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Catalunya: Estructures d'Estat

No es sencillo poner en marcha embajadas y no meros centros de propaganda
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En cierta ocasión, el Conseller d’Empresa de la Generalitat de Catalunya, Felip Puig, declaraba en Barcelona: «Catalunya se define como nación, que de forma pacífica pide nuevos recursos y nuevas estructuras de Estado para mejorar su gestión». Ahora el ambivalente líder de Unió Democrática de Catalunya (UDC), Josep Antoni Duran Lleida, en Madrid se ha ido por el camino contrario. Pero volvamos a la cita del Conseller Felip Puig. La cita, en mi opinión, merece reflexión sosegada y profunda y, dada la amplitud y generalidad de su ámbito, mi reflexión voy a limitarla únicamente a la estructura de Estado correspondiente al servicio exterior, es decir al diplomático.

Y ante todo debo señalar que aunque los jóvenes catalanes, terminados sus estudios universitarios, se dirigen en pocas ocasiones hacia la función pública, la diplomacia constituye una excepción. He conocido y tratado, a lo largo de mi vida profesional, a muchos catalanes, excelentes diplomáticos, esforzados y rigurosos en el cumplimiento puntual de su compleja tarea diaria. Actualmente existen en el cuerpo diplomático español buen número de catalanes que, como diría el ex President Jordi Pujol, no solo trabajan para España sino que engrandecen a Catalunya desde fuera.

Y dicho lo anterior vayamos a la reflexión que anunciaba al principio. Dotarse de estructuras de Estado en Catalunya es muy fácil y cautivador decirlo, pero hacerlo, como se diría en términos castizos, ya es harina de otro costal.

En efecto, dejando de lado las ‘embajadas catalanas’, poner en marcha un servicio exterior a la altura de las circunstancias y con adecuada competencia, no meros centros propagandísticos, no es tarea sencilla. Se precisan cuantiosos medios, tanto humanos como materiales y, hoy por hoy, en el mundo con la globalización por delante, las cosas no van por estos senderos.

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