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Bartolozzi

M.Victòria Bertran

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Una de las mejores descripciones de lo que significa ser alcalde en un pueblo pequeño, pero que muy pequeño, la he encontrado en un libro de pintura. El testimonio de cómo llegó en 1991 a la alcaldía de Vespella de Gaià el artista Rafael Bartolozzi (Pamplona, 1943-Tarragona 2009) es de lo más felizmente sorprendente, divertido, tierno y sincero que he leído en los últimos tiempos. El relato de esa experiencia –«un esdevé alcalde no per ganes de triomfar sinó senzillament, fondament, per ser-ho juntament amb els altres»– junto a reflexiones sobre el proceso de la creación artística que revelan también una gran generosidad y honestidad –«el gran drama és que la imaginació està molt per sobre del que després pots fer»– están recogidas en el libro Bartolozzi a Margodí de Baltasar Porcel, editado por la Diputació y el Museu d’Art Modern.

Este espacio muestra, hasta el 21 de febrero, Bartolozzi 1943-2009, una cincuentena de obras que son una explosión de vitalidad y rotundo erotismo de quien está considerado una figura clave del pop español, pero no solo esto. Señala la comisaria Raquel Medina en el catálogo de la exposición que el entorno rural de Vespella le hizo ir sustituyendo la figuración por una interpretación de la naturaleza que incorporó abstracción, fabulación y simbolismo. Esto último se ve bien en su Alfa i Omega de la playa de Torredembarra.

En Bartolozzi, pues, el círculo erotismo-naturaleza-vida, antes que cerrarse se revela infinito. En cuanto a la muerte, no puede más que incardinarse en la vida. Como al parecer decía él mismo en una frase con ecos de Salvat-Papasseit: «La naturaleza es tan viva que crea la muerte para su continuidad». No pierdan la oportunidad de sumergirse en su universo.

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