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Unfollow a Trump

El 'Muslim Ban', el decreto que impide la entrada a los EEUU de inmigrantes procedentes de países musulmanes, acaba con el tímido intento de acercamiento de Silicon Valley al nuevo presidente

Rafael Servent

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Unfollow a Trump

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A mediados del pasado mes de diciembre, el entonces nuevo y flamante presidente electo de los EEUU, Donald Trump, recibía en su Torre Trump de Nueva York a la flor y nata de las empresas de Silicon Valley. Las muecas forzadas y las caras de circunstancias de Larry Page (CEO de Alphabet, matriz de Google), Jeff Bezos (CEO de Amazon), Satya Nadella (CEO de Microsoft), Tim Cook (CEO de Apple) o Sheryl Sandberg (COO y número dos de Facebook) eran un poema.

A su derecha, Trump tenía sentado a su futuro vicepresidente, Mike Pence. A su izquierda no estaba Apple, ni Microsoft, ni Google, ni Amazon ni Facebook: bien cerquita de Trump posaba para la prensa, risueño, Peter Thiel, cofundador de PayPal. Al fondo, Elon Musk, el otro cofundador de PayPal e impulsor ahora de Tesla, Solar City o SpaceX, se lo miraba desde el rincón de pensar.

Peter Thiel era el único en aquella sala que había apostado por Trump en la campaña electoral. Poco más de un millón de dólares de donación le habían puesto por delante de todo el resto, que se gastaron un buen pellizco en financiar... a Bernie Sanders. Tras la nominación de Hillary Clinton, metieron otro buen puñado de dólares en la candidata demócrata. Y ahí estaban, en Nueva York, al otro lado de los EEUU (física e ideológicamente), viendo sonreír a Peter Thiel a la vera de Trump.

Desde entonces, las relaciones entre (casi todo) Silicon Valley y Donald Trump no sólo no han mejorado, sino que están peor que nunca. Cualquier atisbo de entendimiento se colgó con el Muslim Ban, el nombre con el que se ha popularizado la medida migratoria promulgada por el presidente Trump prohibiendo la entrada a los EEUU de cualquier ciudadano de Irak, Irán, Sudán, Somalia, Siria, Yemen o Libia, aunque cuenten con permiso de residencia o visado en curso.

Zuckerberg salta en su muro

El primero en saltar fue Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, con un mensaje en su muro en el que rechazaba de plano esa medida, reivindicándose como nieto de inmigrantes europeos. Tras él vinieron los pronunciamientos públicos en las redes sociales de los fundadores de Google, Netflix o Airbnb. El Unfollow a Trump cogió velocidad en la comunidad empresarial de Silicon Valley, donde no hay organización que no tenga una pequeña ONU en su plantilla.

Y provocó una pequeña guerra civil. Sucedió el pasado fin de semana y se ha alargado hasta este mismo viernes. El sábado, la asociación de taxistas de Nueva York (la New York Taxi Workers Alliance) decidió apoyar las convocatorias de protesta que se estaban llevando a cabo por todos los aeropuertos estadounidenses en contra del Muslim Ban, manteniendo una hora de paro (entre las seis y las siete de la tarde) en el aeropuerto internacional JFK de Nueva York.

En paralelo, Uber (la aplicación que proporciona a sus usuarios servicios de transporte privado con chofer, y que hace la competencia al taxi) lanzó un tuit anunciando que aplicaba descuentos para todos aquellos usuarios que utilizaran su servicio en el aeropuerto internacional JFK de Nueva York.

Las reacciones de rechazo a ese tuit –que muchos usuarios asociaron a un mensaje de apoyo al Muslim Ban promulgado por Donald Trump– no se hicieron esperar. En pocas horas, el incendio estaba desbocado y el hashtag #DeleteUber (instando a borrar la aplicación de los teléfonos móviles) hacía furor.

El gran beneficiado en esta reacción de boicot fue Lyft, otra aplicación de servicios privados de transporte muy similar a Uber y nacida también en San Francisco, que encima se había posicionado clarísimamente en contra del Muslim Ban, haciendo público un comunicado de rechazo junto a la donación de un millón de euros a la American Civil Liberties Union, una asociación estadounidense en defensa de los derechos civiles que combate en los tribunales el decreto migratorio de Donald Trump.

Unfollow y Block

Ni una semana ha podido resistir a la presión el cofundador y consejero delegado de Uber, Travis Kalanick. El viernes, Kalanick emitió un comunicado en el que anunciaba que dejaba de asesorar al presidente Donald Trump. «Hoy he hablado con el Presidente –arrancaba su comunicado– sobre el decreto migratorio y los problemas que genera en nuestra comunidad. Le he hecho saber que no puedo participar en su consejo económico. Unirme a ese grupo no significa que apoye al Presidente y sus intereses pero por desgracia se ha interpretado así».

Unfollow... y Block. De la reunión a la que comparecieron a mediados de diciembre los líderes de algunas de las empresas más innovadoras de los EEUU, apenas un puñado de ellos siguen hoy formando parte del consejo asesor tecnológico del presidente Trump. Facebook, Apple, Microsoft o Amazon se han querido borrar de ahí.

Resiste con Ginni Rometty IBM (que no es precisamente una startup recién llegada a la Revolución Digital), y resiste Elon Musk (el fundador de Tesla y SpaceX), que va por libre y sigue empeñado en colonizar Marte, convencido de que es mejor estar cerca para influir que enfrentarse para nada. Y claro: también el risueño Peter Thiel, con el millón de dólares mejor invertido de sus últimos años.

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