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Chiringuitos de Cambrils: SOS

El Ayuntamiento ha decidido dar un vuelco a la situación actual de los suyos cuando muchos no son bares de poca categoría sino auténticos restauradores a pie de playa
 

ÁNGEL CAMACHO

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El chiringuito es una instalación playera en al que se sirven refrigerios e incluso comidas a rodos los públicos. Con una licencia municipal. Así que con «la iglesia (Ayuntamiento) hemos topado, amigo lector». ¿Por qué? Porque el de Cambrils se ha decidido a dar un vuelco a la situación actual de los chiringuitos de su demarcación, muchos de los cuales no son unos bares de poca categoría, sino auténticos restauradores a pie de playa.

La vigente Ley de Costas tiene un carácter amplio para las concesiones, que luego delega en las autonomías y éstas, en los ayuntamientos. El Plan de Usos se concertaba, hasta  ahora, entre el municipio y los chiringuitos, con pactos que llevaban a la gestión catalana de las costas y al final el Estado daba su VºBº.

En el Ayuntamiento de Cambrils parece ser que alguien ha tenido la infeliz ocurrencia de poner todo patas arriba. Lo que antes se pactaba para cuatro años, de dos en dos, hoy es para uno solo, y con subasta.  Este Plan de Usos, viene rigiendo entre 2017/2021, pero el Ayuntamiento cambrilense, con vistas a la próxima Ley catalana (que no se cree que entre en vigor al menos hasta el 2024) lo quiere transformar en otro modelo.

Lo que la Ley de Costas daba para cuatro años, incluso ocho, se quiere que quede limitado a cuatro años. En ese proyecto se ordenará la destrucción de todos los chiringuitos y su conversión en nuevas instalaciones. Con un coste aproximado de entre 140 y 160.000 euros cada una, ¡a su cargo!... Además, la ordenación de todos los servicios de luz, agua, gas, etc. con nuevas conducciones y nuevas conexiones. Lo que, de forma aproximada, supondría a cada chiringuito un coste adicional de otros 60 a 70.000 euros. También a su cargo.

Es un proyecto inviable, económica y turísticamente: supondría la ruina de este sector que presta un indudable servicio, con miles de clientes diarios. La Asociación ha enviado alegaciones al Ayuntamiento de Cambrils, que aún no han sido respondidas. Al parecer, tampoco se les ha permitido ver el proyecto, ni cómo serían las subastas, ni en qué condiciones. Debe ser una norma nueva de «secretos municipales». El proyecto podría limitar a 13 mesas y 62 clientes como máxima ocupación. Ello es ruinoso, en plena pandemia, con bajada importante de los ingresos.

Si no se quiere ir a un juicio contencioso-administrativo, el Ayuntamiento de Cambrils debe reflexionar y escuchar a la patronal de hostelería de Tarragona y a la Federació d’Empresaris de Cambrils (Fecam) ya que todo es razonable, discutible y mejorable. Es tan sabio mudar de opinión como de calcetines.

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