puede decir que algo de esta dimensión iba a pasar. Es muy difícil saber que algo local podría convertirse en una pandemia.

Pero dicen que hay factores que influyen: el contacto con animales, la globalización...

Es un factor determinante. Si hubiera pasado en un momento de nuestra historia sin aviones y con la velocidad de transporte de la edad media, se habría quedado en Asia. Eso es cierto. Un mundo tan global y tan intercomunicado tiene muchas ventajas pero también facilita la transmisión de cualquier bacteria.

Desde el punto de vista de la salud pública, ¿qué lección podemos extraer de esta crisis?

Hay que sacar la lección de que se necesitan servicios de salud pública y sanitarios bien estructurados y profesionalizados, que sepan responder a cosas imprevistas como esta, y que estén más preparados como las residencias de ancianos. Hay que pensar en tener buenos equipos de salud pública y cuando pase todo esto nos tenemos que acordar de ellos.

¿Por ejemplo?

Hay que tener centros de la tercera edad con unos estándares de calidad muy altos. Es claramente mejorable, todo el conjunto de la red lo es, sin menospreciar el esfuerzo que están haciendo y que siempre han hecho tanto la pública y como la privada, pero hay cosas que se pueden mejorar.

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