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Corrupción sin casta

El escándalo de Juan Carlos Monedero es un pésimo augurio de lo que podría ocurrir
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Podemos está demostrando de manera prematura que la corrupción no es patrimonio exclusivo de la casta como algunos de sus líderes aseguran. La casta, como se está apodando a la clase política tradicional, efectivamente da una imagen penosa con sus Gürtel y sus Púnicas. Hoy los españoles vivimos sin dar crédito a lo que vemos y escuchamos sobre la pérdida del sentido ético, o tal vez mejor, de la falta de honradez, de una parte no mayoritaria pero sí numerosa, de nuestros gobernantes y representantes.

Pero, y eso si cabe es aún más triste, también entre las nuevas generaciones de políticos encuadrados en Podemos, un éxito de nombre inspirado en el eslogan que llevó a Obama a la Casa Blanca, hay líderes que apuntan maneras en el arte de las corruptelas. El escándalo que protagoniza estos días el tercero de abordo, Juan Carlos Monedero, es un pésimo augurio de lo que podría ocurrir cuando llegue a tener poder. Temprano empezamos, señor Monedero, escuché que alguien que se proponía votarle, le decía en la radio.

Para empezar, prueba, sin duda, la estrecha relación de Podemos con el desprestigiado y catastrófico régimen venezolano. Monedero cobró cantidades sustanciosas de la casta procastrista de aquel país, justificadas en asesoramientos técnicos dudosos. Dudosos si fueron tenidos en cuenta por los gobernantes que encabeza Nicolás Maduro a la vista de los resultados que va cosechando su política.

Monedero -cuyo apellido facilita chistes fáciles a los viñetistas- tratándose de corrupción, presuntamente -no estoy para meterme en querellas-, cobró cantidades sustanciales de dinero escabulléndose de las obligaciones tributarias y de las que tiene contraídas con la Universidad pública de la que es profesor. Mal podrá a partir de ahora reclamar rigor fiscal o aumentarles los impuestos -algo que suscribo- a los que tienen ingresos más elevados cuando él es el primero en escaquearlos.

Pero además, también está haciendo trampas, no en el solitario de su vida personal sino en su proyección pública, haciendo comulgar con ruedas de molino a quienes le siguen con esperanzas puestas en el futuro. Su currículo lo ha falseado lo cual tampoco es una iniciativa ni para elogiar ni para confiar. En Estados Unidos, donde el ejercicio de la política es bastante serio, siempre se dice que hay tres cosas que a diferencia del resto de los ciudadanos los políticos no pueden hacer: robar, defraudar y mentir.

El escándalo de corruptelas en adjudicaciones municipales que en paralelo protagoniza la compañera de Pablo Iglesias, Tania Sánchez, aunque milite en otro partido, tampoco contribuye a que Podamos consiga afianzar esa imagen de inocencia ante la tentación del dinero público que la casta tradicional tanto nos venía haciendo añorar.

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